Viaje a Nerja. 5/5

Granada

Valeriano Pérez

Jueves, 5 de noviembre de 2009.  Se nos va acabando el cuento puesto que hoy toca la visita programada hacia Granada con Mundo Señor y mañana nos vamos, así que debemos prestar más atención si es posible.

La hora de la salida nos obliga a desayunar temprano y así, a las 8,30 ya estamos en la guagua-bus camino de Almuñécar para recoger a los restantes “compañeros de viaje”. Hoy se quedaría algo “maguado” un habitual de las excursiones, el viudo ariquero Don Juan, que le estaba “echando el ojo” a Doña Flora, una viuda del Amparo que “no le hacia ascos”, relación que algunos favorecíamos con veladas insinuaciones. Ya completo el autobús salimos por la nacional 323 hasta enlazar con la A44, la autovía de Sierra Nevada, la cual pasa cerca de pintorescos  pueblos como Pino del Valle (con su Cristo de los Zapatos), Lecrín, Dúrcal, de donde tomó su nombre la cantante Rocío, Padul, etc., hasta alcanzar el puerto del “Suspiro del Moro“en donde la leyenda sitúa la conocida frase de la madre de Boadil el Chico “llora como mujer….”

A las 11 de la mañana estamos en la ciudad y soportando el agobiante tráfico del casco urbano, hacemos un largo rodeo para dirigirnos a la zona de aparcamiento de autobuses que está cerca de la Alhambra. Granada es el lugar donde se encuentran las civilizaciones occidental y oriental. Capital del antiguo reino nazarí, al pie de Sierra Nevada en el límite con la vega que cruzan los ríos Genil y Darro. (El Darro separa las colinas de la Alambra y del Albaicín y luego se une al Genil al sur). Antes de que Granada existiera hubo en sus cercanías una ciudad con el nombre de Elvira y aquí estuvieron fenicios, griegos y cartagineses y donde hoy se localiza la ciudad, los romanos edificaron Llíberis.

Llíberis pasa a manos visigodas hasta que en el 711 los árabes invaden la Península Ibérica y alaban el parecido de las tierras de Granada con las de Damasco. Mientras las legiones árabes avanzaban hacia el norte peninsular, la nueva ciudad árabe se habitó por una comunidad judía. El vestigio más impresionante de la presencia musulmana en Granada es la Alhambra, el palacio-fortaleza de sus gobernadores, un conjunto  monumental fascinante que el rey Al-Hamar mandó construir en 1238 en la colina roja de Sabika y los campesinos de la vega granadina la denominaron Al-kalat al Hamra (el castillo construido de tierra roja). Al Hamar, fue vencido en la batalla de las Navas de Tolosa en 1212 por Fernando III y a cambio de entregar el castillo de Jaén se le permite   fundar en Granada un nuevo reino, iniciándose así la dinastía nazarí. En su interior se encuentra el Generalife y el palacio renacentista de Carlos I. Ese nombre se oye en una canción canaria: el Teide surge del cielo, gigante generalife, para escribir en el cielo el nombre de Tenerife. La provincia con 12647 km2. tiene 885000 habitantes y la capital unos 240000. Durante la guerra civil las tropas franquistas se hicieron desde el principio con el control de Granada y los republicanos mantuvieron en su poder el resto de la provincia hasta la finalización del conflicto. Así fue como nuestro común amigo granadino Eduardo Gálvez pasó la guerra en la zona republicana, por Trevélez (¿tres valles?), sin comerlo ni beberlo. Él tenía solo 17 años y hubo de repetir el servicio militar en la isla de Tenerife al acabar el conflicto, haciendo un total de 7 años.

En la misma puerta de entrada de la Alhambra nos espera el guía que sin más preámbulo nos introduce en el recinto y nos va explicando con notable sapiencia, los distintos lugares por los que nos va llevando. Empezamos por el Generalife (Jardín del Paraíso) con sus esplendidos paseos en los que la vegetación y el agua juegan un importante papel y nos señala el bello patio árabe de la Acequia y el patio del Ciprés o de la Sultana y narra unos supuestos amores de ésta con un abencerraje. Desde un lugar idóneo nos muestra el Albaicín o barrio de los pobres y el Sacromonte gitano. Señala también la plaza de San Nicolás, parada obligatoria para disfrutar de las mejores vistas de la Alhambra  y de la Sierra Nevada desde ese famoso mirador que siempre está concurrido. En mi anterior visita a Granada estuve en él al atardecer y doy fe de que tal fama es merecida así como de la magia que encierran ambos barrios a esas horas, sobre todo escuchando el rasgueo de las guitarras, el rítmico taconeo en los tablados, acompañados de palmas y cantos. El Sacromonte es un pintoresco barrio de casas cuevas que están en la ladera del barranco del Negro. Sobre el Sacromonte se halla la abadía La Alhambrade igual nombre, centro de peregrinación religiosa desde hace siglos.

Seguimos nuestro recorrido en esta fría mañana otoñal y entramos en el inacabado palacio renacentista que iniciara Carlos I tras su visita a  Granada en 1526. Al contrario de la usanza árabe, su exterior es más  atractivo que su interior. Se ha criticado su construcción y se ha dicho que es como un obús clavado en el corazón de la belleza arquitectónica. Para esa obra se demolió parte de la zona oficial del  palacio musulmán. El guía nos conduce a la entrada de los palacios y nos hace reparar en una pequeña obra maestra, el patio del Cuarto Dorado. Seguimos al patio de los Arrayanes con su bella alberca. En uno de sus  extremos se alza la torre de Comares y a la derecha el patio de los Leones, que es el monumento culminante del arte islámico y que están en restauración. La vida íntima de la corte nazarí se organizó alrededor del agua en una exaltación del refinamiento espacial y decorativo. Sus palacios y salas  se suceden luego en torres como de “las Cautivas” o de “las Infantas”,  guardianas de un misterioso encanto relacionado con la leyenda. La visita concluye y aunque no fue tan exhaustiva y completa como la que hice la otra vez, pues no entramos en la también interesante zona militar, se puede decir que vimos lo más vistoso del hermoso recinto.

A las 14,15 nos recoge la guagua-bus que nos lleva hasta el restaurante de un céntrico hotel de 4 * en donde almorzamos muy aceptablemente, (Fue un lujoso local con evidente mejor servicio que el menú ofrecido). Ya nos llevan hacia el Puente Blanco bajo el que discurre el Genil, más concretamente ante la basílica de Nuestra Señora de Las Angustias, y nos dan poco más de una hora para pasear un rato por la ciudad. Julio y yo lo vamos a aprovechar pues tengo el encargo de “mi costilla” de visitar la cripta de Fraile Leopoldo que está a un par de kilómetros. Para ello y a un buen paso, caminamos por la calle del Darro, según los granadinos, la mas hermosa del mundo, seguimos por la de los Reyes Católicos y llegamos  hasta la plaza donde se halle el monumento en el que se ve como la Reina Isabel entrega a Cristóbal Colón la venia para descubrir un Nuevo Mundo y seguimos luego por la Gran Vía de Colón. Muy cerca dejamos la Catedral  hasta que por fin llegamos al parque en donde se halla la singular Fuente del Triunfo que está funcionando. En la esquina superior de la plaza se halla una iglesia de modesta traza en la que se halla el  motivo de nuestro apresurado caminar y a punto estuve de volverme de vacío pues aparece cerrada con rejas y candados. Por suerte me acerqué a la puerta donde un pequeño cartel informa que la entrada a la cripta se halla un poco más abajo y hacia allí vamos.

Pasamos un amplio vestíbulo en el que hay un mostrador acristalado tras el cual se encuentra un posible capuchino que vende toda clase de objetos relacionados con la vida y milagros del Siervo de Dios, Fraile Leopoldo “de Alpandeire” hermano capuchino de luenga barba blanca que nació el 24 de junio de 1864 y murió con fama de santidad el 9 de febrero de 1956. Nació en ese pequeño pueblo de la serranía malagueña de 284 hab. en 2007 con el nombre de Francisco Tomás Márquez Sánchez y el 21-02-1914 llegó a Granada, la ciudad de los Cármenes, cristiana y mora, donde el agua se hace música, esa ciudad que ya nunca abandonaría. Su figura se hizo popular en su oficio de “limosnero”. Los niños lo llamaban “Fray Nipordo” y al visitarlo cuando murió, ellos decían: Está muerto pero no da miedo. Actualmente se postula su beatificación.

En un plano inferior se encuentra la cripta propiamente dicha ante la cual parecen rezar dos personas de aspecto sudamericano. Una de ellas mete la mano por un hueco y mientras toca el sarcófago la veo mover los labios en una plegaria. Yo le presento mis respetos y en silencio le rezo una breve oración, diciéndole estar aquí por encargo de mi esposa. A la salida adquiero un pequeño y artístico cuadro enmarcado con la fotografía del venerable capuchino y, atendiendo al sabio dicho de “A dios rezando y con el mazo dando” en la administración de loterías anexa compro algunos decimos de la lotería de Navidad, por si acaso. Ya satisfechos emprendemos el regreso a la zona de la cita pero aún tenemos tiempo para hacer una paradiña y tomar un espeso chocolate con churros en un abarrotado bar de la plaza Bib-Rambla, que sin servir quizás de mucho alimento, calientan el cuerpo y mitigan el frío.

Puntuales estamos en el lugar indicado a las seis y aunque ya están todos esperando, señalamos el reloj como justa excusa de haber llegado a tiempo A las 6.10 dejamos Granada y nos volvemos a la bella Málaga. Y sin ninguna incidencia digna de mención nos devuelven al hotel a las 7.50, buena hora para cobrar una herencia o simplemente para el aseo, la cena y el posterior paseo nocturno para decir adiós a la bella Nerja.

 

Viernes, 6 de noviembre de 2009.  Adiós que le reiteramos por la mañana en otro matutino recorrido costero-playero pues la estancia aquí ha resultado agradable y de bien nacido es ser bien agradecido. A las 10 viene nuestro autobús y después de darnos el “pírrico” picnic nos llevan al aeropuerto malagueño para tomar el vuelo de Air Europa que sale a las 14,15 y que llega al Tenerife Norte a las 15,25, hora de guanchilandia. Un sencillo y oportuno trasbordo de Titsa nos devuelve al Puertito en poco más de una hora sin necesidad de molestar a nadie.

 

 

Valeriano Pérez

 

 

 

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