Y aquí no ha pasado nada…

Agresiones de MarruecosUn verdadero acto de valentía no tiene por qué ser portentoso, ni mediático, ni tan siquiera trascendente. Un acto de valentía es asumir con entereza las consecuencias de nuestros actos por el simple hecho de que con él estamos defendiendo lo que pensamos. Desde la “ilegalidad”, un grupo de activistas prosaharauis defendió pacíficamente sus principios. Desde la “legalidad”, un grupo de policías marroquíes arremetió contra ellos y todo un Gobierno silenció esos actos. ¿Quién es aquí el valiente?

Aún pasando por alto el hecho de la deuda histórica, política y moral que España mantiene desde hace más de tres décadas con el pueblo saharaui, los hechos acontecidos hace unos días en la ciudad de El Aaiún no tienen justificación. La actuación de las autoridades marroquíes es lamentable, pero era de esperar. A pesar de que los medios de comunicación no suelan recoger este tipo de sucesos, lo cierto es que con demasiada frecuencia se producen agresiones a todos aquellos que deciden alzar la voz a favor del pueblo saharaui en los territorios ocupados por Marruecos. Sin embargo, era de esperar. Y probablemente los once activistas de SaharAcciones que decidieron manifestarse pacíficamente el pasado sábado en defensa de los derechos humanos de un pueblo que “está siendo torturado y masacrado” ya conocían las consecuencias de sus acciones. Y a esto es a lo que me refería con un acto de valentía.

Lo que no era tan predecible -no al menos de una forma tan descarada- es la vergonzosa actitud que el Gobierno de España ha adoptado en torno a esta cuestión, pasando por alto la gravedad del asunto y anteponiendo sus intereses económicos con Marruecos a una realidad a la que sigue dando la espalda. En lugar de denunciar lo sucedido en una de las pocas ocasiones en las que estas injusticias salen a la luz en los medios de comunicación, el gobierno menos socialista de los socialistas opta por avalar la versión de las autoridades marroquíes que aseguran que no existieron tales agresiones, defiende la postura de que no existen datos suficientes para probar las denuncias de los activistas heridos y, para mayor recochineo, insiste en el hecho de que se trataba de una “manifestación ilegal”, como si eso lo justificara todo.

Y aquí no ha pasado nada. Zanjamos el problema, miramos para otro lado y buscamos la palmadita en la espalda dorando la píldora a los ciudadanos con nuestro pseudosocialismo de leyes para el aborto, matrimonios gays y ayudas de emancipación. Somos los más modernos de Europa, pero detrás de la cortina se siguen dando palos. Y aquí no ha pasado nada.

Vagabundo Pérez

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