Virginia Woolf, en las profundidades de lo humano

Virginia Woolf

“La vida es un halo luminoso, una envoltura semitransparente que nos envuelve desde que tenemos una conciencia hasta el final”

Con los bolsillos del abrigo llenos de piedras, se dirigió esa mañana al río Ouse, convencida de que ya no podría superar el trastorno bipolar que padecía. Su última obra literaria fueron dos cartas, una para su hermana y otra para su esposo, Leonard Woolf, al que le regaló las últimas palabras que saldrían de su pluma: “No creo que dos personas pudieran haber sido más felices de lo que lo hemos sido nosotros”.

El suicidio de Virginia Woolf a los 59 años de edad puso punto final a una vida de lucha vocacional con una fortaleza que, sin embargo, no fue suficiente para hacerle frente a la enfermedad mental que la había perseguido durante los últimos años y que, según algunos estudios biográficos de la autora, se debieron a los abusos sexuales cometidos por sus hermanastros durante la infancia. La compleja vida interior de Virginia, el fallecimiento de su padre –al que admiraba también como escritor- y los constantes altibajos en su estado anímico, habían transformado a la escritora en un ser proclive a las depresiones, pero también le habían concedido un don especial para atrapar el alma humana en cada una de sus obras.

Nacida en Londres, el 25 de enero de 1882, Virginia gozó de una infancia acomodada, rodeada de un ambiente intelectual en el que comenzaron a aflorar sus primeras inquietudes artísticas. También gracias a este ambiente eminentemente masculino, Virginia Woolf desarrollará toda una teoría acerca de las presiones sociales que rodean a la figura de la mujer, algo que se verá reflejado en todas sus obras y más explícitamente en el ensayo titulado “Una habitación propia”.

Virginia Woolf no fue a la escuela. Fue educada por su propio padre y por profesores particulares que acudían al domicilio familiar. Tal vez por eso los lazos familiares se hicieron tan estrechos que, tras quedar huérfana, Virginia se fue a vivir con su hermana Vanessa y sus dos hermanos en Bloomsbury, Londres. Aquella casa que compartían no tardó en convertirse en nuevo punto de reunión de la élite intelectual londinense, formándose así lo que se conocería con el hombre de “Círculo de Bloomsbury”. Allí fue donde la escritora conoció al amor de su vida, el economista Leonard Woolf, con el que cofundaría la editorial Hogarth Press, en la que se editaron los libros de Virginia así como las obras de personajes tan destacados como Sigmund Freud o Katherine Mansfield.

A pesar de que las cosas funcionaban a la perfección en el matrimonio Woolf, los accesos bipolares de Virginia, así como sus ideas pacifistas y feministas, la convirtieron en un personaje controvertido en aquella época. Virginia, que ya había cosechado importantes éxitos como escritora, se fue sumiendo en una profunda depresión de la que no lograría escapar, a pesar de su hermana y de su esposo, fundamentalmente. Su capacidad para observar el mundo con una sensibilidad diferente se tornó en su contra y Virginia fue tomando conciencia de su inestable enfermedad hasta que, finalmente, y después de varios intentos fallidos, no encontró más salida que la del suicidio.

La carta que le dejó escrita a Leonard es el testimonio más sincero del amor que le profesaba y un magnífico colofón a una vida absolutamente literaria.

“Querido:

Estoy segura de que me vuelvo loca de nuevo. Creo que no puedo pasar por otra de esas espantosas temporadas. Esta vez no voy a recuperarme. Empiezo a oír voces y no puedo concentrarme. Así que estoy haciendo lo que me parece mejor. Me has dado la mayor felicidad posible. Has sido en todos los aspectos todo lo que se puede ser. No creo que dos personas puedan haber sido más felices hasta que esta terrible enfermedad apareció. No puedo luchar más. Sé que estoy destrozando tu vida, que sin mí podrías trabajar. Y sé que lo harás. Verás que ni siquiera puedo escribir esto adecuadamente. No puedo leer. Lo que quiero decir es que te debo toda la felicidad de mi vida. Has sido totalmente paciente conmigo e increíblemente bueno. Quiero decirte que… Todo el mundo lo sabe. Si alguien pudiera haberme salvado, habrías sido tú. No me queda nada excepto la certeza de tu bondad. No puedo seguir destrozando tu vida por más tiempo.

No creo que dos personas pudieran haber sido más felices de lo que lo hemos sido nosotros.

 

V.”

 

 

 

 

 

 

 

 

www.virginiawoolfsociety.co.uk

 

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