Viajar es un placer, sensual, genial…Parte 9

Can PicafortValeriano Pérez

Tras el oportuno y completo y desayuno, eran las 8.30 cuando salíamos con dirección a Sa Pobla, una localidad de 13.000 habitantes ubicada en el oriente de la isla, a unos 45 kilómetros de Palma. Su comarca es muy conocida por su gran producción de papas. Aquí pasearemos un rato para seguir luego hacia Can Picafort.

En el camino rebasamos Muro y Santa Margalida y a las 10.30 estamos en la playa de Can Picafort, en cuya avenida marítima caminamos un rato, sin prisas y en el mismo paseo nos  llama la atención un obelisco, mas bien un curioso “pirulí” con un cartel que aclara que es un punto de referencia para pruebas de tiro naval submarino, estando separada de otra que se halla a 1.240 metros, con una enfilación de unos 200 metros.

Durante el paseo volvemos a ver las embarcaciones que viéramos en Porto Cristo y un anciano paseante nos aclara que son los típicos barcos de pesca mallorquines conocidos con el nombre de “Llagut o Llaüt” que antes se apareaban con la Vela Latina y ahora con el motor. Vemos una gran acumulación -casi montañas- de algas marinas que el mar ha arrojado en un punto concreto del paseo Entramos en un bar que mira a la playa en donde el dueño nos trata con mucha amabilidad. La misma con la que siempre fuimos tratados en Mallorca pues aquí se  suele mimar al turista, ya sea nacional o extranjero, ya que de ellos viven.

A las 11.00 nos vamos con dirección a Alcudia y lo hacemos siguiendo la vistosa carretera que avanza paralela a la playa que da a la hermosa bahía de igual nombre y pronto tenemos a la izquierda el Parque Nacional de la Albufera, un valioso humedal donde las aves encuentran refugio y su mejor hábitat y aparcamos brevemente para dar un paseo. Este mar interior aparece separado de la bahía de Alcudia por una barra arenosa de ocho kilómetros. Ocupa 2.584 hectáreas y un perímetro de 32 kilómetros, con un rico y variado paisaje. En verano le entran aguas marinas. Seguimos nuestro paseo llegando por fin a Alcudia, la antigua Pollentia romana que data del siglo II a.C. y que conserva su teatro excavado en la roca. La ciudad tiene unos 18.000 habitantes y su municipio ocupa la pequeña península que separa la bahía de Alcudia de la de Pollensa.Esa península está rematada por el Cabo de Los Pinos cuyo punta final es zona militar. En su centro se encuentra el Santuario de la Victoria que data del siglo XIII, cuya plazoleta es un espléndido mirador.

Nos acercamos al puerto y para nuestro desconsuelo nos informan que los dos barcos que unen Alcudia con Menorca no han dejado de salir en ningún día. Si ayer hubiésemos venido habríamos acertado de pleno. Se me debió haber quedado una cara muy larga por la magnifica ocasión tontamente perdida pero ya no había solución. Ese fallo debía estar escrito en las estrellas (El día que nací yo, que planeta reinaría….)

Volvemos al casco urbano y buscamos dónde almorzar, algo que nos costó Dios y ayuda encontrar, pues nueve de cada diez restaurantes estaban cerrados. Al fin se pudo solucionar la papeleta medianamente en un barito, semi escondido en una calle peatonal, a base de tapas yraciones. Estando en él llama a Pepote, Noelia de viajes Halcón, y le confirma que Mundo Senior a tenido a bien reubicarnos en el previsto viaje para Matalascañas en una salida del día 30 de Enero, lo cual nos tranquiliza pues conservamos todos nuestros derechos sin menoscabo alguno.Pollensa

Con la barriguita llena y el corazón contento nos vamos hacia Pollensa una ciudad de 18.000 habitantes asentada al pie de de la Tramuntana y a 50 kilómetros de Palma que junto con el Cabo Formentor constituyen dos importantes enclaves turísticos. Fue un importante puerto fenicio, cartaginés, griego, romano, árabe y de la antigua corona de Aragón. Ya procede visitar la otra península que cierra, por el norte, la otra bahía, la de Pollensa y que se remata en el airoso Cabo de Formentor. Se dice que si Mallorca fuese un barco, Formentor sería su proa y para allá nos vamos, haciendo una parada para asomarnos a los miradores de La Creueta y Es Colomer de los que se ve una impresionante vista  sobre la Cala Bóquer, viéndonos al filo de unos acantilados de vértigo. Enfrente de estos miradores hay una maleada carretera que conduce a un mirador natural, una elevación desde la cual se puede abarcar una considerable panorámica sobre las bahías de Pollensa e incluso sobre la de Alcudia. Está rematada por una antigua torre o “talaia” llamada de Albercutx, (siglo XVI) donada a Pollensa por la familia Cap Llonch.

Vueltos al mirador nos vamos hacia el Faro que está en el perfil último del Cabo al final de una delgada lengua de tierra y para ello seguimos la estrecha carretera asfaltada que tiene una longitud de unos 12 kilómetros. La carretera se desvía en el paraje llamado Piedra y a la derecha nos lleva hasta el Hotel Formentor, un paraíso construido en 1928 por una familia argentina que compraron miles de m2. con el fin de hacer aquí ese lujoso hotel en este lugar de calma y que aún conserva su empaque. Esta costa fue escenario de una de las obras de la novelista Agatha Christie, la célebre autora de libros de fama que aún se leen con avidez y prueba de ello es “La Ratonera” que aún se sigue representando en un teatro londinense de forma ininterrumpida desde hace muchos años. El libro que inspirara esta costa mallorquina lo tituló Problema en Pollensa, pero sus más célebres obras fueron Diez Negritos, Asesinato en Orient Express o Testigo de Cargo. Ella fue la creadora de sagaces y tan enigmáticos personajes como Hércules Poirot o la Señorita Marple.

Seguimos con dirección al Cabo Formentor, uno de los parajes mas retratados de la isla y por fin llegamos al mirador del Faro que comenzara a construirse en 1857 y se inauguró el 30 de abril de 1863. Los materiales los traían por barco y se trabajaba intensamente, incluso los domingos, debiendo oírse misa en un improvisado hecho altar al efecto. Después de solazarnos con esas esplendidas vistas regresamos a Pollensa y finalmente a la capital a cuya llegada pedimos al servicial GPS que nos lleve directamente  al “Corte Inglés” pues tenemos que comprar varias cosas que nos faltan como camisas de niño y sobrasada.

Ya en el hotel queda tiempo para encargar unas cajas de ensaimadas que nos servirán a primera hora y que llegarán intactas a casa pues  esos productos típicos reciben un trato especial a bordo de los aviones. Solo resta la precaria cena para a continuación retirarnos a descansar si queremos dormir unas horas pues mañana debemos madrugar.

 

 

 

Valeriano Pérez

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