Más de cuatro décadas desde la erradicación de la viruela

erradicación de la viruela

Viruela del mono / OMS

En España la vacuna se suprimió en 1980, un año después de que la OMS certificara la erradicación de la viruela

Los recientes casos de viruela del mono repartidos por el mundo han vuelto a despertar el interés por esta enfermedad. Y es que, aunque la erradicación de la viruela se certificó en 1979, estos nuevos contagios han vuelto a poner esta enfermedad en el punto de mira.

Una vacuna con sello español

Las primeras investigaciones sobre la viruela se remontan al siglo XVIII. Durante un viaje por Turquía, la escritora británica Lady Montagu descubrió que las mujeres que ordeñaban vacas en las zonas rurales no se contagiaban de los animales infectados. Al contrario: se volvían inmunes.

Montagu fue la primera en impregnar agujas con la pus de los animales infectados e inocular el virus a las personas de su entorno, incluido su hijo. La práctica no tuvo aceptación entre los médicos británicos, que rechazaron este método. Solo un médico, Edward Jenner, decidió continuar la línea de actuación que había abierto Montagu. Jenner, también británico, constató lo que la escritora ya había advertido: el virus leve de algunas vacas, al transmitirse a las personas, les causaba cierto malestar pero nunca síntomas graves de la enfermedad. En lugar de desarrollar los síntomas, acababan desarrollando resistencia frente al virus.

El cirujano español Javier de Balmis tuvo conocimiento de estos descubrimientos. Con el respaldo del rey Carlos IV organizó una expedición filantrópica que partió de La Coruña en 1803 para llevar la vacuna de la viruela a Centroamérica. El sistema de transporte tuvo que adaptarse a los recursos de la época: la vacuna se ‘transportó’ en 22 niños huérfanos.

Un primer niño contaminado sirvió para extraer el ‘fluido vacunal’ que se extraía de sus pústulas para inoculárselo a otro niño. A los 10 días, cuando al nuevo enfermo le aparecían heridas cutáneas, se realizaba otra extracción y otra inoculación. La vacuna logró cruzar el Atlántico y expandirse por gran parte de Centroamérica gracias a este sistema de conservación en cadena.

Se estima que alrededor de 500.000 personas fueron inoculadas por la Expedición Balmis y que se salvaron millones de vidas gracias a esta vacuna. Con todo, no se pudo impedir que la viruela acabara con la vida de unos 300 millones de personas en todo el mundo a lo largo del siglo XX.

La expansión de las vacunas propició la erradicación de la viruela en 1979, un año después de que desapareciera la enfermedad. En España, la vacuna de la viruela dejó de inocularse en 1980. Los últimos estudios científicos parece confirmar que, quienes en su momento recibieron esta vacuna, todavía seguirían conservando cierto nivel de inmunidad frente a los nuevos brotes que han empezado a aparecer en diferentes regiones del planeta, identificados como viruela del mono.

 

 

El Ilustrador

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