‘Usted no sabe con quién está hablando’

Carlos Castañosa

Esta deplorable muletilla, propia de un tiempo pretérito imperfecto, puede rebrotar en cualquier momento como aquellas endemias supuestamente erradicadas, como la viruela o la tosferina, que de vez en cuando surgen de nuevo esporádica y aisladamente. No pasa nada; un antibiótico a tiempo o tal tratamiento con fármacos modernos, y resuelto el problema.

(Réplica al artículo publicado en El Día, ‘La Policía Local de Santa Cruz de Tenerife’)

Vayan delante de estas palabras, desde la perspectiva de ciudadano normal,  mi respeto, admiración y agradecimiento a las Fuerzas de Seguridad del Estado en general, y especialmente a las Policías Local y Nacional

Si en algún momento pasado cometí una infracción, inadvertidamente o por comodidad  indebida, recuerdo haber recibido la advertencia o sanción pertinente y proporcionada, siempre con derecho a recurso, y siempre con buenas formas, amabilidad, educación y profesionalidad. En ningún caso he sufrido, ni he visto sufrir a nadie, algún tipo de trato vejatorio, despectivo o autoritario.

Por el contrario, cuando he necesitado asistencia o resolución de algún problema urbano o cívico, la llamada al 092 siempre ha surtido efecto inmediato, y en todas las  ocasiones  he disfrutado de un servicio  profesional auténtico, eficaz y pleno de cortesía.

No cabe duda de que en todos los grupos profesionales pueden existir pequeñas muestras de comportamiento que, en circunstancias específicas, pueden actuar como un elemento distorsionador de la normalidad en perjuicio del prestigio colectivo.

Ni un solo ejemplo podría librarse de la excepción que confirme las reglas deontológicas de cualquier sociedad laboral. Todos conocemos casos puntuales de actitudes desviadas en algún médico, abogado, albañil, piloto, fontanero, periodista, maestro, taxista, policía  y, cómo no, en algún que otro político.

Precisamente el político, en su comportamiento cívico, debe actuar siempre con la mesura a que le obliga su condición ejemplarizante. Si abandera su cargo como objeto de privilegio y motivo de derechos sobre los demás ciudadanos, mal entendida parece su vocación de servicio al pueblo. Y si ante un presunto agravio reacciona con flagrante ofensa a una Institución, aun aparentando personalizar el conflicto puntualmente, pierde toda credibilidad en cualquier confrontación de “tu palabra contra la mía”. Si además de proferir el exabrupto que titula este escrito, se repasan antecedentes de insultos a los periodistas que discreparon de sus veleidades ideológicas, que cumpliendo con su trabajo informaban a la opinión pública de una trayectoria política poco fiable, y arremetiese contra el “mensajero” llamándolo “perro flauta y ladrador” desde la cabalgadura de su poltrona, como entidad institucional y con  un mínimo atisbo de calidad humana, imprescindible para representar a una pequeña  parte de la población, se descalifica por sí solo.

Reitero mi respeto y agradecimiento a las fuerzas del orden que, quizá hace cincuenta años, no habrían tenido más remedio que sufrir un abuso de poder como el aquí comentado.

 

Carlos Castañosa

http://elrincondelbonzo.blogspot.com/

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