Viaje a las Azores.5/7

Valeriano Pérez

8º día, jueves, 20 de agosto de 2009, quinta-feira. Hoy queremos sacarle más rendimiento aún al día por lo que desayunamos más temprano y a las 8.30 estábamos ya en carretera para hacer el paseo que no se pudo hacer ayer. El tiempo hoy parece más estable y ya luce un radiante sol que nos permite disfrutar, sin cortapisas, de un espléndido paisaje.

Poco después nos internamos por la pista que señala “Reserva Natural Florestal Parcial dos Picos do Carvao e da Esperanza. En el trayecto se nos cruzan numerosos conejos, casi siempre gazapos que despavoridos   corren a esconderse entre los altos macizos de hortensias florecidas. Éstas embellecen de tan soberbia manera el paisaje con el contrapunto adecuado de los tapizados conos volcánicos que todo él bien podría ser perfectamente merecedor de declararlo Patrimonio de la Humanidad.

Dejamos el coche en la explanada de una amplia curva, al pie de la florida ladera del volcán “Pico verde” y frente mismo a donde hay un sencillo monolito que recuerda a las victimas del accidente de aviación ocurrido el 11 de diciembre de 1999, en el que perecieron 33 viajeros y 4 tripulantes.

A las 9.10 pues seguimos por la misma pista pero ya pisando el terreno y disfrutando con el encantador paisaje que nos obligaba en ocasiones a detener la marcha para llenar nuestras retinas de tanta hermosura. Es imposible retener fielmente en nuestro cerebro tantas y diversas imágenes, las de la derecha, de la izquierda o las del frente sin que, al  rememorarlas, éstas no pierdan su nitidez y no retornen desvaídas. Ni siquiera las cámaras más precisas lograrían abarcarlas en su totalidad.

Llegamos a la falda del Pico da Esperanza y subimos una imprecisa vereda, una zigzagueante herida en la alta y húmeda hierba que nos moja botas y perneras. Hay más de un caminillo que a menudo es solo la huella del paso de alguna vaca por lo que debemos evitar sus bostas.

Por fin accedemos hasta el filo del cono volcánico el cual bordeamos y cuyo frondoso cráter tiene en el fondo una charca habitada por ranas. La neblina va desdibujando a su capricho el paisaje y como el trío va a seguir adelante buscando la continuidad del camino que los conducirá   hacia Norte Grande, Cande y yo volvemos hasta el coche y en él vamos hasta el comienzo de la pista, ya en el asfalto, cerca del Pico do Pedro. Aquí dejamos el coche, ya que es pronto para ir a esperar a nuestros amigos y además nos apetece caminar un largo rato con dirección a la reserva forestal natural do Pico das Caldeirinhas por una magnifica y florida senda, que tiene al frente la bella imagen del “Teide” azoriano. Regresamos y sin mas incidencias, la guapa de Cande lleva con pericia el coche hacia Norte Grande (¿quién dijo que mujer al volante…?)

Llegamos a ese lugar a las 12.40 y, una vez localizada la salida del sendero por donde han de bajar los pibes, aparcamos a escasos metros, muy cerca de la iglesia, algo grande quizás para un pueblo tan pequeño. Cerca también de una modesta casa en cuya ventana asoma un rostro que al ver nuestra duda por si estábamos bien aparcados, sale y pega la hebra con nosotros. Su hablar atropellado resulta casi ininteligible y a pesar del mutuo esfuerzo, lo que nos dice se ha de adivinar o deducir. Se llama Maria Nieves como la imagen que preside la bonita iglesia que nos enseña orgullosa e intenta explicar con variado éxito el devenir del templo y a quien se supone representan las figuras que en él hay.  Cerca también hay un bar y sentados en su terraza vemos llegar al trío que se unen para tomar un ligero refrigerio. A continuación salimos a  escape hacia la cercana Faja do Ouvidor, una de las pocas que están   pobladas y bien comunicadas y donde nos damos un delicioso baño en su piscina casi natural construida aprovechando unos entrantes lávicos. Consumimos los bocatas y refrescos aquí debiendo soportar, de manera  inexplicable puesto que estamos en zona de playa, algunas abejas que nos molestan e intimidan y nos obligan a dejar el lugar antes de lo deseado.

Vemos llegar una embarcación neumática de la que dos submarinistas con fusil sacan una cubeta con unos 23 kgs. de pescado. En la captura predominan las “viejas”, algunas de 2,5 kg., que son una hermosura.

Nos vamos a las 15.30 hacia Calheta pues hoy tendremos la merienda cena a las 17.00 horas con resultado óptimo como siempre. Ya debemos decir adiós a Manuela y a todo lo que significó y lo hacemos con pena. A las 18.40 salimos hacia Velas, la ciudad de los “macacos” pues así se conocen a sus paisanos y antes de bajar hacia ella la vemos desde un atractivo mirador como se recoge entre acantilados y en  torno a su Porto das Carabelas que aún conserva su Portón del Mar, del año 1799. A las 19.00 horas entregamos el noble Peugeot que tan buen rendimiento  dio y sentados en el muelle vemos llegar nuestro barco, que tras dar tres toques sale a las 20.30 y las 21.00 nos deja en la isla do Pico, en Sao Roque.

Nos entretiene la recogida del coche, otra vez pequeño y corto maletero que además tiene estropeado el marcador de la gasolina y en él vamos  hacia una nueva morada, residencial la Montaña que, aunque aceptable  el concepto de triple, consistiría la primera noche en poner un colchón en el suelo que se adjudicó, puede que por novelero, el noblote Fran.

No tenemos tiempo para más florituras: es tarde y estamos cansados por lo que el cuerpo reclama su dosis de sueño y no es  cuestión de que se le castigue en demasía pues mañana será otro día también movido.

9º día, viernes, 21 de agosto de 2009, sexta-feira.  Después del aceptable desayuno, rellenamos el tanque del coche y buscamos un “súper” en el cual podamos comprar lo necesario para el tente en pie del mediodía pues hoy se va a subir esa alta montaña que da nombre a esta isla: Pico.

A Pico se la conoce también como la “isla negra” y es la segunda más extensa de Azores con 445 km2 y 14.500 hab. Pero Pico no es solo esa montaña volcán que surge en medio de las nubes como una aparición misteriosa, quizás santuario erigido por Poseidón en medio del Océano Atlántico. En efecto desde 2004 ha logrado que su paisaje de la viña, modelado con gran esfuerzo sobre la negra lava por generaciones de viticultores, sea declarado por la UNESCO Patrimonio Universal de la Humanidad. Además están sus tierras negras y verdes, parceladas en cuadriculas  formando un bucólico paisaje donde pasta el ganado (las Azores hacen honor a su calificativo de la Suiza Atlántica), sus molinos, sus cráteres volcánicos, miradores, bosques de laurisilva, macizos de flores y negros roquedales basálticos en los que han sido creadas piscinas naturales.

Por el camino debemos dejar paso a un nutrido rebaño de vacas sin cuernos a las que sigue  y vigila, protector y desafiante, un semental de impresionante físico que seguramente tendrá a todas las vacas “locas”.

A las 10.15 dejamos al incansable trío en el Parador-Refugio situado a 1200 metros sobre el nivel de mar (por lo tanto les restarán 1151 m) para que ataquen a ese aprendiz de Teide, lo que hacen de inmediato o al menos lo intentan, pero son inmediatamente detenidos por un bombero que los persigue. Y es que el sendero se inicia dentro del mismo refugio, debiendo pasar por una puerta giratoria (igual que en “el metro”) y además inscribir sus datos personales, recibiendo una especie de recibo que devuelven al regreso que prevean va a durar su paseo (un promedio de siete horas). Hay un servicio permanente de vigilancia que atienden unos bomberos voluntarios y vemos estacionada una ambulancia de la Cruz Roja. Sin duda que este destino es el más concurrido de las Azores y lo siguen a diario un importante número de senderistas generalmente extranjeros.

En general hemos visto pocos senderistas y eso que este mes quizás sea el más propicio por las vacaciones y, salvo ésta de Pico; en San Jorge, la bajada de Santo Cristo (donde cayera Jesús) y en Caldeira Grande (Faial) que veremos el 24, lunes, de resto caminaremos siempre solos. Como tenemos tiempo pedimos que nos pongan un documental sobre la subida (sólo lo tienen en inglés o Portugués) para hacernos una idea de su dificultad y belleza y a las 11.10 salimos por la carretera central con dirección al pueblo de Madalena en donde visitamos su iglesia. Dedicada a Santa Maria Magdalena conserva dos torres gemelas coronadas por agujas de base hexagonal y decorativa peineta con reloj. Su interior conserva una serie de azulejos y altares de talla dorada y en su frente hay 2 araucarias, los árboles más nobles y urbanos de Azores.

La vista de y desde su puerto resulta atractiva pues frente mismo se ve con nitidez la ciudad de Horta, capital de la vecina isla de Faial y los inquietantes ilhéus de Madalena, vestigios de una erupción submarina: el uno, “Em Pe”, altivo y afilado; el otro “Deitado” abatido por su rival.

A las 12.40 dejamos ya Madalena para continuar nuestro periplo en el cual casi damos la vuelta a la isla pues llegaremos hasta Lajes do Pico. Pero antes pasamos por el pueblo de Candelaria en donde visitamos su templo matriz de 1803 en cuyo frontal aparecen las estatuas de los obispos Jose Costa Nunes, primer azoriano en alcanzar el cardenalato y Jaime García Goulart, que inauguró la silla episcopal de Timor. A Cande le sorprende ver como su “tocaya” no se parece en nada a la  patrona de Canarias que es morena y chaparra, pues ésta es blanca y estilizada  como una purísima Concepción. Y es que ella se ha olvidado de aquella canción popular que dice; La Virgen de Candelaria, bajó del cielo a la arena y, al pisar tierra canaria, se volvió toda morena.

Pasamos San Mateo una de las feligresías más antigua de la isla pues  fue poblada en 1482. Aquí tiene lugar una de las fiestas religiosas, la del Bom Jesús Milagroso, a la que acuden mas devotos del Archipiélago. Circulamos por la carretera de la costa y un cartel nos advierte que ésta es la “ruta de las ballenas”, pero por más que miramos no vemos nada flotando o avanzando que se parezca ni de lejos a esos mamíferos.

La carretera pasa por en medio de un “Parque Florestal” de buena apariencia que fue creado en el mismo lugar donde estaba la primitiva Iglesia de San Juan Bautista que fue destruida por la última erupción volcánica submarina ocurrida de la isla de Pico, el 11 de febrero de 1718.

 

Estamos en el”misterio” de Sao Joao donde los pinares ocupan el sitio  de las criptomerias (hortensias). Como son las 13,25 y el lugar parecía atractivo, lo andamos un rato por pistas, pero al final nos defraudaría. Pasamos también la aldea de Sao Joao a cuya salida vemos un molino de viento giratorio de cuatro aspas pintado de rojo, al borde mismo del mar que ha resistido el paso del tiempo y ha sido felizmente rescatado.

Seguimos adelante pues y buscamos un lugar idóneo para bañarnos y a lo tonto llegamos a Lajes do Pico, cuyo puerto es el más antiguo de la isla yque ha sido uno de los más activos en la caza de las ballenas pero los tiempos cambian y ahora es más rentable mostrarlas a los turistas.  La última semana de este mes se celebra aquí la “Festa dos Baleeiros” nacida a raíz del voto hecho por los cazadores de ballenas a la Virgen de Lourdes en 1883 y en ella celebran una regata de canoas balleneras.

Detrás del muelle, protegida de los vientos dominantes por un roque, han creado una cómoda zona de baños con una laguna interior. En la parte exterior, a la que se accede por un largo dique, han hecho unos solarios con escaleras que permiten el acceso directo al tranquilo mar. En él nos bañamos y con las gafas de buceo podemos ver varias viejas, abades y otros ejemplares de peces que ya no suelen verse en Canarias. Unas frescas cervezas de un bar cercano nos ayudan a rematar la agradable espera pues hay que ser muy flojo para aburrirse en Azores.

A las 16.30 nos vamos en busca del equipo representativo pero esta vez  acortaremos el camino ya que, antes de llegar a Sao Joao, derivamos a la derecha por una carretera que llega directamente a la base del Pico y a la que accedemos, tras atravesar el cinturón de nubes, a las 17.15. Fue llegar y “besar al santo” o mejor a Santos pues pocos minutos más tarde llegan nuestros amigos y tras tomar algo en el bar del refugio (en contra de lo esperado sus precios eran muy ajustados) dejamos el lugar para retornar  a otra “montaña”, la de nuestra residencia “picarota”. Una vez allí comprobamos que nos habían cambiado a otra habitación más amplia y con una terraza corrida común que da sobre un jardín  algo descuidado. Tiene 3 camas algo más decentes y alguna cucaracha. Fran a instancia mías, mató una y se quedó triste (en verdad que las había en casi todos los hoteles o pensiones isleños en donde estuvimos)

Tras el necesario aseo nos vamos a cenar a un restaurante, el “Aguas Cristalinas”, mediocre a mi juicio, que estaba recomendado en la guía.

 

Valeriano Pérez

 

 

 

 

{backbutton}

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.