You will meet a tall dark stranger

You will meet a tall dark strangerTras casi veinte años de relación ahora me sorprendo a mí mismo replanteándome mi futuro con él. Sé que es el mismo de siempre, así que quizás no sea culpa suya. Puede que sea yo el que haya cambiado. Con las relaciones amorosas nunca se sabe.

Esto mío con Woody Allen es una relación de amor. Vale que él no lo sepa pero como decía el gemelo aparentemente tonto de Adaptation con respecto al amor que sentía por una chica del instituto y siendo consciente de la indiferencia de ésta ante su amor: “¿Qué importa? Lo importante es lo que yo sentía”.  Bien, podríamos ahora internarnos en terrenos un tanto fangosos acerca de la naturaleza del amor pero no quiero perderme en vericuetos tan inquietantes.

Así que, acudiendo a lo evidente, todo el mundo sabe que en el albor de la relación amorosa se produce la fase de enamoramiento, tan emocionante como dolorosa (porque el amor, como el tabaco, hace daño) y luego se va pasando a una suerte de tranquilidad rutinosa con esporádicos momentos de sensación amorosa renovada y con otros tantos de crisis que ponen a prueba los cimientos de la relación o la cobardía de sus integrantes. Billy Wilder nos dijo que una de esas crisis se produce a los siete años en la divertida y reveladora The seven year itch, traducida en España como La tentación vive arriba, quitándole ese título al original toda su hondura psicológica. Tampoco la traducción del título de la última película de Woody Allen ha tenido mejor fortuna y, como le ocurre a las películas de Judd Apatow, el del neoyorquino parece el de una comedia romántica al uso más: Conocerás al hombre de tus sueños, a pesar de que originalmente posee uno con destacada elegancia: You will meet a tall dark stranger.

Pero hablábamos de amor, del mío por Woody Allen como guionista y director de películas. Es tal que debo en gran medida mi interés por el cine como creador al mayúsculo disfrute al que me han conducido muchas de sus películas, entre las cuales me es imposible tener una favorita. Sin embargo y como en toda relación, hemos tenido nuestras crisis. September fue una de ellas. Interiores fue otra. El sueño de Cassandra otra más. Pero siempre lo he vuelto a ver con una mirada renovada porque es tan grande su talento que siempre remonta el vuelo. Match point, por ejemplo, parece la obra de un director que quiere comerse el mundo y sin embargo, era el producto de la mano de un señor que en ese momento ya llevaba casi cuarenta años en esto.

Ahora he tenido otra crisis, aunque he de decir que es de menor envergadura, de momento no me planteo cortar con él. Porque ha vuelto a caer en la rutina con You will meet a tall dark stranger. Como he dicho en otras ocasiones, una película cambia dependiendo de la biografía del espectador. Aplicándolo a este caso, si alguien no ha visto antes ninguna película de Allen es posible que ésta le pueda resultar de lo más interesante. Yo no dudo de que lo sea pero para mí, que he visto todo su cine, ese interés se ve mermado por la ausencia de novedad. Porque responde a un diseño de historia al que ya nos tiene acostumbrados.

Soy consciente de que la escritura de estas líneas, cuestionando la obra de uno de los mejores cineastas de la historia es, cuanto menos, atrevido. Porque comprendo la dificultad de la concepción y puesta en marcha de una historia no sólo bien sazonada de gags divertidos y de componentes que revelan un gran interés por la condición humana, a la que agita y cuestiona como debe hacer todo creador. Soy consciente de ello. Pero creo que cada obra debería ser una novedad, una nueva apuesta, un nuevo paso, ya sea adelante atrás o a un lado, pero que se pueda percibir cierta dinámica con respecto a la filmografía anterior. Esta película es digna pero con respecto al resto de su obra me parece estática. Por decirlo de una manera simplona, es una película más de Woody Allen. No me va a cambiar la vida.

Esperar que una película te cambie la vida es mucho pedir pero, ¿qué quieren que les diga? Es que Woody Allen ya me la ha cambiado varias veces. Lo hizo con Love and death (en este caso me gusta más el título en español: La última noche de Boris Grushenko), lo hizo con Manhattan, con Hannah y sus hermanas, con Misterioso asesinato en Manhattan, con Zelig, con Broadway Danny Rose y con tantas otras.

No es una crisis tan seria. Sé que el año que viene volveremos a encontrarnos.

 

 

 

Alberto García

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