Viaje a Francia y Bélgica. 5/8

Valeriano Pérez
Día nº 6: Como siempre nos levantamos a las siete y después del abundante desayuno eran sólo las ocho de la mañana cuando salíamos de París por la A1 atravesando un magnífico paisaje de verdes llanuras. Cruzamos varias poblaciones, algunas importantes, sin ver casi grúas o andamiajes que nos señalasen que había obras en ejecución. Siempre tuvimos la sensación de que todo estaba ya hecho.

Avanzamos por una buena carretera (casi siempre lo eran) hacia Lille, que está a 230 km., y allí llegamos a las 11. Aparcamos pagando lo marcado y “hacemos el primo” pues hoy es fiesta nacional y no había  obligación.
Lille es una floreciente urbe con una curiosa avenida en la que destacan unos gigantescos bebés-dinos negros con cola de saurios. Paseamos un rato por Lille, al tiempo que vamos mirando donde parar a almorzar, recalando en “Le Rallye”, en la Plaza de la gare, en donde comemos regular. Más tarde vamos en coche hasta la ciudadela y mientras Enrique descabeza un sueño, yo doy un largo paseo alrededor de la misma. En las inmediaciones hay montado un buen recinto ferial y me acuerdo de mi nieto y lo bien que lo pasaría con estas atracciones.
Lille, ciudad del Norte de Francia, a orillas del río Deule, está  próxima a la frontera con Bélgica y tiene 227.000 habitantes. Es la capital del Flandes francés y permaneció durante dos siglos bajo dominio español.

A las 15,30 horas dejamos Lille y salimos para Bruselas (Bélgica) a 112 km. para llegar dos horas después y el GPS nos lleva sin dilación al mejor hotel, con diferencia, de nuestro viaje, El Brussels de 4* que está en la bella avenida Louise nº 315.  (152,20 € los dos días con desayuno). El hotel, aunque céntrico, está en una zona tranquila y residencial, sin ruidos, y eso que pasa por delante un tranvía, pero circula sobre ruedas

Y al igual que hicimos con Francia haremos un resumen de este nuevo país en el que nos hemos adentrado: la Bélgica de nuestra reina Fabiola (Koninkrijt Belgie en flamenco  y Royaume de Belgique en Francés). Junto a los Países Bajos y Luxemburgo forma el Benelux. Su máxima longitud es de 282 km  y su anchura de 145 km. Su superficie es de 30,528 km2, (11.000 km2 más pequeña que Extremadura) y su población es de 10.500.000 hab.  Su idioma es el Flamenco, el Francés y el Alemán.
Administrativamente está dividida en: Región de Bruselas, Flandes y Valonia y su ciudad más importante es Amberes (500.000 hab.)  Sus ríos principales son el Escalda (Scheldt) y el Mosa y ambos nacen en Francia siendo navegables en su mayor parte a su paso por Bélgica.

Bruselas (en holandés, “aldea de pantanos”) tiene 150.000 habitantes y se halla a  orillas del río Senne (un río que apenas se ve) caracterizándose por su elevado número de bulevares arbolados, magníficos jardines, la cantidad y delicadeza de sus monumentos y otros hermosos edificios. Es sede de importantes organismos internacionales como la Unión Europea y la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte). El centro de Bruselas se organiza en torno a la Plaza Mayor, o “Grand Place” con bellos edificios del siglo XVII, las casas gremiales y el Ayuntamiento del siglo XV la cual localizamos de inmediato, gracias al plano que nos facilitaron en el hotel tan pronto nos hubimos instalado.

Es quizás la plaza mas hermosa que he visto en mi vida. Una auténtica  maravilla hacia donde quiera que dirijas la mirada y un verdadero derroche de arte. Su torre central me parece una gigantesca custodia de esas que pueden verse en el Corpus y ante ello, he de preguntarme: ¿que querían estos locos colocando en tan corto espacio tanta belleza? Destaca también sobremanera la catedral de San Miguel del siglo XIII de estilo gótico y famosa por sus extraordinarias vidrieras, la iglesia de Notre Dame y la de Saint Jacques. De estilo civil están el Hotel de Ville, el Palacio Real, el Palacio de la Nación, el de Justicia y de La Bolsa.    

La tarde es joven y paseamos por el casco antiguo de la ciudad durante largo rato y como todo “guiri” que se precie nos fotografiamos delante del Maneken Pis y compramos chocolates en cajitas metálicas en forma de casitas típicas que nos la cobran como si dentro hubiese oro molido. Las calles están muy animadas y los bares y terrazas se ven llenos de gentes que se resisten a retirarse. En uno de ellos cenamos ligeramente y cuando nos parece oportuno emprendemos el regreso al hotel por un itinerario diferente para variar y usando un ascensor público gratuito.

Día nº 7 Como el que madruga c.d.q., a las 8, ya desayunados, nos vamos caminito de Gantes (Gent) que está a 60 km y a las 9 llegamos y aparcamos cerca de la plaza de Saint Baafs Pleinr, centro de la ciudad. Nos vamos a dar un largo paseo por esta ciudad de Gantes que resultó  atractiva y concurrida. Por el río se ven barcos con turistas que lo navegan pero nosotros nos vamos a limitar a mirar y pasear sin  prisas.

Gantes está  situada en la confluencia de los ríos Lyz y Escalda en cuyas aguas se reflejan las elegantes fachadas de sus típicas casas con sus tejados inclinados y sus fachadas de encajes, como de muñecas. Es  la antigua capital de los condes de Flandes y ciudad natal de Carlos I. Desde el puente de San Miguel se ven las tres famosas torres de la ciudad: El Campanario de la catedral de San Bavón, la torre de la Atalaya, llamada Belfort y la torre de la Iglesia de San Nicolás. Nuestro pasear por sus coquetas calles y plazas nos lleva hasta el patio del castillo medieval de los Condes Luego por la catedral de San Bavón que visitamos y vemos una copia del famoso cuadro “La Adoración del Cordero Místico” y algunos otros que nos parecieron muy notables, sin darnos de expertos. La Catedral, en su conjunto, también nos lo parece.
En general Gantes me gustó y cuando nos cansamos de caminar por su casco antiguo que aparece repleto de monumentos históricos de muy buena presencia, rescatamos nuestro dócil León y nos vamos a las 12 h.

Bruges (Brujas) está a solo 45 km. pero antes de entrar en la ciudad le pedimos a nuestro servicial aparato que nos busque un restaurante y ni corto ni perezoso nos lleva al Campanil. Es a la vez un hotel tranquilo situado en una privilegiada zona donde comemos aceptablemente, tipo buffet, y el binomio calidad-precio resultó satisfactorio. A las 14,30 hacemos nuestra entrada en Brujas (en flamenco Brugge) la capital de Flandes Occidental que conserva importantes edificios medievales construidos entre los siglos XII y XII. Es el tercer puerto de Bélgica y está unido al mar del Norte por una densa red de canales. Buscamos donde aparcar y nos costó Dios y ayuda encontrar un hueco  disponible y por supuesto no gratis debiendo pasar por calles estrechas en donde el coche roza sus bajos en los  romos bordillos de sus esquinas.
Brujas es Patrimonio de la Humanidad y nuestro primer destino será la oficina de Información y Turismo y para ello hemos de cruzar varias plazas y calles demasiado concurridas para nuestro gusto. La ciudad se parece a la calle de San José o del Castillo en Carnavales  y en la oficina de turismo no son muy amables. El mapa cuesta 0.50€ y un libreto 2€, por lo que, sin restarle importancia, me ha decepcionado.
A Brujas se le ha llamado “La Venecia del Norte” por sus “reien” o canales medievales que atraviesan la ciudad y por los cuales vemos navegar todo tipo de barcos en cuyas estrechas bancadas se apretujan decenas de aborregados turistas llevados por unos pseudos gondoleros. Todos estos canales que comunicaban la ciudad con el cercano Mar del Norte, fueron en la Edad Media de una gran importancia comercial. Pero nosotros nos limitaremos a pasear aquí y allá y mirarlo todo y así nos acercaremos a la Plaza Mayor (Markt) construida en el siglo XIII en la que destaca uno de los monumentos mas notables de la ciudad, el Campanario con sus 83 m. de altura y sus 47 campanas de bronce. Luego seguimos hacia la plaza “Burg” donde se levanta su magnífico Ayuntamiento gótico obra del siglo XIV, la Basílica románica de la Santa Sangre, el antiguo palacio del Brugse Vrije y el Prebostazgo, los cuales prestan a esta emblemática plaza su extraordinaria fisonomía. Pasamos también por la Catedral de San Salvador, la iglesia parroquial más antigua de la ciudad y que hoy en día está en un plano inferior debido a que en la Edad Media los residuos domésticos eran tirados directamente a la calle y aplastados por el paso de los carruajes.

Dejamos Brujas cuando son las 17.15 y una hora más tarde estamos a las puertas de Ostende (Oost/ende=final del oeste en neerlandés) que dista solo unos 25 km. en la provincia de Flandes Occidental y ubicado a orillas del Mar del Norte, siendo el primer puerto pesquero del país.

Ocupada por España, Francia, Holanda, Ostende es belga desde 1830, En la actualidad  tiene 68.000 habitantes y aunque es un lugar turístico muy famoso, en sus orígenes fue una aldea de pescadores fundada en el siglo IX. En 1445 fue amurallada y en 1583 fortificada por los Oranges. Entre 1601 y 1604 los tercios españoles la sometieron a un duro asedio hasta la rendición de los flamencos. Durante la II Guerra Mundial  sirvió como base de los submarinos alemanes hasta que los británicos hundieron un barco en la entrada del puerto, logrando bloquearlo. Callejeamos por la ciudad pasando al pie de la catedral de San Pedro y San Pablo y nos acercamos a la playa de fina arena blanca y para dar fe de nuestra estancia en este punto, metemos nuestras manos en las frías aguas del Mar del Norte testigo de tantos acontecimientos navales. Caminamos  un largo rato por esa playa y luego por la avenida que da al mar para luego dirigirnos a la zona portuaria que no queda lejos. Tiene un coqueto puerto ocupado por barcos de pesca y de recreo cuya salida al mar se regula por compuertas que se vacían o llenan al efecto. En él vemos un airoso navío de tres palos, El “Mercator”, que fue buque escuela y se conserva en su estado original. Ahora alberga un museo náutico con objetos exóticos traídos de sus viajes alrededor del mundo. En él vino repatriado desde Molokai (Hawai-EE.UU.) el cuerpo del Padre Damián (Josef Veuster) misionero católico belga 1840/1889, patrón espiritual de los leprosos, marginados y enfermos del SIDA.
Tras un postrer paseo, dejamos la ciudad y regresamos a Bruselas.

Es de señalar, a modo de protesta, que durante todo este viaje hemos echado de menos las cabinas telefónicas pues son escasas y complejas aunque nosotros lo resolvimos a base de móvil, sensiblemente más caro. Por otro lado, y esta vez no como protesta sino como elogio, he de remarcar el hecho de que no se ven kioscos de loterías, quinielas ni otros juegos de azar como en España.

 

 

Valeriano Pérez

 

 

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