Viaje a Francia y Bélgica. 8/8

Valeriano Pérez
Día nº 10: Nos levantamos temprano y tras desayunar dejamos Nimes por la A9-E15 y bordeando Montpellier -patria chica de San Roque que es venerado en el sur de Europa como abogado contra la peste- y la ya visitada Béziers. Eran las 10 cuando llegamos Perpiñan, a 200 km.

Perpiñan -Perpignan en francés y Perpinya en catalán- tiene 107.000 habitantes. Es una ciudad meridional de Francia situada a orillas del río Tet que  conserva la catedral gótica de San Juan construida entre 1324 al 1509 y la iglesia gótica catalana de San Jacques –Santiago- del siglo XIV.

Como hacemos siempre, damos un largo paseo urbano y nos acercamos al Palacio de los Reyes de Mallorca. Al sur de la ciudad, en posición dominante, se alza la ciudadela, cerrada por seis poderosos bastiones. La construyó Luis XI sobre unos muros medievales anteriores. En el centro, rodeada por un foso, se alza la fortaleza del Palacio de los Reyes de Mallorca, reformado en el siglo XIV con traza gótica catalana. Una puerta en la torre de piedra da acceso al interior del patio de honor rodeado por galerías y arcadas con escalinatas monumentales por las que subimos, y por una estrecha escalera llegamos a la terraza mirador desde la cual se domina una espectacular panorámica sobre la ciudad.     
En la ciudad hay una exposición que conmemora el 70 º aniversario de la retirada al exilio de cientos de miles de republicanos españoles que, huyendo de Franco, se instalaron  en masa en estos Pirineos Orientales.

A las 12.25 nos vamos, pues ya habíamos decidido almorzar en España, hartos de la cocina francesa, tan refinada ella: ¡donde esté un buen potaje de verduras de Mamá Lola! -no creí nunca llegar a decir esto-. En media hora escasa atravesamos la frontera y sin buscar demasiado nos detenemos en el primer restaurante que vimos en La Junquera.
La suerte nos acompaña pues hemos recalado en “El Buffet Libre La Junquera S. L.” el mayor establecimiento de este tipo que he visto en mi vida. En la entrada un letrero nos avisa que tiene más de 175 platos distintos para elegir -imagino que contando bebidas y postres- y por la gente que hacia cola para entrar, supusimos que éste era el sitio idóneo.

Costaba 15 euros y casi ni pagamos pues Enrique entró por el bar al servicio y yo le seguí y nos vimos dentro del cotarro. No íbamos con mala idea y no queríamos aprovecharnos de nada, así que se lo dijimos a la “Jefa”, quien nos dijo que saliésemos a pagar y que la buscásemos.
Al parecer el procedimiento era pagar y esperar a que ella te lleve a tu mesa y te traiga los cubiertos, único instrumento que no está a la vista. Luego solo quedaba ir hacia las grandes mesas preparadas a por las comidas y bebidas preferidas y te sirves cuanto y cuantas veces quieras. El único dilema era el que elegir entre tanta variedad, sobre todo de postres, pues el repertorio era infinito y así veíamos como las señoras se olvidaban de su dieta y venían y cargaban y al rato volvían a por más. Esto era la versión moderna de Sodoma y Gomorra en cuanto a la gula.  

Después de comer y beber muy aceptablemente, giro la cara hacia el país de los gabachos y sin apenas darme cuenta, casi inconscientemente levanto el dedo corazón hacia allí, en un feo gesto, preciso y definitorio.
Debo aclarar que me estoy refiriendo solamente al sistema alimentario a sabiendas de mi conocida inquina contra todas las comidas foráneas, y admitiendo que en materia de paisajes, tanto rural como urbano, el país que hemos visitado merece un diez. Ante tanta riqueza me quito el sombrero, en caso de tenerlo, y espero y deseo volver pronto a visitarlo.

A las 15.00 horas dejamos la providencial Junquera y seguimos caminito de Barcelona y como no llevamos prisa cogemos el itinerario vistoso para entrar en el Hotel Balmoral de 4 estrellas, ubicado en Vía Augusta nº 5,   que nos va cobrar 56€ por 1 noche con desayuno, pero valdrá la pena.
Como siempre, nos instalamos y salimos a recorrer la ciudad condal en un largo paseo que nos llevará hasta Las Ramblas, ese emblemático lugar que siempre me ha fascinado con sus “mimos” sus puestos de flores y ese constante movimiento de gente que pasea de arriba abajo.
Saludamos a Colón y seguimos por su largo paseo hasta el Palacio de Correos. Luego derivamos hacia el exótico barrio gótico que también se ve muy animado y comemos en uno de sus muchos bares populares.
Tras más de dos horas de pateo urbano por una animada Barcelona que nunca nos defrauda, regresamos al Balmoral a las 10 de la noche.    

Día nº 11: A las 6.30 estamos en pie y sin  desayunar, a las 7.00 salimos rumbo al aeropuerto y nos metemos en el denso tráfico mañanero. La salida resulta complicada y así para cubrir una distancia de tan solo 8 km. tardamos una hora, si bien tuvimos que localizar antes una gasolinera para rellenar el tanque, requisito previo para la entrega.  
Pero estamos dentro de la hora correcta de entrega y nos sentimos aliviados cuando el encargado da su visto bueno sin examinar mucho el vehículo, pues teníamos duda si lo cogimos con un roce que ahora está a  la vista. La entrega se hace tras haberle hecho un total de 3.231 km.   

Llegamos con bastante tiempo para tomar el vuelo que sale a las 11.35 por lo que facturamos y nos vamos a desayunar sin prisas. Nuestro vuelo es el JK5234 con llegada a Tenerife por el  aeropuerto del norte. Pero no llaman para embarcar y acumulamos un retraso de una hora y al asomarnos a la pista de aterrizaje vemos que a nuestro avión le están revisando una de sus alas la cual vemos parcialmente desmontada.
La visión es ingrata y crece nuestro nerviosismo acerca de la seguridad del aparato pues aún está fresco en la memoria el terrible accidente, de Spanair, con 153 muertos, el día 19-08-08 en vuelo a Gran Canaria

Por fin nos autorizan a embarcar  y el vuelo se realiza sin incidencias por lo que a las 14.40 llegamos a Los Rodeos, donde nos espera el amigo David. Son muchas las imágenes que quedarán indeleblemente registradas en ese archivo prodigioso que es el cerebro humano,
Confío en que tendré material de este exitoso viaje durante largo tiempo y que sus recuerdos me servirán, como sí en realidad viajara dos veces. Para evocarlas y para refrescar cuando sea precisa esa memoria, sirve también este mal trazado escrito en el que se reflejan esas vivencias.

Valeriano Pérez

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