Viaje a las Azores. 2/7

Valeriano Pérez
Día 1 jueves. Ya debo comenzar a narrar las vicisitudes del viaje que, como siempre y para una mejor comprensión, separo por días, diciendo que la salida la hacemos por el aeropuerto Tenerife Norte en donde nos concentramos el quinteto y donde nos despide la familia de Jesús al completo, la preciosa Marta incluida.

Me obligan a facturar mi bastón y a entregar a Jose un bote de cerveza que yo iba “a colar” por lo cual, la tierna Marta, se quedó apenada. Nuestro avión, el “Camilo José Cela” de Spanair sale a las 20.25 con todos sus asientos de clase turística ocupados y nadie en 1ª clase lo que aprovecha la tripulación que corren las cortinas y se concentran allí.
A las 12 estamos en la terminar 2 de Barajas y llamamos al buen hotel  “Suites Kris Aeropuerto” de 3* que envían un minibús a recogernos y a las 01,30 estamos en el “sobre” de las dos habitaciones ya reservadas. (Éstas siempre serían una doble y otra triple para Jesús, Fran y yo). El hotel resultó moderno y cómodo con piscina, Internet gratis y un excelente buffet al desayuno y lo mejor: pagamos 120,00 € por los cinco. Quedamos satisfechos por la relación calidad-precio ya que él resto de alojamientos en las Azores no serian nunca ni de lejos comparables, ni por precios, ni por desayunos, ni por comodidad, limpieza o servicios. (Salvando las buenas cenas y la amabilidad de Manuela en San Jorge).  
Así en Terceira pagaríamos: 360 € por 3 días, en  San Jorge: 240 € por 4 días,  en Pico 210 € por 3 días y en  Faial 453 € por otros tres días.

Día 2. Sexta de feira. Después del desayuno en el hotel a las 12,30 volvemos en el mismo minibús al aeropuerto  para salir de Madrid hacia Lisboa a las 14,55 a donde llegamos a las 15,05 (hora de Portugal). Viajamos en el “Alexandre Herculano”, de la TAP, y nos sorprenden con un aceptable refrigerio.
A pesar de que el viaje dura solo 55 minutos nos dan un bocadillo caliente de carne, cerveza, vino, refresco o café y un pequeño dulce, además del periódico. Igual sería en el de Lisboa-Terceira y sin intentar vendernos nada, para vergüenza de Spanair que para mas INRI tiene los asientos más estrechos. ¿Que pasa con España? ¿Cómo no se mima al turista? Al llegar al aeropuerto te ofrecen un folleto informativo sobre la Gripe A y las precauciones que se han de tomar ante esa inevitable pandemia.

Salimos de Lisboa a las 19 hacia Las Azores en el Air Bus 321 Amalia Rodríguez, para llegar al aeropuerto de Lajes, en Praia da Vitoria (Isla Terceira) a las 21,17 (20,17 hora azoriana, una menos que en Canarias) En menos de 24 horas hemos cambiado por 3 veces el  “huso horario”. Durante el viaje nos dan las clásicas advertencias de seguridad, solo en portugués e inglés, por lo que me siento como ese sordomudo a quien ha poco se le negó viajar en avión por no entender las instrucciones. En las Azores, en general, sólo te hablan o te informan en esos dos idiomas

Terceira es la segunda isla mas grande del archipiélago (la tercera en ser descubierta, de ahí su nombre) y sus principales ciudades son Angra do Heroísmo (su capital) y Praia da Vitoria. La Isla tiene 65.000 habitantes y  exporta cereales (especialmente maíz), carne, leche y vacunos.
Angra do Heroísmo hace mención al heroísmo con el que se enfrentó a los españoles en 1580 Las Azores fueron la penúltima parte del imperio portugués en resistirse al reinado de Felipe II sobre Portugal (la última fue Macao en China) Su lema es: Antes morir libres que en paz sujetos. Fue capital de las Azores desde 1766 hasta 1832. El centro histórico de la ciudad es el más monumental y mejor conservado del archipiélago. Posee varias fortalezas y fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1983, después de su restauración integral tras el terremoto de 1980.

A la llegada al “Aerogare das Lajes” falta una mochila de Marco que  quedó en Madrid aunque por suerte llega al hotel la noche del sábado. Aquí nos entregan un coche de alquiler, algo cascado y pequeño, en cuyo corto maletero logramos empotrar nuestro equipaje y en el que, con alguna dificultad por las obras en la autovía que conduce a Angra, logramos llegar a esa ciudad que está en fiestas, sobre las 9 de la noche. La llovizna y las fiestas que mantienen varias calle cerradas al tráfico nos hace difícil dar con el hotel Residencial Zenite, nada recomendable pues resultó cutre y caro, con colchones manchados en los pasillos y un fuerte olor a gas que nos movió a intentar cambiarlo por otro sin éxito. Nos armamos de paciencia y una vez retirados los colchones y después de desaparecer el olor, miramos el “hotelucho” con otros ojos pues, en realidad hemos venido a caminar y aquí pararemos lo imprescindible.
Salimos a cenar y lo hacemos ligeramente no muy lejos de la pensión de forma aceptable y sin más preámbulos nos retiramos a descansar, sin  hacer caso de los toques de la vecina iglesia que desgrana el tiempo.

Día 3. Nos levantamos temprano y antes del desayuno, Jesús y yo damos un corto paseo por una silenciosa Angra que reclama el privilegio de ser la primera ciudad europea nacida en el Atlántico y estar declarada Patrimonio de la Humanidad. Sus calles conservan la arquitectura de otros tiempos con la mayoría de sus calles empedradas de adoquines y sus aceras hechas con esos dados de piedra negros y blancos con los que confeccionan geométricos dibujos, tan característicos de todo Portugal y que llaman la atención. Sus casas resultan elegantes, de escasa altura y con tejados rojos a dos aguas, aunque aquellas del medio rural, a menudo son a cuatro aguas. Resultan también vistosos sus “Imperios”, que son capillas o ermitas, a veces cercanas a las mismas iglesias, donde destaca la sobriedad o el  decorativismo azoriano, siempre rematados por una corona imperial. En los meses de mayo a septiembre son un festival permanente de color y tradiciones seculares. Celebran las fiestas del “Espíritu Santo” con la ceremonia repetida en sus pueblos de la coronación del  “Imperador”.  Esos imperios constituyen una peculiar celebración de origen medieval,  difundida por los franciscanos y la reina Santa Isabel, vinculada con el culto al Espíritu Santo (entre Pascua o Pentecostés y Septiembre). Organizada por aquellos que han obtenido una gracia en un trance (normalmente una enfermedad o riesgo de accidente) consiste en hacer  un acto de agradecimiento por la mediación de la tercera persona de la Trinidad. La celebración acaba con un gran banquete con la ayuda de parientes, amigos y vecinos que aportan dinero o productos del campo.

Otra peculiaridad de Azores es el gusto por las “touradas a corda” de las que se llegan a celebrar en Terceira, entre Mayo y Octubre, hasta dos y tres “encierros” al día para cuyo fin se cría incluso ganado bravo. Es una diversión popular y un medio para entablar relaciones sociales, ligar y hacer negocios. Los ganaderos bajan desde los altos los toros embolados en una jaula a la que acompañan coches engalanados que hacen sonar el claxon. Vienen 7 pastores ataviados con camisas blancas y sombreros y que tiran de una cuerda para mover o detener el toro.

Otra de sus características es el sempiterno verdor de sus campos y rectangulares prados en donde pastan un considerable rebaño de vacas lecheras.  Sus redondeadas colinas también suelen estar alfombradas de pastos, siempre verdes, cuando no cubiertas por una exuberante laurisilva y sus estrechas carreteras frecuentemente se ven flanqueadas por hortensias que cubren además de forma caprichosa otros espacios. Las hortensias o “flores de mundo” son el nombre común de una serie de arbustos leñosos de hasta casi  cuatro metros de altura, nativos de Japón, cuyas flores se agrupan en inflorescencias de color blanco, azul o rosa.
Azores posee una naturaleza preservada sin artificialidad y un bello territorio de baja densidad poblacional que conlleva un alto nivel de seguridad y un ambiente tranquilo, como el del Hierro. De hecho en su paisaje abundan las casas revestidas de piedra de volcán y sus largos y rectos muros. De no ser por su vegetación pensaríamos estar en esa isla .

Tras el exiguo desayuno y de proveernos de bocatas y bebidas para el tentempié en una panadería/dulcería situada frente a la antigua Iglesia del Salvador, a las 10  salimos hacia el centro de la isla por la R3-1 con dirección a la gruta do Natal para hacer el circuito de Misterios Negros.   
El tiempo parece inestable y llegados al inicio del señalizado sendero, la llovizna se hace notar y como quiera que Cande y yo no venimos preparados para ella (yo apenas si traje un ligero suéter), nos vemos obligados a ver partir al trío mientras nosotros nos iremos con el coche hacia la costa de Biscoitos, en busca de un posible baño en su litoral. Pero llegando a la Canada do Caldeiro vemos un pequeño “súper” y compramos su único paraguas y con dos bolsas de basura a modo de chubasquero retrocedemos al punto de inicio del sendero con miras de unirnos al aguerrido trío por donde los habíamos visto introducirse. Un cartel nos informa que este sendero se encuentra en la Serra de Santa Bárbara o Pico Alto, recibiendo el nombre de “Dos misterios Negros” y está formado por cuatro conos volcánicos con una cubierta arborescente de laureles, aceviños, follados, cedros y “uvas da serra”.
El camino o triho es circular y tiene unos cinco kilómetros de recorrido pero la ventaja no nos permite alcanzarlos y aunque, por error, creía que vendrían por donde nosotros avanzábamos, no fue así y tras pasar las cancelas que cortan el paso del ganado, llegamos a la Laguna Negra.        
Vamos por un bello, estrecho e íntimo sendero que en tramos resulta  fangoso y muy resbaladizo, rozando la vegetación que nos empapa con las gotas de la lluvia retenida en sus hojas, ramas y agujas, pues la lluvia vertical cae ya intermitentemente. Fue una “pasada” de sendero. Damos algunas voces que no logran callar la bulla de las aves entre la vegetación y al no obtener respuesta decidimos regresar hacia el coche al que llegamos dos horas después de la salida y allí esperamos al trío.

A las 14.00 horas llegan los pibes y comemos los bocatas y refrescos que traemos para después, como tenemos delante mismo el tubo volcánico o gruta “Do Natal”, entrar en ella. (A 4 € por barba: Fran no tiene). Resultó interesante, aunque sin justificar el precio pagado por entrar.
La hierba no crece bajo los pies de Jesús y pronto nos lleva a hacer otro camino, el denominado “Baias da Agualva” que discurre por la costa norte de Terceira dejando aparcado el coche en Cabouco de Tras. A las 17,25 lo iniciamos el paseo que desciende hasta la orilla del mar hacia Ponta Do Misterio donde nos deja ver unos airosos acantilados que se nos antoja el filo de un cuchillo oxidado o la proa de un navío. El camino, como la mayoría de los de las Azores ha discurrido entre la frondosa vegetación que se atenúa, sin desaparecer, cerca del mar a donde incluso llegan las omnipresentes plantaciones del verde maíz. Seguimos el sendero que sube para luego descender de nuevo al mar en busca de Ponta das Cuatro Ribeiras donde, Cande y yo, nos rebelamos. En efecto, con tal de no bajar para subir de nuevo, decidimos seguir recto y cortar camino cruzando prados, saltando muros y esquivando vacas, hasta enlazar con el sendero señalizado por el que vemos bajar algunos pescadores y por el cual ellos luego subirían necesariamente.     
Ya agrupados salimos al asfalto por Farroco y mientras Jesús va a por el coche que ha quedado no muy lejos, entablo grata conversación con una vecina y sus dos niñas (Natacha y Maria). Ella, amablemente, me invita a refrescos o cerveza y yo le acepto un vaso de su fresca agua.  Viene Jesús con el coche que tiene con una rueda medio desinflada y buscamos una gasolinera para darle aire. El dueño nos dice que está inservible y él mismo nos pone la de repuesto, no queriendo aceptar dinero alguno por el trabajo y es que la amabilidad es norma azoriana.

Regresamos a Angra sin prisas, por una bella carretera de medianías, deleitándonos con la contemplación de esos pequeños pueblos, caseríos más bien (exentos de casas-cubos) que salpican tan pintoresco paisaje. La llegada al hotel se ve dificultada por la celebración callejera de una Tourada a Corda pero no nos fue posible aparcar para presenciarla. Ya en el hotel y tras el preceptivo aseo pedimos consejo y nos envían a cenar al restaurante del Hotel Beira Mar que dispone de una atractiva terraza sobra la rada del puerto y donde comemos aceptablemente. La vista sobre el iluminado “Monte de Brasil” es magnífica y la llegada a Angra por mar es fascinante y eso lo comprobaremos posteriormente.

Valeriano Pérez

 

Fotografias:  Marco Antonio Otero

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