‘Zootrópolis’

Zootrópolis

Zootrópolis

La película con la que la productora Disney se volvió reivindicativa

Es posible que lo de hacer crítica social también sea en cierto modo subirse al carro de lo que ‘está de moda’. Pero los estudios Disney, sobre todo en lo que a películas de animación se refiere, siempre se habían mantenido un poco más al margen del espíritu contestatario en el sentido más agrio. En esta trayectoria Zootrópolis podría ser considerada la primera gran excepción.

Acostumbrados a que la emblemática productora siempre nos diera esas dosis de realidad “con un poco de azúcar” (como en Mary Poppins), Zootrópolis sorprende porque no se anda con remilgos a la hora de tratar aspectos tan poco infantiles como los prejuicios raciales (especialmente de los americanos), lo absurdo y tedioso de los trámites burocráticos o el cuestionable funcionamiento de las instituciones públicas.

Una conejita valiente en un entorno hostil

Desde pequeña Judy Hopps lo tuvo claro: quería convertirse en agente de policía y defender Zootrópolis de las injusticias. No sin esfuerzo logró su sueño y consiguió abrirse un hueco en un mundo predominantemente masculino y repleto de prejuicios.

Tras un comienzo un tanto desalentador en el que sus funciones como agente se limitan a controlas las zonas de estacionamiento, a Hopps le llega la gran oportunidad de su vida: investigar el caso de una misteriosa desaparición.

Con ayuda de Nick Wilde, un zorro involucrado en actividades de dudosa legalidad, la agente Hopps se lanzará a la resolución de un complicado caso en el que el tiempo y las circunstancias también corren en su contra.

Todos somos ciudadanos de Zootrópolis

La acción se desarrolla en ciudad de Zootrópolis, una gigantesca metrópolis en la que conviven todo tipo de animales antropomorfos y en el que más allá de esa fachada de coexistencia pacífica no es más que otra gran cudad repleta de prejuicios.

Incluso la propia Hobbs, un personaje con fuertes convicciones morales y entregada a la tarea de impartir justicia, comparte inconscientemente muchas de esas dudas y temores que nos hacen presuponer que aquello que es diferente tiene muchas más posibilidades de ser malo frente a aquello con lo que nos identificamos más estrechamente.

Zootrópolis en una metáfora del mundo real, de la manipulación ciudadana, del control de las instituciones, las ansias de poder, la desconfianza en el sistema y la inutilidad de la burocracia. Y por eso es también un alegato por la libertad y la superación de esos temores. Tal vez eso sea lo más ficticio de la historia, pero sales de la película con ganas de creer que el cambio es posible.

Celina Ranz Santana

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