Viaje a Francia y Bélgica. 2/8

Valeriano Pérez

Día nº 3:  Tras el buen desayuno, tipo buffet, damos un tempranero paseo por la ciudad y a las 10 salimos hacia Orleáns, que está a  289 km Clermont-Ferrand, nuestra anterior parada.

Establecemos otra vez un contacto más cercano con la campiña gala en el que destaca el amarillo intenso de las flores de los retamones, en contraste con el verdor de sus agujas y de la arboleda que las precede.

Como ayer, antes de entrar en la ciudad paramos en una concurrida  área de servicio: “l´arche”, pues ya son las 13 horas. Aquí almorzamos medianamente bien y  el binomio calidad/precio resultaría aceptable. Con la barriguita llena y el corazón contento hacemos una entrada triunfal en la bella Orleáns, ciudad que cuenta con 113.000 habitantes y que está situada al norte de la Francia central, a orillas del río Loira.

Ya dijimos que el Loira es el río mas largo de Francia y nace en el macizo montañoso de Cevenas, al suroeste de Francia para pasar por Tours, Angers y Nantes. En su tramo final, atraviesa un estuario de 56 km para desembocar en el atlántico por el golfo de Vizcaya. Durante muchos kilómetros de su recorrido discurre por canales que lo comunican con los ríos Sena y Saona y con el importante puerto de Brest en la Bretaña francesa. El valle del Loira es mundialmente conocido por sus  castillos renacentistas y sus viñedos, pues de esta región provienen muchos de los más afamados vinos de Francia.

Orleáns es la antigua colonia romana “Genabum”. El general Cayo Julio Cesar incendió la aldea celta en el año 52 a.C. y fue reconstruida por el emperador Lucio D. Aurelio, de donde se derivó el nombre de Orleáns. Su monumento más importante es la Catedral de Santa Cruz, un bello edificio neogótico del siglo XIII. Sus torres (que datan del 1708) miden 81 m. Su aguja del crucero (de 1858) 106 m. Fue destruida en 1567 por los hugonotes y reconstruida por Enrique IV, Luis XIII y Luis XIV.

“Hugonotes” es el nombre de los protestantes calvinistas de Francia que sostuvieron con los católicos una guerra religiosa de casi 40 años en el siglo XVI y la ciudad de Orleáns fue su bastión mas importante. La catedral fue asediada por los ingleses entre 1428-1429,  en el transcurso de la guerra de los 100 años. Pero la heroína francesa Juana de Arco (llamada “la doncella de Orleáns”) consiguió su retirada. En su interior se conserva un monumento erigido a su memoria y las vidrieras inferiores guardan pasajes de las etapas de su vida. Cerca de la catedral se halla su casa.

Dentro de la catedral vemos un monumento funerario con una placa  que reza así: “Al más de medio millón de americanos que dieron su vida por Dios, el País y la Libertad, durante las dos guerras mundiales (1914/1918 y 1939/1945) de los que, 67.581, reposan en tierra francesa”.

Seguimos por una grata avenida que discurre paralela al río Loira y nos extasiamos viendo como las andoriñas rozan con sus alas las aguas, esas mismas aguas que van a morir al lejano Atlántico. En uno de esos monumentales puentes que cruzan el río, en el de George V, vemos una señal de Gran Recorrido y nos preguntamos: “¿a donde llevará éste?”.

Tomamos la A10 con dirección a Paris, posiblemente una de las ciudades más bellas del mundo y situada en una región denominada Ile de France, donde reside la quinta parte de los habitantes de Francia.

Como la emblemática capital europea está a sólo 142 km de Orleáns a  las 18.15 estamos en el Hotel Confort Inn de 3* que está en la Rue Lisbonne nº 1, en el extrarradio de la gran urbe, próximo a un cruce de vías y dentro de una anodina ciudad satélite llamada Rosny Sous Bois.

Tan pronto nos instalamos pedimos información al encargado, que nos da un plano del metro/tren y nos indica cómo cogerlo y a dónde ir y, sin mas preámbulos, salimos para tener un primer contacto con París.

La aventura parece algo arriesgada pero Dios protege la inocencia y pronto nos vemos en ese popular medio de transporte para bajarnos en la estación-base de Magenta que nos resultará enorme a nuestro juicio.

A veces por señas y otras chapurreando conseguimos enlazar con la línea que nos interesaba y ya era cuestión de ir mirando las estaciones que pasaban hasta bajarnos en la nuestra, la de Pigalle, en donde al salir a la superficie nos sorprende la lluvia que, por suerte, dura poco.

No sé que impresión le habremos causado al recepcionista pero nos ha mandado a la zona mas erótica de Paris y según paseábamos, por este bulevar iban desfilando la mayor cantidad de comercios del sexo que he visto en mi vida. De improviso, nos topamos de frente con el famoso Moulin Rouge, ese legendario cabaret situado el pie de Montmartre. Y cuál no sería mi asombro cuando veo que frente al mismo se están bajando continuamente pasajeros de autobuses de turismo que dejan a sus puertas una confusa y heterogénea  muchedumbre con predominio de gente “amagada” o de campo que, ni cortas ni perezosas, entra en él quizás para celebrar que precisamente en estas fechas cumple 120 años.

Como es una zona en la que abundan los restaurantes entramos en uno de ellos, casualmente situado frente mismo al cabaret, y sentados cerca del gran ventanal, cenamos algo ligero mientras vemos pasar a la gente

El regreso resultó mas sencillo y en el trasbordo conversamos con una joven que practica el español con nosotros Lo habla con fluidez, pues es descendiente de aragoneses y va a Barcelona y Mallorca con frecuencia, y nos dice que dentro de poco se va de viaje a Sudamérica (Argentina).

 

 

Valeriano Pérez

 

 

 

 

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