Viaje a Colombia. Parte 4: la isla del capitán Garfio

Isla San BernardoJosune Fernández

Aquí estoy con mi cuarto informe, dando la paliza y un poco de envidia -lo siento, pero me apetece compartir todas estas experiencias que creo que no voy a volver a vivir en mi vida y me hace ilusión que las leáis-.

Os dejé, creo que hace ya tres fines de semana, así que me pongo al día. El primero fuimos a Montería, a un pueblecito que se llama Coveñas. Ésta es la parte del Caribe, la que está hacia Panamá y la más virgen de todas -del Caribe, el Pacífico debe ser aún más virgen todavía-.
Esta zona es turística, pero más bien para los colombianos, así que no se ve ‘amenazada’ por ningún tipo de guiri -hasta que llegamos nosotros, jeje-. Así que toda la gente del pueblo nos miraba como a bichos raros.

Este pueblo está sin asfaltar, hay muy pocos restaurantes y nos alojamos en unas cabañas. Era genial porque te levantabas, dabas tres pasos y ya te podías bañar en la playa.

Un día fuimos al archipielago de San Bernardo, que son un grupo de islas en el que cada una tiene algo que la hace especial. Fuimos en una lancha rápido -lo suficiente para que me entrara un poco de canguele- y la mar estaba picada. La primera isla fue Isla Palma, donde hay un zoo y un acuario. Aunque parezca sorprendente, te puedes encontrar un búfalo en una isla del Caribe, además de cocodrilos de agua dulce y agua salda y muchos otros animales fuera de su hábitat, lo que da muchísima pena, la verdad. Uno de los cocodrilos ya había muerto y el otro estaba agonizando, yo porque no lo sabía, porque si no, no voy.

Después de hacer el viaje nos dimos cuenta que esta isla pertenecía a un narco al llamaban el Mexicano, y este zoo lo había hecho él. Al parecer, a los narcos les gusta tener zoos en sus mansiones, y la suya se había convertido en un hotel en el que había hasta delfines.

Después de esta isla nos bajamos en otra que se llama Isla Santa Cruz del Islote, que es la más densamente poblada del planeta: viven alrededor de 1.000 personas en 1.200 metros cuadrados. Son todo chabolas y no hay ni una parcela de tierra libre. Impresionante.

De aquí fuimos a la isla de Múcura, donde paramos a comer. Ademas, esta isla tiene unos manglares y playas impresionantes. Cuatro de nosotros nos decidimos a ‘explorar’ un poco más a fondo el territorio: Adrián, Virginia, Mentxaka y yo. Después de cruzar los manglares nos encontramos con un pueblito de chabolitas muy mono. Había un grupo de niños que estaban en una de las chabolas cantando rezos, pero tres de ellos salieron en cuanto nos vieron -seguramente les parecimos más interesantes que aquellos cánticos-. Al final, nos hicieron de guías hasta otra playa que estaba desierta y que era súper bonita. Mientras, por el camino, siguieron cantando las canciones de misa y finalmente nos dimos un baño y estuvimos jugando con ellos. Nos dimos cuenta de que estos niños igual mucho mundo no tenían, pero isla tenía un porrón, se conocían todos los escondrijos y partían los cocos con una facilidad que ya quisiera yo…

En esta isla tuve una sorpresa más, me encontré papeleras de Urbaser, la empresa en la que trabajaba antes de dejarlo todo para venirme aquí. Con lo paradisíaca que parecía esta isla y me encuentro con esto… Pero tiene su explicación. La isla pertenece a un departamento, el mismo de de Cartagena de Indias. Así que si la recogida de basuras en Cartagena la hace Urbaser, es la misma empresa la que se tiene que hacer cargo de llegar a los habitantes de esta isla.

En Múcura me tomé el ‘coco loco’ más bueno que me he tomado en mi vida- El ‘coco loco’ es una mezcla de agua de coco, ron, leche condensada, limón, y alguna historia más, todo ello dentro del coco verde, así que te lo vas bebiendo con una pajita. Además, comimos pescado a la brasa, recién pescado y cocinados sobre una hogueritas. Todo un lujo. Y aquí acaba nuestro fin de semana en Montería.

El siguiente fin de semana nos fuimos a la joya de la corona: Cartagena de Indias, una ciudad preciosa. El único problema que tiene es que hay demasiado turismo. Y es que todo el mundo que viene a Colombia va a Cartagena, aunque luego no pisen otra ciudad delFuerte en Cartagena de Indias país. Así que esto llega a resultar un poco agobiante.

Pero la ciudad es muy bonita y tiene mucha historia. En uno de los fuertes que fuimos a visitar -San Fernando de Baraja- te cuentan la historia de cómo los ingleses quería quitarle la ciudad a los españoles porque en esa época era aquí donde se guardaba toda la riqueza del país -e incluso del continente- para llevarla en barcos a España. En Cartagena estaba el mayor puerto, y los españoles, con ayuda de los habitantes de la ciudad, tuvieron que ingeniárselas para no ser asediados por los ingleses. Aunque alguno como Sir Francis Drake logro su propósito. Los fuertes que se construyeron durante esta época son considerados una obra maestra de ingeniería civil y de resistencia ante los británicos.

Por la noche es típico coger una ‘chiva’ -autobús abierto con un grupo de ‘vallenato’, música típica colombiana- en el que dan ron y vas por toda la ciudad bailando. Todas las chivas acaban reuniéndose en uno de los fuertes de la ciudad donde se sigue bailando vallenato, te dan algo de cenar y después te llevan a una discoteca. Creo que si se va a Colombia hay que coger una de estas chivas, aunque acabas del vallenato hasta…

Desde Cartagen fuimos a una la isla de Tolú y a una playa impresionante: Playa Blanca. En Cartagena para ir a una playa bonita tienes que ir a ésta o a la isla de Rosario, porque aunque la playa de Cartagena es muy grande, es bastante fea, está sucia y hay demasiada gente. Además, Cartagena tiene ‘Café de Mar’ y no hacen mas que ponerte imágenes de Ibiza.

Para terminar este fin de semana fuimos a Ibagué, una ciudad que está a tres horas de Bogotá. No tiene nada, pero eran San Juan y aquí se reúnen todos los grupos folklóricos de Colombia, así que hubo muchísima fiesta. Como platos típicos se come ‘tamal’ -pasta de arroz, con carne garbanzos, envuelta ne hoja de plátano- y ‘lechona’, que es como el cochinillo de Segovia pero más grande. Además se rellena de carne y no sé cuéntas cosas más. La verdad es que estaba todo muy rico, pero tantos excesos me dejo el estómago hecho un asco.

A Ibagué fuimos invitados por las chicas que trabajan en la Cámara Hispano-Colombiana, y viajamos con una chica de Burgos, Inés. Y luego no unimos con los de la embajada. Fuimos a un pueblito precioso en la montaña, muy típico colombiano, con cabañitas y todo los hombres vestidos con sus ponchos, gorro y machetes, montados a caballo. Todo fue perfecto, salvo porque tuvimos nuestras primera experiencia violenta.

Una de las noches, de madrugada, volvíamos a casa todos, es decir, cuatro españoles, dos españolas, un colombiano y cuatro colombianas. A una de las colombianas la tiraron al suelo y casi le quitan el vestido. Cuando fui a ayudarla a levantarse, me di cuenta de que el tipo que la había tirado tenía una navaja con un garfio enorme. Pero los chicos no se dieron cuenta de esto y fueron a ayudarla cuando de repente tuvieron que esquivar la navaja en varias ocasiones. A uno de ellos le hicieron un corte en los dedos, por suerte, nada grave.

El tipo se fue con el bolso de la chica y nosotros regresamos a casa sin que pasase nada más, aunque ya me quedé un poco tocada porque es la primera vez que veía un atraco con tanta violencia.

Al parecer, al ser fiestas viene este tipo de delincuentes de todas partes para hacer el agosto con los visitantes, y nosotros éramos un blanco muy fácil. Pero bueno, por suerte todo quedó en una mala experiencia puntual.

 

 

Josune Fernández

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