La cercanía física no desnaturaliza los requisitos de la agresión sexual

 requisitos de la agresión sexualLa obtención de vídeos sexuales bajo intimidación en las redes sociales está dentro de los requisitos de la agresión sexuales

El Tribunal Supremo ha sentado un precedente con la condena a 2 años y 9 meses a 5 años y 4 meses a un hombre que intimidó a una menor a través de las redes sociales. El condenado le exigió a su víctima que le enviase fotografías y vídeos de ella con contenido sexual, amenazándola con que, si no lo hacía, publicaría los archivos ya le había enviado en Tuenti. En base a esta sentencia queda constatado que la cercanía entre victimario y víctima no desnaturaliza los requisitos de la agresión sexual.

El escenario de las redes sociales tiene un impacto incluso más nocivo y duradero

El alto tribunal se reafirma en que los requisitos de la agresión sexual no exigen que el agresor realice los actos directa o físicamente sobre la victima. De hecho, considera que las agresiones sexuales a través de las redes sociales pueden llegar a tener un impacto incluso más nocivo y duradero que otras formas de agresión.

En este caso, el condenado se había registrado en Tuenti con una identidad falsa de mujer y había contactado con una menor de 12 años, a quien no conocía. La víctima fue obligada a hacerse fotos y grabarse vídeos de contenido sexual y enviárselos, bajo la amenaza de denunciar a su familia y de difundir las grabaciones que tenía de ella a sus contactos en esa red social.

La Audiencia Provincial de Valencia le condenó por delito de corrupción de menores y le absolvió del delito de agresión sexual. La fiscalía presentó recurso de casación ante el Tribunal Supremo por la absolución del delito de agresión sexual y ahora el alto tribunal ha estimado el recurso del Ministerio Público.

La Sala ha subrayado en su sentencia que “Este nuevo ciberespacio de interacción social fragiliza los marcos de protección de la intimidad, convirtiendo en más vulnerables a las personas cuando, por accesos indebidos a sus datos personales, pierden de manera casi siempre irreversible, y frente a centenares o miles de personas, el control sobre su vida privada”.

 

El Ilustrador

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