Viajar es un placer, sensual, genial… Parte 3

Catedral de Palma de MallorcaValeriano Pérez

Jueves, 15 de diciembre de 2011. Me gusta oír la radio al despertarme y sonrío para mí cuando oigo decir que ayer se cumplieron 100 años de que el noruego Roald Amundsen realizara la increíble hazaña de alcanzar el Polo Sur tras sufrir incontables penalidades y añadiendo que pronto ese será un destino que podrá cubrir el Imserso.

La habitación asignada, mas bien modesta, es suficiente para cubrir nuestras necesidades y tras la relajante ducha mañanera -ése es uno de los sencillos placeres a nuestro alcance que no solemos agradecer lo suficiente- vamos a por el frugal desayuno -más frugal que desayuno-.   

Luego asistimos a la reunión con las azafatas de Mundo Senior en la que nos animan a comprar las excursiones programadas, no solo para nuestro propio entretenimiento, sino más bien para el gran negocio de Mundo Señor, pues es aquí donde estriba mayormente su beneficio.

Y no es porque sean muy caras en realidad pues, si estuviesen mejor programadas y los almuerzos tuvieran un mínimo de calidad, serían altamente recomendables. Se abusa en exceso del tiempo libre y no siempre los lugares visitados tienen la necesaria y deseada relevancia.

Las comidas suelen ser horrendas y no por culpa del los restaurantes elegidos sino por el menú pactado de antemano, siempre el más barato y sin que haya opción de elección, con lo que el viajero se lleva una visión errónea de la bondad de la cocina tradicional de la ciudad visitada. Sin embargo las guías suelen ser competentes, el chofer experto, los autobuses limpios y cómodos y los precios fijados,  bastante asequibles.

El motivo principal y confesado por el cual hice este viaje era visitar la isla de Menorca y de haberlo tenido Mundo Senior programado en sus ofertas lo hubiese concertado sin ninguna vacilación, casi a ciegas. No era así por lo que no adquirimos ninguna excursión en la esperanza de poder ir por nuestra cuenta cualquier día, bien en barco o en avión. El resto de excursiones no nos parecieron interesantes y como vamos a alquiler un coche y las distancias aquí son cortas, las podremos hacer nosotros solos, con más libertad de horarios, itinerarios y almuerzos.  

El barco para Menorca sería mucho más rápido y cómodo cogerlo en Alcudia, por lo que debíamos ir en coche hasta allí. Incluso se puede optar por dos navieras diferentes: La Balearia que con su Ferry Express, el Ramón Llull,  invierte solo 1 hora en la travesía e Iscomar, que con el Nura Nova, tarda 2.30 horas, con menor precio en el billete. En cuanto al avión resultaba excesivamente caro y las combinaciones posibles eran escasas de tiempo hábil habiéndolas incluso con escalas. Pero, por si no lo embarcábamos, era conveniente viajar un día laboral en el que el servicio de guaguas es más frecuente y pensamos ir el lunes

El amigo Adolfo parece preocupado por el resultado de su último análisis güimarero del Sintróm -8 en lugar de 2 a 3- y nos acercamos al ambulatorio cercano al hotel  para ver  que le hagan uno nuevo. Allí nos derivan al lejano hospital y ante las posibles trabas de allí también, indagamos y nos acercamos a un laboratorio particular, pero  no era hora apropiada y nos dieron cita para el próximo lunes. Al final Adolfo decidió esperar hasta el regreso e ir al hospital de la Candelaria -el jueves acudió allí y para su tranquilidad, el análisis arrojó un 2.8-.

Decidimos aprovechar el resto de la mañana, tras caminar un largo trecho por la espléndida avenida marítima con dirección a Palma, ante las quejas de Adolfo y compañía, decidimos coger una guagua que nos lleva hasta el centro de la ciudad, a poca distancia de la catedral. La influencia del turismo en Mallorca se advierte incluso en el nombre que se da a las paradas que jalonan la ruta hasta la ciudad, todas ellas denominadas con el nombre de los hoteles que se hallan en el trayecto.

Los orígenes de Palma se remontan a un poblado tayalótico muy vinculado al mar. Ocupada por los romanos la ciudad fue fundada en el año  122 a.C. por  Quinto Cecilio Metelo con el nombre de Palma. Tras su ocupación, los árabes la llamaron Madina Mayurqa, de los que se conservan vestigios monumentales como el palacio de la Almudaina y los baños árabes. En 1076 se convirtió en capital del reino Taifa de Mallorca. En 1229 la conquistó Jaime I el conquistador Rey de Aragón.

Ya en el centro histórico de la ciudad iniciamos nuestro paseo viendo la figura en bronce que representa al “balear”. Sugiere ser un indígena prerromano de las islas gimnasias o baleares, con un traje de pieles y una honda en la mano que al parecer manejaba con gran habilidad, con la que se enfrentó y hasta a veces venció al temible ejército romano. Pasamos por un singular edificio construido en las antiguas murallas conocido como “Es Baluard” y luego por el Consulado del Mar y luego la Lonja para recalar por último en las cercanía de la Catedral.

Muy cerca de ella se halla el Palacio de La Almudaina que tiene su origen más remoto en los asientos megalíticos para ser posteriormente castrum romano, de los Valíes musulmanes y de los reyes cristianos y de sus representantes luego.  Fue siempre sede del poder político de la isla y Juan Carlos lo utiliza para ceremonias y recepciones en el verano. Después de la conquista cristiana de Mallorca, Jaime II lo restauró y amplió, añadiéndole la capilla de Santa Ana y le agregó también la torre del ángel, coronada por una airosa veleta que representa al arcángel San Gabriel, el que anunciara a Maria su preñez de Cristo.

Y por último entramos en la Catedral llamada la de la Eucaristía, del Mar, de la Luz y del Espacio. Es uno de los edificios góticos mas destacado de Europa y su edificación fue desde siglo XIII hasta el XVI. Pocas catedrales tienen una vista tan al alcance del paseante como ésta pues se ve libre de obstáculos desde la avenida marítima y desde el mar. En las catedrales góticas la mágica luz de sus vidrieras unifica todos sus elementos. Estas de Mallorca suman un total de 61 y las de la nave central representan un cántico de alabanza al creador y las de las dos naves laterales reproducen pasajes del antiguo y nuevo testamento.

Cinco rosetones, todos ellos soberbios por su estilo y belleza, presiden las naves. El mayor, del siglo XIV, con 11,15 m de diámetro interior, señala la estrella de la mañana y es el símbolo de Cristo resucitado. Recorremos lentamente el museo, admirando el espléndido altar, el presbiterio, con el asombroso baldaquino, creación del insigne Antonio Gaudí, los valiosos retablos góticos y barrocos y las diversas capillas, especialmente la del Santísimo, polémica obra de Miguel Barceló.Ayuntamiento Palma de Mallorca

De nuevo en la calle nos interesa localizar una agencia de viajes para trabar lo de Menorca, pero la noticia que nos dan allí nos desalienta pues no nos garantizan que el viaje marítimo se lleve a cabo debido a las inclemencias del mal tiempo que está siendo habitual en la zona. La búsqueda de esa Agencia no nos va a privar de pasar por el Ayuntamiento, un hermoso edificio del siglo XVII que se sitúa en la Plaza de Cort, frente a un antiquísimo y retorcido olivo. En su amplia fachada se nos presenta un magnifico balcón, suntuosamente labrado.

Regresamos al hotel pero perdemos tiempo en localizar la parada y para colmo el autobús hace muchas paradas, cambia de conductor y nos deja lejos del hotel por lo que entramos en un pequeño restaurante donde almorzamos muy aceptablemente a bases de variadas tapas.      

Ya en el hotel indagamos con la recepcionista, la “uruguaya” Silvia que se mostró siempre amable y que en varias ocasiones utilizó su ordenador para darnos información y ayuda que obtenía por Internet, pero ni con su ayuda sacamos nada en claro sobre el viaje a Menorca. La información resulta escasa y parece que hasta el tiempo se alía para arruinar ese deseo, casi un capricho, más mío que del propio cuarteto.

Frente mismo del hotel hay una agencia de alquiler de coches que nos ofrece un Fiat durante 4 días con seguro a todo riesgo, sin  franquicia, por 120 € y nos conviene cogerlo a partir del sábado. Mañana viernes queda libre y lo llenamos contratando una excursión para Valldemossa.

Nos apetece dar un paseo por el enlosetado paseo marítimo al que no se apunta Adolfo pues prefiere subir a su habitación y se recuesta un rato. De regreso subo a buscarlo para cenar juntos y habiéndose dormido se cree que ha amanecido y me señala con enfado unos bares de enfrente protestando porque no habían cerrado durante lo que el creía la noche. Incluso ha bajado al comedor con las pastillas del desayuno en lugar de las de la cena. Reímos la “bolada” y cenamos, flojamente como siempre.

 

 

Valeriano Pérez

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