Vertidos fecales, tiburones y demás zarandajas

Carlos Castañosa

Sorprende, a lo largo de este tórrido verano, la abundancia de titulares que  arrugan  nuestra  nariz  cuando se nos cuenta que tal playa está cerrada al baño eventualmente por una avería en el emisario de “aguas negras” (o marrón oscuro, según sea la luz del día).

Las que, una vez depuradas en teoría, se conducen desde el colector del supuesto alcantarillado hasta el fondo marino, que se desea lo más alejado posible de la costa para salud, higiene y calidad  de los usuarios locales y de veraneantes foráneos, cuyo derecho a disfrutar de un baño en el mar limpio y sin contaminar, no debe verse perturbado por la presencia flotante de residuos más o menos sólidos, sospechosamente entrañables  y de indudable origen. Es evidente que  una experiencia así,  puntual y escatológica, será  disuasoria  para el desilusionado visitante que, sin duda, recogerá el equipaje, a su familia  y maldecirá su elección al programar unas merecidas vacaciones. No volverá jamás. Aparte, la publicidad negativa del  boca a boca

Las instalaciones de esa macrofontanería oficial,  envejecida por el tiempo, deteriorada por un mantenimiento defectuoso y unos sistemas de depuración ineficaces o inexistentes, requieren la solución urgente e inmediata de una renovación total.

El problema es que la gestión de residuos no es gratificante para el responsable que debiera acometer el esfuerzo, porque  no resulta una operación brillante  que permita fotos de inauguraciones o titulares  para enmarcar. No ofrece rédito político. Un trabajo sin escaparate que no genera votos. Entonces, la solución es el parcheado. Arreglos  provisionales para disimular el problema de momento. Si vuelve a suceder y nadie se percata,, mejor. Y si sale en la prensa, pues nada, se pone otro parche, justificado con la excusa del no hay dinero… (¡Ojo!, y atención a esta muletilla habitual en organismos oficiales cuyo 90% del presupuesto está dedicado al personal…)

Será casualidad, pero con la misma frecuencia e intensidad que las noticias sobre los impresentables vertidos fecales, este ferragosto canario, se ve sorprendido y asustado por la inhabitual presencia de tiburones en la cercanía de las playas. Las fotos de los escualos recién pescados son espeluznantes. ¿Quizá estos animalitos se sientan atraídos por un apetitoso manjar,  el detritus mal gestionado  por la ineptitud oficial? Dicen los expertos que son inofensivos. (No comment… ¡Ya!, pero, ¿y si tienen hambre y te pillan cerca…?) ¡Como para fiarse!

Enlazado con la porquería y hablando de tiburones. En la misma onda de noticias veraniegas inquietantes, se prodigan artículos, entrevistas  y reportajes que ponen los pelos como al que mete los dedos en un enchufe. El ínclito señor Rosell, a la sazón, presidente de la CEOE, esa confederación de empresarios españoles que deambulan suavemente  en un acuario como escualos sacados de una película de terror o de la peor pesadilla. Sus mandíbulas siempre abiertas, exhibiendo varias filas de dientes como implantados en una motosierra.

Indigna mencionar a aquel antecesor, Gerardo Díaz Ferrán, paradigma de perversidades, aclamado por sus correligionarios, que acabó en la cárcel con varios años de retraso. Don Juan Rosell, el actual, parece ir a la zaga. ¿Lo dará el cargo? El caso es que cuando abre la boca es para dar dentelladas. Si el FMI, otro nido de ictiosauros carnívoros, muerde con otra rebaja, una más, del 10% en los sueldos de los trabajadores, este individuo, desde la inmunidad de su poltrona, apuntilla con convertir los contratos indefinidos en temporales. Apoyado en una reforma laboral inhumana, que auspicia el despido libre, remacha con la oferta de los mini jobs; una argucia para pagar la mitad del sueldo mínimo por trabajar un número de horas proporcional, que se verá duplicado o triplicado a escondidas, sin remedio ni posibilidad de protesta, por un salario de miseria. Agreguemos el contencioso con Gibraltar. La CEOE será impedimento clave para intentar rescatar la dignidad del Pueblo Español, pues los intereses espurios de la mayoría de sus miembros, impedirán arremeter contra la fiscalidad fraudulenta del Peñón. Su paraíso fiscal más cómodo y cercano. ¡Viva España!

Convendría, cuanto antes, limpiar las alcantarillas, arreglar las depuradoras y renovar tuberías para obtener aguas limpias que ahuyenten a los tiburones por falta de nutrientes. Que para comer mierda, se vayan lo más lejos posible.

Todo sea por cultivar un turismo de calidad. Y si no fuera mucho pedir, con socorristas pagados y cualificados en las playas de bandera azul… para no engañar a nuestros  visitantes…

 

 

Carlos Castañosa

elrincondelbonzo.blogspot.com

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