Viaje a las Azores. 4/7

Valeriano Pérez

6º día, martes, 18 de agosto de 2009, terca-feira.  Al bajar a desayunar en nuestra habitual mesa veo unos platos hondos y extrañado intento sentarme en otro sitio, pero Manuela me dice que es allí y que viene ya con la sopa. Todo fue un equívoco de traducción idiomática a pesar de que el español y el portugués comparten un porcentaje alto de vocablos.

Apenados por el trabajo extra causado involuntariamente le pedimos perdón y le rogamos que la guardase para la noche, en la seguridad de estaría mejor como así fue. Al final todos celebramos con risas el error. Durante el desayuno decidimos que vamos a prescindir del hospedaje tratado en la vecina población de Velas. Las distancias son cortas y el coche nos da suficiente autonomía y así pasaremos los cuatro días aquí. Y es que nos ha ido muy bien, sobre todo en las cenas y así en vez del único día previsto en principio desde Tenerife, disfrutaremos de cuatro.

Hoy la excursión va consistir en bajar y subir la cordillera central de la isla, andando desde Faja dos Vimes (en el mismo punto donde terminó la excursión ayer hasta  la Faja da Caldeira de Santo Cristo, en la costa  norte) pero solo harán la subida Jesús, Marco y Fran mientras que  Cande y yo vamos con el coche a Faja dos Cubres, por donde saldrán. A las 9.25 dejamos allí a  los “pibes” que inician inmediatamente el duro ascenso y nos vamos hacia la otra vertiente. A las 10.00 estamos en el pequeño caserío de dos Cubres y siguiendo una pista de tierra llegamos a una explanada donde aparcamos el coche para empezar el sendero. Y ya nos vamos al encuentro del animoso trío por ese ancho sendero no apto para coches pero sí para esas diabólicas motos de cuatro ruedas que tanto me incomodan por el polvo que levantan, por el ruido que hacen y por la fuerte erosión que inevitablemente suelen ocasionar a su paso.

Pero aquí cumplen una función social al comunicar dos fajas y caseríos Los de Dos Cubres y de Santo Cristo. En el primero de ellos se podían  alquilar. En el camino, motos y senderistas hemos que cedernos el paso.

El camino discurre colgado en la ladera por lo que ha de adaptarse a su sinuosa orografía, debiendo bajar dos veces al nivel del mar pero, en general resulta vistoso por tener techo vegetal o hermosas panorámicas. A las 11.30 estamos en la faja de Caldeira de Santo Cristo, considerada la mas famosa de San Jorge. Posee una laguna de agua salobre donde se crían almejas y ha sido declarada como Área Ecológica Especial. La Faja de la Caldeira de Santo Cristo es un fenómeno geológico resultante del deslizamiento de tierras y se clasifica como Lugar de Importancia Internacional por conservar un sistema lagunar único.  Este aislado caserío cuenta, como no, con un minúsculo cementerio que parece abandonado al estar invadido por la maleza. Una sencilla placa sobre su puerta homenajea a los “caldeirenses” aquí enterrados (RIP).

Tienen también una desproporcionada iglesia, un bar y quizás hasta un restaurante. Pero nosotros no entraremos en su “núcleo urbano” y nos limitaremos a charlar al paso con algunos vecinos pues nos interesa mas seguir camino adelante, al encuentro de nuestros deseados amigos.

El sendero se hace más atractivo al iniciar el rápido ascenso hacia la estribación montañosa de Urze. A las 12.45 después de subir una buena pendiente llaneamos hasta llegar a un puente bajo el cual discurre un   arroyo, cerca de unas casas de labranza y decidimos esperarles aquí.

Es posible que éste sea el sendero mas frecuentado de las Azores pues vemos pasar muchos caminantes, la mayoría extranjeros, entre los que vemos una treintena de jóvenes. De repente el cielo se oscurece y cae un fuerte “palo de agua” y no nos sirve la protección que dan  los árboles. La lluvia se torna luego intermitente hasta que por fin, cuando nos ha mortificado lo suficiente cesa y, como compensación, nos muestra un rejuvenecido paisaje al que le han lavado la cara, mucho más hermoso.

Por fin vemos a nuestros amigos que nos saludan agitando las manos desde lo alto, aún lejos, e impacientes decidimos subir a su encuentro. A las 14.10 tiene lugar el agrupamiento en una empedrada pendiente y es entonces cuando sucede lo inesperado. Jesús, al saludarnos pierde posiblemente la concentración y resbala al pisar una piedra mojada; cae al suelo en una mala posición y se disloca el hombro derecho.

Con gran entereza se coloca el turbante saharaui a modo de cabestrillo y apoyándose en mi hombro, iniciamos el regreso hacia el coche que está a unos 5 km. El camino es pedregoso con escalones y desniveles y esa misma postura logra que se le encaje el brazo en su sitio de nuevo. En el último paseo que hice con Jesús en Tenerife (la bajada hacia Roque Bermejo) me torcí un tobillo y vengo arrastrando esa lesión que me limita y que a punto estuvo de privarme del viaje. Jesús me dice que pensó que aquí quizás tendría que echarme él una mano y mira por donde soy yo quien se la echo a él.  (Cosas veredes, amigo Sancho)

Pero el dolor no le ha desaparecido pues necesariamente le ha quedado un desgarre muscular y por eso tan pronto como llegamos al coche, rechazando la ayuda de las antipáticas motos para evitar traqueteos, nos vamos todos rápidamente en busca de un Centro de Urgencias.  A pesar de que pasaremos por Calheta, Jesús prefiere ir al servicio de Velas, al suponer que, al tener la capitalidad, estaría mejor dotado.

Y debo romper una lanza en favor del servicio de salud azoriano al que erróneamente suponía peor que el canario pues, aunque la doctora se  parecía al personaje del Pulgarcito, Doña Urraca, por su nariz, gafas y  moño, actuó con profesionalidad y le mando hacer unas radiografías.

Se las hicieron de inmediato y el soporte fue un CD, no esas engorrosas láminas a las que estamos acostumbrados. Se demostró en ellas que  no había roturas y que el hueso estaba en su sitio y mando a un sanitario a que le pusiera un calmante, amen de recetarle cremas y medicamentos. Le dio una carta para que fuera al fisioterapeuta por la mañana pero al saber que “morábamos” en Calheta, le citó en ese ambulatorio pues ella estaría allí por la mañana; lo vería y hablaría con ese profesional.

La farmacia estaba al lado pero ya estaba cerrada y a pesar de que en San Jorge sólo hay, al parecer, dos farmacias, éstas tienen un número de teléfono en la puerta al que se llama vienen enseguida, como así fue. A las 8.30 estamos de regreso en Calheta mucho más relajados pues a pesar del susto recibido, podemos decir que hemos corrido con suerte ya que se ha resuelto felizmente la situación. Es evidente que Jesús ha mejorado notablemente y, aunque con molestias, se muestra optimista.

Lo celebramos durante la cena brindando por él y por la magnifica sopa con su correspondiente y descomunal bandeja de pescado fresco y variado que le acompañaba y que, tal como suponíamos, estaba mucho mejor ahora que al desayuno. De ello, yo, como notario mayor, doy fe.

7º día, miércoles, 19 de agosto de 2009, Quarta-feira. Tras el necesario desayuno, mientras Jesús se acerca al “Centro de Saude” que está a 200 m. el resto nos acercamos al Parque Florestal Silveira para dar un corto paseo y que Cande y Marco la conozcan, aunque sea brevemente. Jesús viene satisfecho pero, aún “descoñatado” sigue jodelón y ya nos mete prisa para salir a cumplir “la hoja de ruta” prevista que incluía el caminar hoy hacia el Pico de la Esperanza por lo que hacia allá vamos. Este Pico  con sus 1083 m. es la mayor altura de la sierra que a manera de columna dorsal divide la isla y desciende hasta el Atlántico en verdes acantilados, que adquieren mayor altura y gravedad en su mitad norte. En los acantilados de la vertiente sur destacan la presencia del liquen tintóreo de la urzela. De ese liquen deriva el nombre de Urzelina, una  localidad situada en la zona residencial más apreciada de San Jorge.

Desde el Pico se verían las otras 4 islas de este grupo, pero hoy llovizna y las alturas aparecen cubiertas por una espesa masa de nubes. Tras llegar a sus inmediaciones por una preciosa aunque estrecha carretera jalonada de macizos de hortensias, no hay otro remedio que volvernos. La mente del “sherpa” se pone en marcha y decide cambiar el paseo de mañana para hoy, encaminándonos hacia la parte occidental de la Isla: Ponta dos Rosais y como es justo y necesario, nuestro deber y salvación  sin rechistar, hacia allá vamos, pues no valdrán ni excusas ni pretextos. (En algún momento pareció oírse unos murmullos que decían: Jesús, dimisión. Jesús, escucha: estamos en lucha ó Los senderistas unidos jamás serán vencidos, que fueron acallados o simplemente ignorados y eso gracias a doña democracia que sino serían duramente reprimidos).

Como quiera que fuese, pasamos el pueblo de Rosais y seguimos hasta las casas de la Ponta, aparcando el coche donde acaba el asfalto para empezar a las 13 horas el paseo que no hace pasar a la vera del Monte Trigo que hace mención de esta tierra como tradicional granero isleño. Es un delicioso paseo por la verde campiña en la que pacen cientos de vacas y a las 14,45 nos desviamos brevemente para alcanzar el mirador Vigía de la Baleira (ballena) desde donde, efectivamente, alcanzamos a ver las islas de La Graciosa, Pico, Faial y Terceira: ¡Una gozada, usted!

Aquí comemos algo y volvemos a  la senda para llegarnos a la punta en donde hay una destartalada torre que quizás aún sirva de faro pero que aparece completamente abandonada. Solo se ve una linterna en su remate final no sabemos si funcionando automáticamente. El resto de las edificaciones, puede que militares, están todas ellas arruinadas.

Recorremos el perímetro en el que aún se ven viejas alambradas y nos alongamos con cautela al acantilado para gozar de una impactante imagen. A nuestros pies, un batallador mar golpea incansable la dura roca que, a manera de proa, penetra en sus dominios y logra horadarla. (Después del terremoto de 1980, la Ponta de Rosais donde se encuentra el faro corre grave riesgo de desplome y por ese motivo fue finalmente abandonado pues el cabo se desgaja en agrestes agujas y ocultos bajos)

Retornamos al coche y quien conozca a Jesús habrá adivinado que no lo haremos por donde vinimos, así llegado a un cruce a la izquierda nos desviaremos hasta rodear varias montañas. Como pírrica venganza al cruzarnos con ganado “echado”, Fran y yo hacemos que se levanten.

El paisaje es agrícola y está dominado por los pastizales que, ante la falta de piedras (aquí las erupciones fueron de cenizas), tuvieron que ser cerrados con setos vivos de hortensias que se extienden por 30 km2.

Por fin llegamos al agradable Parque Florestal de Sete Fontes en donde hacemos una parada. Aquí hay una pila bautismal de piedra y una capilla dedicada a San Roque. El parque se integra en una reserva que afecta la parte occidental de la isla, incluyendo la Ponta dos Rosais.

El parque está configurado por alamedas de azaleas de varios colores y árboles como hayas de la India, camelias, plátanos, pinos helechos, etc. En la rotonda, sobre una reproducción de la isla, han colocado un bote ballenero y un panel de azulejos tiene una escena sobre la inmigración. Algunos se sientan y otros “golifiamos” un rato. Yo me separo un poco y cuando vuelvo a la rotonda no los veo en el lugar y como había oído a Jesús que pronto volvíamos al coche, pensé que estaban ya de camino. Di algunas voces y como no había cobertura telefónica supuse que ellos iban delante y eché a andar con dirección al coche. Fue un error del que pedí disculpas luego pues cuando ellos volvieron de ver los gamos se preocuparon al no verme y preguntaban a los transeúntes por mí. La cobertura iba y venia y por fin logramos entendernos. Yo caminé como un tonto por el asfalto hasta llegar al coche y pronto vendrían al  mismo Jesús y Marco. En él vamos a por Fran y Cande. I am sorry.

Regresamos a Calheta vía Velas por la carretera de la costa que pasa por el aeropuerto, Urzelina y Manadas en cuyo mirador de la Punta dos Casteletes paramos para contemplar una bella panorámica y para que Marco haga algunas fotografías. A las 19.45 estábamos en “casa”   donde nos espera otra buena cena y el merecido descanso del guerrero.

 

 

 

Valeriano Pérez

 

 

 

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