Viaje a Francia y Bélgica. 6/8

Valeriano Pérez
Día nº 8:  Desayunamos y nos vamos en dirección a Reims que está a 211 Km.  Hacia las 9 –una hora más tarde- entramos en territorio de Francia de nuevo pasando por Bouchain -donde hay una central nuclear- San Quentin y Laón, y llegamos a Reims a la hora del Ángelus.

 

Reims Es una importante ciudad artística que se extiende a lo largo de la orilla izquierda del Vesle, en la árida llanura de Champagne, donde se produce ese famoso vino espumoso, el más celebre y festivo de todos. Reims, la antigua Durocortorum, fue capital de los Rémi, una tribu gala, y tiene 190.000 habitantes. El cristianismo llegó a la ciudad en el siglo III y durante la I Guerra Mundial fue objeto de bombardeos por parte de los alemanes que provocaron la destrucción parcial de la catedral, reconstruida gracias al filántropo americano Rockefeller. El siete de mayo de 1945, durante la II Guerra Mundial, se firmaría aquí la rendición de los ejércitos alemanes ante los ejércitos aliados.    

Reims cuenta con cuatro inscripciones en la lista del patrimonio de la Humanidad: la Catedral de Notre-Dame, el Palacio del Tau, el Museo de Saint-Rémi y La Basílica de Saint Rémi y solo veremos las primeras. Pero antes de lanzarnos a ellas, buscaremos donde almorzar, y lo hacemos muy cerca de la catedral en un “sitio rápido” en donde la amable dueña aún tiene la cara colorada como un cangrejo, según nos dijo, del sol que cogió en su reciente visita a Las Palmas: pues agua y ajo. Haber venido a  Tenerife.
Después de la “pitanza” nos acercamos a la Catedral de Notre Dame, obra maestra del arte gótico que data del siglo XIII. En el año 596 se bautizó en Reims, en la primitiva iglesia que estaba en el lugar que hoy ocupa la catedral, Clodoveo I, el rey franco fundador de  la monarquía nacional francesa. Lo hizo por influencia de su esposa Santa Clotilde y desde entonces ha sido el escenario cristiano de 25 coronaciones reales.  
Como hacemos siempre en edificaciones similares, sobre todo estas que son tan singulares y que encierran tanto arte, le hacemos una visita para llegarnos luego al anexo Palacio de Tau, residencia de los obispos y luego de los arzobispos de Reims y que en la actualidad es un museo.     

Reims es también la ciudad del champagne y aquí tienen su sede ocho de sus grandes marcas que promocionan sus productos realizando una serie de visitas guiadas a sus viñedos en los que ofrecen degustaciones -no gratuitas-. Pero nosotros somos más de sidra, sobre todo la de granel asturiana, y el champagne no nos atrae, mucho menos si hay que pagar. Un último paseo y a las 15 horas nos vamos, siguiendo la A26-A17 que discurre por unas inmensas y fértiles llanuras y nos hace pasar por Troyes -otra central nuclear- y tras recorrer 292 km, llegamos a Dijón a las 18 horas, donde localizaremos el hotel Des Allées Logis de France. 

El hotelito se halla en una hermosa y tranquila zona residencial, una  avenida a la que se asoman hileras de señoriales casas de tres plantas, todas ellas rodeadas de unos atendidos jardines de buena presencia. Una de ellas es nuestra provisional residencia y aunque las habitaciones no se correspondía con el rancio abolengo de la fachada, en conjunto  fueron suficientes, si bien echaríamos de menos las dimensiones de las camas, éstas de un solo cuerpo en contraposición con las de Bruselas,  y la atención de la joven recepcionista resultó extremadamente amable. Tan pronto nos instalamos le pedimos un mapa y salimos al galope pues queremos aprovechar el tiempo y conocer algo de esta ciudad.

Dijon es la antigua Castrum Divionense, la pequeña ciudad romana de Divio. Ciudad de la Francia Central con 152.000 hab. y puerto situado en la confluencia de los ríos Ouche y Suzon con el Canal de Borgoña. Salimos pues de la avenida y cruzamos la Plaza Wilson en cuyo centro se halla una atractiva fuente que realiza vistosos juegos de agua y nos internamos por la Rue Chabot lleva hasta la Plaza del Teatro, a cuya derecha queda la Iglesia de San Miguel que aparece cerrada. Cerca, a la izquierda, queda la hermosa plaza de la Liberación a la que da cara el Hotel de la Villa (Ayuntamiento) de atractiva construcción en donde nos colamos y casi somos testigos de una boda francesa en la que se aplaudía y jaleaba a los contrayentes no se porqué ni para qué. El Palacio de Los Duques de Bourgogne está precedido por La Plaza de La Liberación, antes Plaza Real que está rodeada de esos edificios que forman un hemiciclo coronado con bellas balaustradas de piedra. El entorno resulta muy agradable y nos acomodamos en la terraza de “la Brassería des Gran Ducs” en donde cenaremos, esta vez algo mas enjundioso, pues no tenemos prisa y el menú parece muy apetecible. Además hay un atento camarero que habla español y que nos aconseja sobre quá platos del menú pueden resultarnos más agradables.
Mientras estamos en ese lugar pasan un grupo de chicas que se nos acercan. Una de ellas lleva parte de un traje típico y en la cabeza una singular diadema rematada con un pene de plástico. Al sabernos españoles se adelanta una de ellas y nos explica que están pidiendo para la despedida de soltera de la “trajeada”. A cambio nos darían una sardina prensada o una flor de plástico. Es obvio suponer qué elegimos.

Después de la cena reanudamos nuestro paseo siguiendo un itinerario marcado por pequeñas placas de cobre que representan una lechuza -símbolo de la ciudad- que se suceden por las aceras y que nos llevan hasta la Iglesia de Notre Dame, obra maestra del gótico borgoñón. La iglesia es un singular edificio del siglo XIII con una original fachada en cuya parte superior se ven tres espléndidas cornisas ornadas con figuras mitad animales y mitad humanas de fascinante contemplación. Sobre el crucero se levanta un cimborrio piramidal y junto a la torreta derecha está el célebre Jacquemart” (un conjunto de 4 figuras que dan las horas) pero que debe de estar averiado pues esperamos y no funcionó.      

Seguimos otros itinerarios guiados por la lechuza y pasamos por una vieja taberna en la que se rodaron escenas de la película inspirada en la vida de Cyrano de Bergerac ese espadachín de larga nariz y basada en la obra dramática en verso escrita por Edmond Rostand en 1898. Seguimos por la Rue de la Liberté, la arteria comercial mas animada de Dijon y llegamos hasta la plaza Darcy donde aún  perdura la puerta  Guillaume, arco triunfal construido en 1788 En su lado opuesto se abre la glorieta Darcy, un jardín con abundante vegetación y cursos de agua  en cuya entrada se ha colocado la popular escultura del Oso Blanco.

A las 22.20 horas volvemos al hotel pues ya son horas de descansar tras otro ajetreado día en territorio galo y aún queda otra noche más en Nimes.

 

 

Valeriano Pérez

 

 

 

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