Viajar es un placer, sensual, genial… Parte 7

Santuario de LluchValeriano Pérez

Hoy salimos hacia la zona norte en busca del Santuario de Lluch para lo cual debemos coger la autovía que de Palma llega hasta el puerto de Alcudia y que quizás esté hecha sobre la vieja calzada romana que antaño uniera ambas poblaciones.

Llegando a la altura de Inca tomamos la desviación que pasa por Selva y Caimari. Vamos circulando por una atractiva carretera de  montaña que es cruzada varias veces por el sendero GR 221 (gran recorrido). Una señal de tráfico nos avisa del peligro de atropellar a senderistas  y hasta vemos escaleras que les permiten salvar una valla metálica y así poder continuar su marcha atravesando un coto privado de caza. Superado el Coll de Sa Batalla de 576 m. a las 9,30 estamos en el idílico valle donde se encuentra el Monasterio de Lluch, obra del siglo XIII.

El Santuario de Santa María de Lluch (Lluch proviene del latín Lucus que significa bosque sagrado) se encuentra rodeado de altas montañas y espesos bosques. En él se venera a la Virgen de Lluch (La Moreneta)  cuya imagen aparece esculpida en piedra arenisca policromada. Según la leyenda la encontró un pastor cerca de donde ahora está la sacristía. El monasterio es el símbolo religioso y cívico-cultural de Mallorca y a ello contribuye la Escolanía Infantil conocida popularmente como los “Blauets”.  Ellos forman un coro que le canta a la virgen diariamente y residen en el santuario donde reciben formación humana, musical, etc. Al parecer los Templarios quisieron erigir en el corazón de la isla un altar a la virgen y la humilde capilla se convirtió pronto en un centro de peregrinación Es tradición arraigada que todos los años unas 50.000 personas van de Güell a Lluch, recorriendo a pie más de 40 kilómetros.Una placa en uno de sus muchos patios reza así: “Hermano peregrino: Ven al Santuario; Marcha hacia el esplendor, Tu Dios va contigo”.

Ya en el siglo XIV, el áspero camino que conduce aquí fue escalonado con siete monumentos de piedra que representan los siete gozos de la Virgen. En 1962 fue declarada por el Papa Juan XXIII Basílica Menor. Después de la visita y de tomar algo en un bar del lugar a las 10.15 nos vamos. En el cruce hay una gasolinera y mirando de reojo el marcador de la gasolina, calculamos que no habrá que llenar hasta llegar a Soller. Seguimos hacia el Coll de Sabataia y Escorca, a la vera del Puig Major y pasamos el “Nudo de la Corbata”,  un cruce donde la carretera da la vuelta sobre si misma imitando un lazo e iniciamos el rápido descenso hacia el pequeño puerto de Calobra que nos espera allá abajo, al fondo.

Durante la bajada cruzan la cinta asfaltada varias cabras salvajes de corta alzada y algo regordetas a pesar de lo cual saltan y trepan como lo que son. Eran ya las once cuando aparcábamos en el exótico lugar que ahora aparece solitario pero que en verano debe estar muy concurrido pues vemos cuatro o cinco restaurantes, algunos de gran capacidad. Aparcamos y nos dirigimos hacia la desembocadura del torrente, uno de los lugares más impresionantes. Es el de “Pareis” y su acceso es a través de un túnel peatonal que cruza las rocas que nos lleva hasta una pequeña playa aún virgen, un espacio rodeado de altas paredes de roca En  este lugar habita una importante colonia de halcones Eleonor. Debemos desandar los 13 kilómetros de bajada y la obligada corta marcha hace bajar el nivel del carburante y “por si las moscas” vamos a la gasolinera de Lluch a recargar. En su anexo bar un nutrido grupo de motoristas celebran algo y beben licores a la vista de los “picoletos”.Sierra de la Tramontana

De nuevo en la carretera iniciamos el regreso hacia Soller a través de la Sierra de la Tramontana y podemos admirar los embalses de Cúber y del Gora Blau. Desde ellos podemos contemplar el “Puig Major” la montaña mas alta de Mallorca con 1.445 metros. En su cima hay una instalación de radar instalada por los norteamericanos en el año 1958. La carretera, en su rápido descenso, da muchas y mareantes curvas por lo cual no es extraño que Adolfo se maree y al detenernos en un mirador previo a la llegada a Sóller logra aliviarse con suma facilidad. A las 13.00 horas estamos en ese hermoso puerto natural con su preciosa vista al mar y de las tranquilas montañas que protegen celosas el valle.

Desde el pueblo se puede llegar al puerto cogiendo un peculiar tranvía inaugurado en 1913, siendo el primero en funcionar con energía eléctrica en Mallorca y el interior de sus vagones es de madera. Se dice que el nombre de este valle se lo dieron los árabes y significa “Valle de Oro”. Sin parar en el pueblo seguimos hasta el puerto y tras algunos problemas logramos aparcar el vehiculo y empezamos el paseo. Nos conviene localizar un restaurante pero en temporada invernal eso no es fácil pues la mayoría están cerrados. Al final lo intentaremos en el mismo pueblo y recalamos en un restaurante llamado el Monumento. Aquí comemos aceptablemente un cocido típico mallorquín que nos agradó y unas paellas (de arroz negro y tradicional) que no estaban en su justo punto y de la que dejamos gran parte pues resultó demasiado.

Dejamos pues Sóller, esa población de 14.000 habitantes, situada a 30 kilómetros de Palma a la que une un pintoresco tren como los del lejano Oeste e iniciamos el regreso a la capital con una recalada previa en Andratx. Vamos a remontar la sierra de la tramuntana por esta vertiente y el recorrido también está plagado de curvas pero el rústico paisaje que se nos ofrece merece el sacrificio. Llegados a la autovía de circunvalación de Palma, derivamos hacia la población turística de Andratx. La localidad, de unos doce mil habitantes, está situada en el extremo occidental de la isla y es una de las principales áreas turísticas del archipiélago con un atractivo puerto deportivo de primerísimo orden. Son interesentes sus dos castillos, el de Son Mas y el de Sant Elm, construidos para defenderse de los otrora feroces piratas berberiscos.

No nos detenemos en el pueblo y continuamos hacia su puerto en el que destacan los numerosos yates de esa pobre gente, políticos o banqueros,  obligados a esconder sus bienes ante las voraces garras de Hacienda. Afortunados nosotros que no tenemos más preocupaciones que mirar si ya tenemos la jubilación ingresada y evitar los rateros en los cajeros sin obligación de llevar nuestros dineros a peligrosos paraísos fiscales. Damos un paseo riéndonos sin tapujos ni piedad de esos desgraciados y tras gozar del hermoso atardecer y de la tibieza de ese sol invernal que, por fortuna también brilla para ellos (Alá es grande y misericordioso) nos vamos hacia nuestro hotel al que llegamos sobre las seis de la tarde.

Después de la “opípara cena” celebramos cónclave y tras hacer varias llamadas, la de Menorca nos confirmó que el barco efectuó la travesía sin problemas hoy y no veían motivo para que mañana no fuera igual. Como había que madrugar y salir a las seis del hotel decidimos que lo intentaríamos y nos citamos para esa hora, salvo Adolfo que no iría. Ya solo resta dar un largo paseo, bien abrigados pues el frío se hace notar y el viento reinante hace aumentar la molesta sensación térmica.

 

 

 

Valeriano Pérez

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