Viaje a Nerja. 2/5

Málaga

Valeriano Pérez

Domingo, 1 de noviembre de 2009.  Hoy teníamos la intención de ir a Almería (la antigua Unci y Portus Magnus) que en el siglo XI fue uno más de los reinos de Taifas (bandería en árabe) en que se dividió la España musulmana al disolverse el califato cordobés, pero no pudo ser.

Es un largo trayecto por carreteras nacionales con excesivas curvas y sus escasas comunicaciones lo hacen inviable (no hay tren, la guagua-bus es escasa y el coche de alquiler lo tendremos el martes y miércoles). Así que cogemos la guagua-bus que sale a las 8.30 y nos plantamos en Málaga capital una hora mas tarde. En el trayecto sube una canaria en Torre del Mar que confiesa ir al rastro a buscar alguna ganga.

La entrada a Málaga la hacemos por el paseo marítimo Pablo Ruiz Picasso, la Malagueta, el paseo del Parque o de los Curas, plaza de La Marina y la Alameda Principal, bajándonos en el muelle, a la vera de la desembocadura del Guadalmedina, donde iniciamos el paseo urbano. Y lo hacemos pasando por una glorieta ajardinada donde se halla el monumento de Mariano Benlliure al Marqués de Larios, prohombre de la ciudad y promotor de la calle principal de la Málaga histórica.

Y de esta plaza nace la espléndida calle peatonal de igual nombre que es el centro neurálgico de la ciudad y que termina en la Plaza de la Constitución. Ella fue en el pasado escenario de fiestas, corridas de toros, ajusticiamientos y grandes celebraciones religiosas. La pieza más relevante de la plaza es la Fuente de Génova o de Carlos I del siglo XVI. A la plaza da la iglesia del Santo Cristo de la Salud, excelente muestra del arroco y en su interior se conserva la imagen de ese Cristo de 1633

 

Nuestro pasear nos hace seguir por la calle de Granada por donde   entraron los Reyes Católicos en 1487, tras la reconquista de Málaga y  lleva a la Plaza de la Merced, donde estuvo el mercado franco, fuera de la ciudad, en la época musulmana. En el centro de la plaza estuvieron los restos del general Torrijos y sus seguidores liberales fusilados por defender las libertades civiles en el siglo XIX. Un obelisco los recuerda.

De esta plaza nace la calle de la Victoria que conduce al Santuario de la Virgen de la Victoria, patrona de la ciudad y donde se conserva su  talla del siglo XV. Pero nosotros seguiremos por la calle Mundo Nuevo y pasamos bajo el corredor amurallado o coracha que unía Gibralfaro con la Alcazaba y que mandara construir Yusuf I de Granada en 1333.  Y así accedemos al camino peatonal que asciende hasta la fortaleza de Gibralfaro, conjunto monumental singular que nos proponemos visitar

 

Se especula con que su existencia date de la época fenicia. El nombre se deriva de la islamización de Monte Faro. Yabal (monte) y Faruh (faro). Yusuf fortificó la colina debido al uso generalizado de la artillería para proteger así la Alcazaba que de otra manera estaba indefensa de los cerros que la dominan, formando un imponente conjunto inexpugnable. La subida es un poco dura pero vale la pena el esfuerzo realizado pues abundan  los miradores desde los cuales se puede contemplar una vista magnifica de la ciudad y de su contorno. Destaca su espléndida plaza de toros que alberga en su recinto el Museo Taurino Antonio Ordóñez.

Sobresalen también otras edificaciones como el Ayuntamiento, el Banco de España y el parque, concebido como Jardín Botánico y que finaliza en la plaza Torrijos adornada con la fuente de las Tres Gracias.

Visitamos la fortaleza cuyos pasillos, almenas y torres recorremos para entrar en el viejo polvorín, hoy convertido en centro de interpretación. Se sabe por antiguas crónicas que aquí hubo una mezquita, convertida luego en iglesia y que fue utilizado como recinto castrense hasta 1925. El recorrido es descendente y creíamos que enlazaba con la Alcazaba pero nos topamos con una gigantesca puerta que resultó infranqueable por lo que debemos volver y abandonar el recinto por donde llegamos.

 

Retornamos pues a la Plaza de la Merced y pasando al pie de la torre de la Iglesia de Santiago y por delante del Museo Paso Picasso, por la calle de San Agustín llegamos a la catedral que nos proponemos visitar y lo hacemos por su lateral,  por la llamada “Puerta de las Cadenas”. Pero hoy es domingo, día de precepto,  y está acabando la misa, por lo que nos toca esperar un rato lo que hacemos cómodamente sentados en la terraza de un bar ubicado en su frontal, en la Plaza del Obispo desde donde vemos su espectacular fachada, a pesar de su torre izquierda inacabada lo que parece haber dado motivo para llamarla “La Manca”

La catedral está dedicada a la Encarnación y se comenzó en 1528 en estilo gótico tardío. Pese a su dilatada ejecución (más de dos siglos) en ella se destaca su unidad, externa e interna y toda su sobria solemnidad. Las campanas de la catedral rompen su silencio y anuncian que es la hora del Ángelus, rito cristiano que conmemora la “encarnación” de Jesús y que se acompaña tradicionalmente de campanadas. Se reza tres veces al día, a las 6 de la mañana, a las 12 del día y a las 6 de la tarde. Y el arcángel San Gabriel, el heraldo de Dios, anunció a Maria: “Dios te salve Maria, benditas tu eres entre todas las mujeres”.

Cuando lo permiten accedemos a su interior para admirar sus retablos  capillas y cuadros; su Cristo del siglo XVII, sus recias columnas de  airosa arquitectura, el coro y su soberbia sillería de maderas preciosas que aparecen decoradas con imágenes de santos y con escenas bíblicas.

El paseo nos ha abierto el apetito y preguntando donde calmarlo nos dirigen al pasaje Chinitas y nos acomodamos en plena calle, en la vieja y afamada taberna “Quitapenas”, de donde no salimos muy contentos. Ya procede rematar esta tarde dominguera y para ello es necesario que caminemos hasta la moderna estación de trenes “Maria Zambrano” la célebre poetisa malagueña, que se encuentra a unos dos kilómetros de distancia.

 

Renovamos la tarjeta dorada de jubilados que nos concede descuentos y cogemos el tren de cercanías para Fuengirola que sale a las 14.20 horas. Este tren hace 17 paradas en un trayecto de solo 29 kilómetros, pasa por el aeropuerto, lleva “servicios” y vigilancia y cuesta solo 1,80 € (en el del sur de Tenerife con unos 100 kilómetros tienen previsto poner sólo cinco o seis).

Llegamos a Fuengirola una hora después y damos un paseo por su paseo marítimo (que enlaza con el de los Boliches) y del que se dice que es el mas largo de toda la Costa del Sol. Tiene espaciosas y abiertas playas y un activo puerto pesquero dedicado al boquerón y la sardina.

Fuengirola tiene 65.000 habitantes y fue una villa de origen fenicio con el nombre de Suel. Cuna del filosofo árabe Abderraman, posee un castillo púnico-romano reconstruido por los árabes y luego por Carlos V.No era cuestión de comprobar la veracidad de su longitud por lo que cuando nos parece damos la vuelta, siempre disfrutando de la brisa marina y de la limpia playa. Muchos carteles de “se alquila o se vende”.

 

A las 16.15 volvemos a la estación y cogemos de nuevo el tren para ir  hasta Benalmádena, que tiene una población de 52.000 habitantes y que es un conglomerado de tres pueblos. El antiguo se halla a 280 metros de altitud y fue fundado en 1493 con claras funciones defensivas; Arroyo de la Miel, que actúa como pueblo dormitorio y Benalmádena costa, con 10 kilómetros. de playa con el comercio, los hoteles y el ambiente de las zonas turísticas, al que se añade un excelente puerto deportivo.

Puerto de FuengirolaLa estación nos deja a unos tres kilómetros de este famoso puerto, pero tenemos interés en verlo por lo que descendemos y pasamos por un amplio y bonito parque llamado La Paloma que se ve muy concurrido. Llegamos al paseo costero y seguimos hasta el puerto y la verdad que el esfuerzo vale la pena pues el lugar resuma suntuosidad y riqueza Tiene 978 puestos de atraque y con cualquiera de sus barcos seriamos ricos. Además tiene una serie de lujosos apartamentos a cuyas puertas se ven coches de alta gama, de esos que se ven en las películas de James Bond. Pero ninguno de sus inquilinos o propietarios, podridos de millones, pueden hacer lo que nosotros, pasear sin ser molestados por la prensa o simplemente coger el tren o el metro sin llevar escolta protectora.

Y cuando ya estamos saturados de tanto lujo y fastuosidad, hacemos un sutil corte de mangas a esos pobres ricos y volvemos a la estación.

Ya ha oscurecido y la brújula me falla por lo que tras algunos rodeos y de preguntar a dos transeúntes, a las 18.45 estamos allí y en 15 minutos cogemos el tren que nos retorna a Málaga a donde llegamos a las 19.40. La guagua-bus para Nerja sale a las 20.30 y aprovechamos el tiempo que resta para cenar ligeramente en la misma estación de autobuses.

Sin mas incidencias, eran las 21.50 cuando llegábamos al hotel Jimesol, cansados pero satisfechos, dispuesto a repetir la marcha mañana lunes.

 

 

Valeriano Pérez

 


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