Viajar es un placer, sensual, genial… Parte 8

TurquetaValeriano Pérez

Otra jornada ‘mallorquina’ más aunque, para ser mas exactos, en esta ocasión será ‘menorquina’ pues hoy pretendemos conocer esa isla, también llamada Minorica, al ser mucho menor que su vecina. Menorca, con unos 75.000 habitantes, tiene 48 kilómetros de largo por 16 de ancho y 695 kim2 de superficie. Fue declarada reserva de la biosfera el 8 de octubre de 1993.

Los fenicios la llamaron Nura -Tierra de Fuego- y los griegos Meloussa -lugar de ganado-. Los cartagineses fundaron las ciudades de Jamma, la actual Ciudadela y Magon –Magonis – Mahón -en catalán, Maó-. Durante la Guerra Civil  fue fiel al legitimo gobierno de la República, siendo el último bastión republicano de España, al contrario que Mallorca que desde  el principio se unió al bando franquista. A diferencia de las otras islas no podía dedicarse al turismo, en especial en los años sesenta, por considerarse como un objetivo militar al ser el punto más oriental de España, razón quizás por la cual sus playas y paisajes se han mantenido en un excelente estado de conservación.

Pero estaba escrito que no habría viaje y mira que teníamos, al menos yo, el empeño de hacerlo. Por la mañana, el primer saludo de Julio fue: “Hay alerta naranja en Menorca; lo acabo de oír por Radio Nacional”. Bajamos a recepción y el conserje de noche nos confirma la noticia y añade que con ese tiempo no habría barco pues la travesía es muy mala. Aún así, hago un par de llamadas al puerto de Alcudia y al de Menorca que no obtienen contestación y ante la disyuntiva decidimos abortar el viaje y nos dedicamos a charlar con Juan, el conserje, quién se mostró feliz de pegar la hebra a esa hora, hablando sobre el Madrid y el Barça.

Esperamos que abrieran el comedor para desayunar y levantamos a Adolfo para que se una al paseo, pues nos vamos a las Cuevas de Artá. Salimos a las 8.30 y tenemos todo el día por delante para nuestro solaz. Pero hacia Artá iremos más tarde pues en primer lugar debemos pasar  por Lluchmajor, una localidad de unos 35.000 habitantes, que queda a unos 23 kilómetros al este de la capital, en las inmediaciones de la Sierra de Randa, en la cual se encuentra el Santuario de la Virgen de Gracia. Aquí murió Jaime III, último rey de las islas, en la batalla contra Pedro IV de Aragón y en su honor se alza un monumento conmemorativo.

Seguimos hacia Campos, una ciudad de unos 9.000 habitantes, también llamada Campos del Puerto que fuera fundada por Jaime II en 1300 y que aún conserva varias torres en pie de su antiguo recinto defensivo. Continuamos hacia Felanitx y Manacor y llegando a ésta última derivamos hacia Porto Cristo, un abrigado y coqueto puerto deportivo en donde   apetece pasear sin  prisas, pues el día se presenta espléndido y soleado. La cercana playa de rubia y fina arena, parece invitar al baño, lastima que el agua esté tan fría. Además no hay problemas para aparcar, hay sitio de sobra, y en invierno no funcionan los antipáticos parquímetros.

Es lunes, primer día de la semana laboral, pero parece domingo, pues no se ve actividad alguna, los bares y comercios casi todos cerrados y casi no se ve gente por las calles. En los amarres del amplio puerto se ven infinidad de embarcaciones de recreo, algunas de alto precio y otras, en su mayor parte, las típicas de vela latina de valiente estampa.

Ya partimos hacia Capdepera, una población de 11.000 habitantes que se ubica en el extremo noroeste, en las estribaciones de la Sierra de Levante. Fue colonia de pescadores y actualmente un centro turístico. Pero nuestro destino aquí no es otro que las Cuevas de Artá y sin necesidad de las indicaciones del GPS, llegamos a las mismas pues hay unos carteles que nos llevan directamente, sin problemas, hacia ellas. En el folleto ilustrativo que nos dan leemos que se puede llegar hasta aquí en barca procedente de Cala Ratjada, aunque solo en verano. Debemos esperar a las 11 que es la hora fijada para la siguiente visita guiada y como únicamente somos los cuatro, Jordi, nuestro guía se va a esmerar en que salgamos satisfechos. Realmente nos atiende muy bien y se toma todo el tiempo necesario para que la visita nos resulte amena.

Empieza por abrir la puerta que da acceso a la grandiosa sala donde la naturaleza, sin prisas pero sin pausas, se ha encaprichado en hacer su más atrevida obra de arte y lo ha querido hacer en un largo periodo de años, difícil de determinar, posiblemente de muchos millones de años. Estas cuevas han sido visitadas, conocidas, exaltadas y halagadas,  aparte de por nosotros, por otros ilustres personajes como Menéndez Pidal, Julio Verne, Víctor Hugo, Alejandro Dumas, Isaac Albéniz, reyes, príncipes políticos… y ha sido escenario natural del rodaje de películas como la reciente Caja Kovak, del director Daniel Monzón.Cueva de Artá

Entre las diversidad de salas se consideran las mas importantes: el “Salón de las 1000 columnas o Catedral”, el “Salón de la Reina””, el “Purgatorio” y el “Salón del Infierno, en el que se encuentra una arista completamente vertical de 17 metros de altura y 10 metros de ancho. Todas estas salas están “adornadas” con millares de estalactitas y estalagmitas En una de las salas tomamos asiento en sus fríos escalones y Jordi hace sonar para nosotros una envolvente música clásica que nos transporta a un mundo irreal, mientras las fantasmales columnas cambian de aspecto, merced a un acertado juego de luces de colores. En otra monumental sala nos narra una mítica leyenda según la cual una bella joven cometió un delito de amor y fue castigada a perecer allí encadenada en la piedra que señala. En una placa se expresa el pesar de la caverna por la joven en el siguiente verso: “Por un latido de ansia que tu corazón expira, daríamos las centurias de calma que tenemos”.

Dejamos el lugar agradeciéndole a Jorge su experta y grata compañía y con la tranquilidad que da la ausencia de agobios, disfrutando del paisaje y del buen tiempo reinante, volvemos al hotel para almorzar. Allí nos llama Noelia, la atenta empleada de Viajes Halcón, para decir que Mundo Senior nos ha cambiado el día salida del próximo viaje y en vez del 31 de Enero será el 2 de Febrero, lo cual no tendría demasiada importancia si no llevase aparejado un incremento de sesenta euros. Nos pareció injusta la medida coercitiva de Mundo Senior -o lo tomas o lo dejas- pues la modificación del contrato no debería ser unilateral  y el precio pactado debería respetarse por lo que decidimos protestar.

Hice algunas llamadas, en principio sin resultado, por lo que estaba ya decidido a renunciar al viaje, no por cabezonería sino por dignidad, sin perjuicio de recurrir al defensor del usuario o cliente donde procediera. Por la tarde hacemos otra salida motorizada, en esta vez con dirección a Inca, nombre sin relación alguna con el mismo vocablo que en idioma o dialecto quechua se usaba para designar a los gobernantes cuzqueños. La industriosa ciudad tiene unos 30.000 habitantes y se sitúa en la comarca de Es Pla -El Llano-, al pie de la Sierra Tramuntana y su importante sector ganadero dio origen a una potente industria de la piel (marroquinería) y sus calzados han adquirido justa fama mundial.

Inca está situada a 29 kilómetros al noreste de Palma y está regada por algunos torrentes que permiten el cultivo de naranjos y otros frutales. Nuestra intención era visitar alguna fabrica de pieles pero nos dijeron que no suelen ser visitadas pues los artesanos se entretienen y no producen lo que sus patronos esperan. Así que nos limitamos a pasear, tomar algo en un bar situado en la plaza del Ayuntamiento y a esperar que abran la administración para comprar lotería de Navidad. Después nos acercamos a la localidad de Sineu, una población de 4.000 habitantes en donde paseamos un rato, tras lo cual regresamos al hotel.

Esta noche, para variar, vamos a cenar a bases de excelentes tapas en un buen bar cercano al hotel que habían descubierto Julio y Pepote. Ya solo resta retirarnos hacia el hotel, a descansar a “pierna suelta” o a “ronquido suelto”, todo depende de cómo se mire o, más bien, de cómo se oiga.

 

 

Valeriano Pérez

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