Viaje a Francia y Bélgica. 1/8

Valeriano Pérez

Inicio la redacción diciendo que trabajamos con tiempo unos billetes económicos e ideamos un itinerario que en automóvil, vía Barcelona, nos permitía conocer, aunque sea por encima, 10 ciudades de  Francia: Béziers, Clermont Ferrand, Orleáns, París, Lille, Reims, Dijón, Lyón, Nimes y Perpiñan y cuatro belgas: Bruselas, Gantes, Brujas y Ostende.

Y llegó el día de la partida y, como hago siempre, resumiré nuestra aventura por días:

Día nº 1: La salida la hacemos por el Reina Sofía y a las 19,35 despega nuestro A320 con muchos asientos desocupados por lo que elegimos esos asientos que resultan más cómodos, de las salidas de emergencia. Cuando nos apetece, sacamos los bocatas y frutos secos  que traíamos  para “matar el gusanillo”. Traemos muchos y le damos al personal del avión y hasta nos ganamos la amistad de una deliciosa italianita de tres años que a nuestros obsequios responde con un gracioso “grazie mile”.

Teníamos viento favorable de cola y así ganamos 30 minutos por lo que a las 23,30 llegamos al aeropuerto del Prat. Tan pronto tenemos las maletas llamamos al hotel Ciutat del Prat y un microbus nos recoge.

Día nº 2: Nos levantamos a las siete y sin desayunar siquiera volvemos  al aeropuerto en el mismo microbus para recoger el coche en Europcar y nos entregan un Seat León diesel al que le ponemos un GPS. Ese artilugio se hizo imprescindible ya que lo usamos incluso en su sistema peatonal para caminar por las ciudades, para buscar gasolineras, restaurantes  hoteles, para evitar el trafico, los peajes, etc. Salimos pues camino de la frontera pirenaica que cruzamos por la Junquera y tras avanzar largo rato por la fértil campiña gala nos plantamos cerca de la ciudad de Béziers donde paramos para almorzar.

Antes de proseguir la redacción, conviene hacer una pequeña semblanza del país que nos acoge, por lo que diremos que Francia tiene forma hexagonal con una longitud Norte-Sur de 965 km y una anchura de 935 km. Su superficie metropolitana es de 543.965 km2 incluyendo la isla mediterránea de Córcega y tiene una población de 61.000.000 de habitantes. Se divide en 22 regiones que se subdividen en 96 departamentos y tiene además 10 posesiones llamadas de ultramar.

Una serie de cadenas montañosas engloban parte de los Alpes franceses y forman sus límites naturales con Italia y Suiza. La mayoría de esas montañas superan los 3900 m. (El Mont Blanc con 4810 m. es la segunda elevación continental, detrás del caucasiano Elbruz con 5633.)

París, su capital, tiene 2.150.000 habitantes (diez millones en su área metropolitana) siguiéndola Marsella con 800.000 y Lyon con 500.000.

En nuestro viaje cruzaremos muchos ríos pero los  mas importantes serán: El Garona (650 km), El Loira, el más largo (1020 km), El Sena (776 km) y el Ródano (812 km) éste último, el más caudaloso de todos.

Otro río importante es el Rhin pero este es solo en parte francés y baña la ciudad de Estrasburgo, a la vez que sirve de frontera con Alemania. Nosotros sólo cruzaremos 3 de esos 5 grandes ríos y así el Loira lo veremos en  Orleáns, El Sena lo haremos en París y el Ródano en Lyon

Y seguiremos el relato diciendo que Béziers se sitúa en la confluencia del río Orb con el canal del Midi (mediodia), que viene desde Toulouse, paralelo al río Garona y que llega hasta Séte, ciudad situada a los pies del Monte St. Clair, entre el Mar Mediterráneo y La Laguna de Thau.

Este canal se hizo gracias al sueño de Riquet, un modesto recaudador de impuestos de Béziers para unir el Atlántico, o mejor el Garona, con el Mediterráneo a través de un río artificial, logrando así que las naves  francesas no pasaran por el Estrecho de Gibraltar, evitando a los barcos ingleses, a los piratas y a la flota del rey de España que las asaltaban. El proyecto causó risas en la cortes menos al rey Luís XIV. En esa obra trabajaron doce mil hombres durante quince años para excavar el trazado del canal, con un ancho de 18 m. de media y 240 km de largo, resolviéndose el problema del desnivel con 16 esclusas. El 15 de mayo de 1685 el canal se llenó de agua y en 1848 el sueño de Riquet, se hizo realidad.

El interés actual del canal es turístico y los amantes del silencio pueden disfrutar del placer de navegar a 6 km/hora entre hileras de árboles.

Béziers conserva muchas  ruinas romanas, una iglesia gótica del siglo XII y restos de sus antiguas murallas. Su población es de  72.000 habitantes y nos sorprende ver que tiene una coso taurino y no tanto ver en una plaza la estatua de Riquet, el tenaz artífice del canal que le diera fama.

A las 14,20 horas dejamos Béziers y siempre por atractivas carreteras seguimos el viaje pasando cerca de una curiosa “fortaleza” -como la de Chipude- y de un moderno y elegante viaducto que salva un fértil valle en cuyo fondo vemos pequeños pueblos de hermosa e idílica estampa cuyos edificios. en los que destacan las iglesias, tienen techos de pizarra.

En los extensos prados las vacas nos ven pasar, imagino que cansadas de ver siempre esas maquinas que polucionan su grato entorno natural, aunque se dice que ellas contaminan más el ambiente con sus “pedos”.

Pasaban pocos minutos de las seis y tras haber recorrido unos 367 km. llegábamos al apartahotel de 2* “Citéa Clermont Ferrand”. Debemos valernos solos y logramos, siguiendo las instrucciones recibidas, abrir una taquilla con un código y obtener la llave de nuestra habitación. Solucionado el entuerto salimos a dar un largo paseo por la ciudad pues la tarde es aún joven y apetece desentumecer las cansadas piernas.

Clermont-Ferrand está situada en la llanura de Limagne, junto al río Tiretaine y aquí tiene su sede la fábrica de neumáticos Michelín. En sus alrededores ochenta volcanes dormidos revelan sus siluetas. Es la capital histórica de la región de Auvernia en el que se halla el Parque Regional de los Volcanes y en ella destacan sus pintorescas casas renacentistas, así como sus más de 40 fuentes en plazas y calles.

También es conocida por su iglesia románica de Notre Dame du Port, del siglo XII, con su venerada Virgen Negra que era una importante escala de la vía Francigena que conducía a Santiago. Pasamos por su catedral del siglo XII de Notre Dame de l´Assomption que destaca por su color antracita debido a que en su construcción se usó la lava del volcán Volvic Tiene también bellas vidrieras y un reloj del siglo XVI con figuras de autómatas que dan la hora.

Clermont fue construida por los romanos como Augustonemetum sobre el emplazamiento de Gergovia y se llamó Clarus Mons en el siglo IX. Aquí se celebraron nueve concilios eclesiásticos, el más importante fue el de 1095, donde el papa Urbano II, predicó la primera cruzada.

El paseo nos abre el apetito y entramos en un “Quick” donde tenemos algún problema para hacernos entender, pero nada insalvable, pues bien por señas o mediante palabras inconexas nunca dejamos de comer a pesar de que estos “gabachos” no suelen tener un menú en español.

 

 

 

Valeriano Pérez

 

 

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