United Artists Theater

Artists Theatre DetroitEl palacio que se transformó en ruinas.

Se erigió en la década de los años 20 del siglo pasado por iniciativa de un grupo de artistas –entre los que figuraban Charlie Chaplin o Maria Pickford- y aunque su nombre original hacía referencia a dicha asociación, lo cierto es que el lugar fue más conocido como ‘El palacio del cine’.

En la calle Bagley, en pleno centro de Detroit, se levantó una imponente sala de cine con capacidad para más de dos mil espectadores. El diseño del arquitecto C. Howard Crane contemplaba, además, la ubicación de varios pisos de oficinas en la parte superior, exprimiendo al máximo la utilidad y la rentabilidad de dichas infraestructuras.

El United Artists Theater abrió sus puertas el 3 de febrero de 1928, en pleno apogeo del cine estadounidense y se convirtió en un referente de la vida cultural de la ciudad. Asistir a una de sus proyecciones era más que una actividad de ocio: los espectadores acudían a la sala para ver y para dejarse ver en el interior de su gran sala abovedada decorada con en un estilo ecléctico que mezclaba el gótico español con otros elementos de cierta modernidad para su época.

Pero a partir de la década de los 60, el teatro entraría en declive. La crisis en la industria cinematográfica, la pérdida de poder adquisitivo de los ciudadanos de Detroit y la falta de espectadores forzaron su cierre a comienzos de la década de los 70 y la mayor parte de la decoración fue vendida a galerías de arte de todo el país.

Siguieron funcionando, en cambio, los 13 pisos de oficinas –remodelados en varias ocasiones-, pero poco a poco las empresas empezaron a trasladarse a las afueras de la ciudad, donde conseguían alquileres más baratos. Aún así, el edificio consiguió sobrevivir durante una década más, reconvertido en discoteca y club nocturno o utilizado para la realización de grabaciones, por su acústica excepcional. El abandono del lugar culminó en 1997, con el cierre del último negocio. Desde entonces, ha pasado de mano en mano a través de diferentes propietarios, pero debido a la crisis económica y al propio declive de la ciudad de Detroit, ninguno de ellos se ha atrevido a invertir en su recuperación.

 

 

El Ilustrador

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