Up in the air, vuelo a media altura

Cartel up in the airAlberto García

Podemos analizar las películas desde múltiples puntos de vista. Podemos hablar de las virtudes del guión, de la calidad de los actores, de la fuerza de los efectos especiales. Podemos ser analíticos y racionales desgranando su valor o su miseria pero a la hora de la verdad hay un criterio que a mí me parece bastante sólido: ¿Sigo pensando en la película al día siguiente?

Ahora estoy en medio de la fiebre Lost. Veo capítulos de la serie cada noche y estoy absolutamente fascinado. Desde luego que no es una serie perfecta, es un espectáculo maravilloso e intrigante con muchos puntos flacos. Pero a mí me tiene atrapado. Tanto, que a la mañana siguiente me levanto pensando en ella. Es como una buena amante. Quizás no era la más guapa ni la más inteligente pero qué polvo tenía. Y a la mañana siguiente lo recuerdas con evocadora fascinación.

Esto no me ha ocurrido con Up in the air, la última película de Jason Reitman protagonizada por George Clooney. Sí, ya sé que ha ganado el globo de oro al mejor guión, que está siendo muy valorada y todo eso. Bien, a mí esto no me parece del todo mal pero me da que pensar… Tengo la impresión que si uno escribe una historia con cierto criterio y algo de originalidad dramática tiene todos los visos para convertirse en el rey del mambo. El gran descubrimiento. Y creo que eso se debe a que tenemos unas muy pobres aspiraciones como espectadores. Esta película es bastante digna, habla de cosas muy interesantes y está medianamente bien realizada. Pero creo que destaca porque simplemente es mucho mejor que la mayoría de las películas a las que nos enfrentamos. Lo cual vendría a decir que es mucho más digna, mucho más interesante y mucho mejor realizada que muchas de sus competidoras en las taquillas. Pero eso tampoco es mucho decir.

Qué morro tiene el tipo, podrán decir ustedes. Está diciendo todo sin decir nada. Por qué no es tan buena como pensamos. Quién se cree para decir eso. Bien, ante este tipo de comentarios (qué duros sois conmigo) tengo que responder que no me levanté al día siguiente pensando en ella. A mí me parece suficiente argumento pero como imagino que al que lea esto no, trataré de ponerme analítico:

Se trata de una película sin un sentido estilístico claro, empieza jugando al efectismo mediante el montaje rápido y trillado al principio de la película para pasar luego a cierto aire de cine independiente americano, llegando incluso a jugar a lo Soderbergh con la cámara en la escena de la boda, imprimiéndole a la escena un toque documental que no venía a cuento. Parece que el director y la montadora jugaban a lo que se les iba ocurriendo en cada momento. Y que conste que adoro el cine independiente americano y adoro la manera en que Soderbergh mueve la cámara. Es único en eso porque tiene una mirada. Esta película creo que no la tiene.

Por otra parte la película si bien trata un tema sumamente importante en la sociedad de hoy en día creo que no lo abarca desde un punto de vista diferente, aportando algo que haga que esta historia nos resulte sugerente. Creo que el director sí ha creído que lo estaba haciendo y eso se nota por la afectación con que toca el tema. Él probablemente creía estar siendo políticamente incorrecto, que estaba tocando temas trascendentes para la comunidad pero no se puede hacer algo así bajo la óptica del mercado, utilizando recursos melodramáticos y estructurales manipuladores de nuestras emociones. En ocasiones hay que darse cuenta de que el camino más directo a nuestras emociones no es la línea recta.

Es una verdadera lástima porque la película estaba en el camino, que es según  los budistas donde hay que estar. Pero eso puede valer para la vida pero en el cine hay que rematar. Yo disfruté de la película a medias, con un gusto extraño, un sí pero no, un por qué me muestras un elemento tan bueno en medio de un paisaje tan pobre. Y por cierto, esto también es aplicable a la estrella. George Clooney, que me parece un actor simplemente genial (me sumo a la tendencia de creer que es el nuevo Cary Grant) está en esta ocasión como desnortado, sin encontrar algo a lo que aferrarse, como si no tuviera el personaje claro. ¿Con la pasta que gana no ha podido dedicar un par de días a hablar del personaje con el señor Jason Reitman? Quizás éste no le supo aclarar las cosas.

Me gustaba mucho más su padre, Ivan Reitman. Quizás su hijo aún no haya realizado su propia Ghostbusters. Yo era un niño y no lo recuerdo con claridad pero estoy seguro de que me desperté pensando en ella. Puede que incluso no me dejara dormir…

 

 

 

Alberto García

 

 

 

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