Una Sanidad selectiva y de pago

El presidente del Gobierno comentó en varias ocasiones  que no está en su mente el copago en Sanidad. Eso significa que muy pronto la Sanidad española dejará de ser universal y será selectiva y de pago. Los españoles ya tenemos experiencia de lo que significa “no se tocarán los impuestos”.

La Seguridad Social ya la pagamos  todos los españoles con nuestro impuestos y cotizaciones, por lo que es absurdo hablar de copago. No se trata de “yo pago una parte y tú pones otra”. Se trata, simplemente, de yo pago todo, y tú, con lo que yo puse, te puedes ir a las Bahamas y, si caes enfermo, ¡Dios no lo quiera! te saldrá gratis porque, para eso, regalaste mi hospital (que se hizo con dinero público, es decir, de todos)  a un amigo muy influyente. En cambio, el que no se lo pueda permitir se  tendrá que ir  para “el otro barrio” porque no tendrá derecho a la salud.

Veamos como funciona la cosa. Antes, en los tiempos de Maricastaña, se lanzaba una onda sonda para que los ciudadanos nos fuéramos haciendo a la idea de lo que, en su momento, pretendían meternos  doblada. Hoy no hace falta. Hoy, a esta gente sin sentimientos, las mentiras no le inquietan. Hoy te dicen:”No voy a hacer esto” y ya empiezas a acongojarte (un amigo, que es mucho más irrespetuoso, pero bastante más claro que yo,  dice sin tapujos  que “te acojonan nada más abrir la boca”) porque sabes que a los pocos minutos harán lo contrario de lo que acaban de decir. O  lo harán a lo bestia, sin anestesia, ya que poco les importa la triste realidad de los ciudadanos. Para ellos, los pobladores de la España profunda, fueron un instrumento para coger poder. Ahora lo hacen ¡y punto! Estrangulan la economía hasta el punto de que al final no haya salida. Y la masa traga, pues está asustada y acobardada. Eso sí, los padres de la Patria, lo hacen por tu bien y por el bien común, aunque lo harán después de sopesar y asegurarse que no tendrán ningún riesgo para ellos y los suyos.

Se trata de debilitar el Sistema Nacional de Salud utilizando los argumentos, estrategias y trampas que sean necesarios para conseguir ocultos intereses. Una de estas artimañas encubiertas, pero calculadas, podría ser  la pregunta con trampa que lanzó el actual ministro de Economía y Competitividad, que,  dicho sea de paso,  fue el director en España del Banco Lehman Brothers que, al colapsar debido a sus prácticas especulativas, creó la crisis financiera. El buen señor, que sigue manteniendo su absoluta obediencia a los mandatos de  las agencias financieras, preguntó  a bocajarro  si “a un señor que gana 100.000 euros había que proporcionarle  todos los servicios gratuitos de la Sanidad” Lo que no le interesó aclarar al Sr. Ministro es que la Sanidad la sufraga el IRPF y que, por tanto, es  un impuesto progresivo que paga más quien más tiene. Establecer cuotas de pago, como él pretende, es debilitar la protección a las clases menos pudientes y ahondar  la diferencia entre españoles, creando  ciudadanos de primera y de segunda clase. Todo es cuestión de empezar a meter la cuña para que vaya calando el malestar entre los ciudadanos, que siempre están prestos  para el acaloramiento y señalar que  los ricos lo paguen de sus bolsillos. Es el truco de  empobrecer para luego “salvar” con las medidas que los codiciosos  impongan. Al final la Sanidad será clasista. Habrá una sanidad  pobre que, lógicamente, será sólo para pobres y otra sanidad para los que tengan  suficientes recursos económicos, cosa que en la actualidad no suele suceder, pues la calidad de nuestra  acreditada sanidad hace que los que más pueden utilicen estos servicios.

Detrás  de los recortes salvajes, la reducción de  plantilla y el despido del 10 % de médicos de Castilla-La Mancha, que tiene cabreados a los médicos de la región, y han convocado una huelga para mayo y a los que el consejero del ramo les pide “llorar menos, arrimar el hombro y trabajar más”,  parece que se esconde un claro interés de arruinar la Sanidad pública y facilitar la entrada de la iniciativa empresarial privada. (Un tanto semejante ocurre en Madrid y Galicia con la privatización de la Sanidad)

Se da la circunstancia que el  consejero, que tan bonita y despóticamente  trata así a sus médicos,  es hermano de la subdirectora de investigación de Capio Sanidad, la empresa a la que serán entregados ocho hospitales de la región. Pero también el actual presidente de Bankia, el exvicepresidente del gobierno de Aznar, del FMI (que negó la burbuja inmobiliaria), etc, también tiene intereses y acciones en la misma compañía e, incluso, el marido de la presidenta de la comunidad castellana-manchega, igualmente gestiona hospitales. Muchas casualidades.

No habrá copago, no señor. Pero, ¿cómo se le llama a las diferentes formulas de abono? ¿De pagar y volver a pagar? En algunas comunidades autónomas  se han  anulado las ayudas sanitarias  a domicilio y se han cancelado  rehabilitaciones.  La clase media y la baja, que ya no tiene un duro -que decíamos en otro tiempo ya lejano-, tendrá que costearse (volver a desembolsar, es lo correcto, ya que lo está haciendo  con sus cotizaciones) las radiografías, resonancias, analíticas  o cualquier prueba que se haga, incluidas las recetas y consultas, ya que la clase alta se las trae al fresco, incluida la política, pues a ésta última le sale gratis, ya que utiliza los dineros de otros para buscar  seguros privados. Un ejemplo reciente lo tenemos en  los consejeros entrantes del Cabildo de Gran Canaria que, después de poner a caer a un burro la formula anterior de gastos sanitarios para los antiguos consejeros y personal de la entidad, hacen lo mismo con otra compañía de seguros sanitarios, supongo que  amiga. (Algunos pocos han renunciado a dicha prestación, hay que decirlo para ser justos).  Los parlamentarios disfrutan de pólizas de accidentes, de abonos de cuotas a la Seguridad Social, entre un largo etcétera pagado por el Congreso… Éstos, que administran nuestros destinos, sí podrán disponer de una decente cama hospitalaria, porque, entre otras cosas, sus sueldos no han sido recortados. Otros y sus allegados han sido muy bien colocados, para asegurarse el futuro, no sea que  esta crisis de diseño pudiera llevarles a ellos/as algún día. Así Red Eléctrica, Telefónica, Repsol o la Fundación Carolina se nutren de estos favorecidos, hermanos, maridos y familiares de actuales ministros o presidentes de comunidades como la castellana manchega. Esta misma señora, que también es secretaria general de su partido, (las incompatibilidades sólo existen para los pobres de espíritu y no para los poderosos señores/as)  quiere cobrar por los medicamentos y por las consultas, como ya lo hace Cataluña, que, por cierto, ahora lanza la idea al Estado de que se cobre diez euros diarios por cama.

Procedimientos sanguinarios para reducir la calidad de la sanidad pública hasta tal punto que, quien quiera tener acceso a la salud, sólo le quede la opción de pagar un seguro privado. El que no disponga de dinero tendrá que recurrir a la beneficencia, si es que eso existe. Por otro lado, los gobiernos al no invertir en salud tendrán menos gastos. Entonces, ¿para qué o para quien pagamos impuestos?

Otro ejemplo, que coloco con malsana intención, es la del Hospital General Universitario de Valencia, que  no tiene un euro, pero concede seis de las diez becas dotadas con 1.000 euros al mes durante un año, ampliable a 18 meses, a hijos de concejales populares, miembros de la Diputación valenciana y altos cargos del  hospital. También se les imparte un máster y se les ofrece la posibilidad de ser contratados en las áreas clínicas que se están creando en el hospital General y que sumará otro nuevo y mayor gasto económico.

El mismo día que Cristina, la hermana de la presidenta de la comunidad de Madrid es nombrada a dedo -como se designan en este país las cosas más nobles-  asesora del Ayuntamiento de la capital del Reino, un grupo de manifestantes, con cacerolada  incluida, por no estar de acuerdo con  la privatización de otro hospital madrileño será sancionado con multas que oscilarán entre 300 y 30.000 euros, preludio de las nuevas medidas que prepara el gobierno para que no puedas ir al baño si ellos, salvadores de la Patria, no te dan permiso. Una forma clara y contundente  de lo que nos espera cuando alguien se atreva a decir esta boca es mía, aunque, simplemente, sea rezongando por lo bajito por un derecho que injustamente te han quitado.

Tampoco es para ponerse así. Mire el lado positivo y si, al final, tiene que morirse, hágalo contento. Tenga por seguro que algún  avispado habrá salido beneficiado, como los pobrecitos infelices que están desmantelando la sanidad pública para convertir la asistencia sanitaria en un  lucrativo negocio de algún cuñado o amigable  mano privada que se hizo rico no por el sudor de su frente y el trabajo, sino por el morro y por influencias.

 

 

 

Luis Pérez Aguado

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