Viajar es un placer, sensual, genial… Parte 1

El placer de viajarValeriano Pérez

Pues amigos, he aquí que una vez mas debo dejar constancia escrita de un nuevo viaje o ‘escapada’. Un nuevo relato en el que narrar todas las anécdotas, incidencias e incluso sentimientos habidos en otra experiencia viajera.

Como en anteriores ocasiones, nos volvimos a encontrar los cuatro veteranos que hacemos buenas migas: Adolfo, Julio, Pepote y yo. Nos conocíamos previamente y nos pareció oportuno repetir la experiencia, pues a todos nos encanta viajar

La palabra viajar me resulta en sí misma atractiva por el significado que encierra: la segunda acepción que de esa palabra da la RAE dice que es la acción de trasladarse de un lugar a otro, generalmente distante, por cualquier medio de locomoción mientras que la sexta cita la relación o memoria, en donde el viajero narra lo que ha visto u observado -tal como hago yo-.

Pero el viaje más fascinante que podemos hacer los humanos se inicia en el mismo instante en que somos “expulsados del paraíso materno” y que discurre, dando bandazos, por los intrincados senderos de la vida.

Ese maravilloso viaje concluye en el momento aquel en que cruzamos  “el mágico umbral de la eternidad”, sin que seamos conscientes de haber estado viajando y así, por miedo a lo desconocido, lo iniciamos con lágrimas y lo acabamos con miedo, a pesar de que todos los credos nos prometen volver al paraíso si en vida hemos cumplido sus normas.

Y por esa inconsciencia de vivir sin saber que estamos viajando en el tiempo o en el espacio, en un largo viaje sin retorno, me place recordar esos versos que Jorge Manrique dedicara a la muerte de su padre.

“Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte contemplando cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte, tan callando”.

Si sabemos que la muerte, por sentirse tan segura de su victoria, nos da toda una vida de ventaja, aprovechémosla y viajemos sin parar nunca.  

Y según leo en la prensa local, con motivo del comienzo de la campaña 2011/12 del Imserso y pese a la amenazadora y acuciante crisis que ya nadie pone en duda, ni siquiera mi amigo Zapatero, este año salen a disposición de los viejitos -qué coraje me da verme obligado a admitir que ahí entro yo- más plazas que nunca: 1.084.700 en total, de las que le corresponden a Tenerife 18.743, y con las que el Ejecutivo central pretende contribuir a crear y mantener 100.000 puestos de trabajo.

En España “pintan bastos” y la crisis no lleva camino de solucionarse, antes al contrario promete agudizarse y sabiendo ya el color azulado del  gobierno que debemos “sufrir” tras las elecciones del 20-N -tanto daba Rubalcaba como Rajoy-, es muy probable que este año se tenderá a suspender o al menos disminuir este “chollo” del Imserso.

Por ese motivo o también porque cada vez me quedan menos destinos novedosos o atractivos, o simplemente porque el “carné” cada vez me pesa más, es muy posible que suspenda mis viajes con esa “ONG”  y así en esta campaña he querido y podido trabar dos viajes, el primero éste a Mallorca el pasado mes de diciembre, y el segundo para Matalascañas, en febrero.

Como siempre, haré  un resumen de las Islas Baleares para decir que es la comunidad menos extensa de España -4.992 km2- y está formada por cuatro islas: Mallorca y Menorca -las antiguas Gimnesias griegas- además de Ibiza y Formentera -las llamadas Pithiusas-.

Al primer grupo se le añaden además otras pequeñas islas o islotes como Cabrera, Conejera y Dragonera. En el estrecho canal que separa Formentera de Ibiza se encuentran las islas de Espalmador y Espaldell.
Paisaje mallorquín
Igual que sucede con Canarias, Baleares carece de ríos, salvo el Santa Eulalia en Ibiza, por lo que solo en periodo lluvioso, sobre todo después de las tormentas, discurre el agua por sus denominados torrentes, que guardando las distancias, serían el equivalente a nuestros barrancos

El relieve mallorquín lo forman dos sierras: La Tramontana, al norte, con el Puig Major -Monte Mayor de 1.445 metros- la mayor elevación balear y la de Levante al sur. En Ibiza se llega solo a los 475 metros en Atalayaza y en Menorca, siendo mayor, solo se alcanzan los 358 metros en Monte Toro.

La Tramontana hace de pantalla a las nubes del NO que son las que llevan la lluvia, pero no impiden los fuertes vientos de igual nombre que azotan constantemente Mallorca, aunque limpian su atmósfera.

La vegetación fue antaño espléndida pero sus tres enemigos -el carbonero, el labrador y el pastor- han provocado una fuerte deforestación, aunque aún se conservan espléndidos bosques de encinas y pinos. La superficie no ocupada por los olivos u otros cultivos rentables se cubren con el típico matorral mediterráneo: la garriga en calizos y el maquis en silíceos.

Mallorca, la mayor isla española, tiene parecido número de habitantes que Tenerife. Pero la  primera tiene 3.624 km2 y la segunda tan solo 2.034, por lo que su densidad de población es de 190 habitantes por km2 frente a los 254 que tiene Tenerife.

 

 

Valeriano Pérez

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