‘White God’

'White God'

El hombre no es el mejor amigo del perro.

De entre todas las especies que conviven en el planeta, el ser humano es la más destructiva y, por ello, la más estúpida. Si bien es cierto que ha sabido alcanzar niveles de desarrollo que ningún otro ser vivo terrestre ha alcanzado, su inteligencia ha terminado convirtiéndose también en un arma para causar dolor y buscar el placer o la gloria en acciones que ponen en cuestión cuánto hemos aprendido realmente a lo largo de nuestra evolución.

White God es una película alegórica con tintes de terror -el terror que producen los humanos, no los animales- en la que el director húngaro Kornél MundruczóSemilla de maldad, Delta– narra una historia entrañable de amistad y venganza entre una niña -Lili- y su perro -Hagen-.

La nueva normativa sobre perros en Hungría exige a los propietarios de razas mezcladas pagar un impuesto especial bastante elevado, por lo que muchos perros son abandonados a sus suerte en las calles a la espera de que en cualquier momento sean atrapados por los trabajadores de los refugios caninos en los que, pasado un tiempo y en caso de no haberse producido una nueva adopción, son sacrificados.

Éste es el caso de Hagen, un perro al que el padre de Lili, en un ataque de rabia, ha decidido abandonar. Mientras la niña recorre la ciudad en busca de su perro perdido, Hagen tendrá que enfrentarse a un tipo de humanos que hasta el momento desconocía: personas que disfrutan con el sufrimiento, la sangre y el dolor de los animales. Ese trance supone una transformación radical en Hagen, un animal que se ha ido haciendo fuerte en el odio y que ya solo quiere buscar venganza.

White God es una película atípica con un argumento muy atractivo y capaz de ir modulando la tensión, el terror y el drama hasta conducir al espectador a un final evocador, de esos que hacen que la sala se quede en silencio mientras comienzan a aparecer los créditos. Es una película sobre oprimidos y opresores, sobre justicia y desigualdad, sobre amor y venganza. Dicotomías que en White God humanizan a los perros -tanto en el aspecto psicológico como en el tratamiento de las imágenes- y deshumanizan a las personas.

Celina Ranz Santana

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