Vivir su vida

Vivir su vidaAcostumbrados a escuchar los parloteos vehementes de los tertulianos de la televisión (curiosamente siempre pre-posicionados y sin capacidad de autocuestionamiento), acostumbrados a la supuesta neutralidad de los informativos y a las doctrinas religiosas varias, acabamos creyendo que existe una sola verdad. Pero hay muchas.

Nos devanamos los sesos en un esfuerzo intelectual por tratar de aprehender el sentido más profundo de algunas obras cinematográficas. Lo mismo ocurre con el arte pictórico, el literario y demás artes de procedencia humana. Nos frustramos cuando no entendemos por qué es tan grande Tarkovsky y tan pequeño Van Damme creyendo que esa verdad es un misterio que hay que desentrañar en una labor digna de un buen forense intelectual. Algunos se han dado cuenta de este engolamiento erudito y han decidido plantarle cara para reafirmarse en sus gustos personales y legitimarlos de cara a la galería. Así que enarbolan una bandera cuya génesis parece estar en aquella película, La parada de los monstruos. Estos seres pequeños a los que les falta algún miembro o que tienen pelo en zonas donde su género no se lo permite o cuyo perímetro craneal llama la atención en una sociedad estandarizada por los cánones del grupo Inditex, reclaman el placer de ver películas como Hellraiser III o vestirse como un jedi en una convención para sus iguales. No tengo nada que decir al respecto básicamente porque sólo hay una vida, así que cada uno se las apañe como pueda para ser lo más feliz posible. Mientras no me saquen un ojo con una espada láser no tengo ningún problema (sí, seguro que hay algún intrépido que se aventura a sacarla de su caja). Esa es su verdad y parecen divertirse con ella.

Pero hay otras formas de salir del encasillamiento de la verdad única en cuanto a lo que una película en concreto nos sugiere. Y es posible a su vez que una película contenga en sí misma elementos que parecen contrapuestos y que ambos sean visiones del mundo que se complementan. Yo acabo de ver una película así. Una película Oxímoron. La luz oscura. El silencio atronador. Ya saben, lo que es el clásico oxímoron. El oxímoron de toda la vida.

Vivir su vida (Vivre sa vie, qué bien suena en francés), la película de Jean-Luc Godard de 1962 es un estupendo oxímoron cinematográfico. La ligereza de la película, encarnada en la volatilidad con la que se mueve la protagonista, la actriz más guapa del mundo, se combina a la perfección con esa idea profunda acerca del libre albedrío, de la elección vital, de la responsabilidad personal. La libertad de la escena en que Anna Karina se mueve al ritmo de una canción en un billar parisino contrasta con la carga filosófica de la conversación que entabla con un anciano en un café. Contrastan y se combinan. Ambas cargan mensajes divergentes. Aunque en definitiva hablan de lo mismo.

No hay una verdad. La vida es un oxímoron.

Cuidado con las espadas láser.

Alberto García

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