Una encantadora pareja de asesinos en serie

Paul Bernardo y Karla Homolka, un matrimonio casi perfecto que escondía un oscuro y sanguinario secreto.

Detrás de sus caras angelicales y de un matrimonio casi idílico, se ocultaba el asesinato de 12 personas, los abusos sexuales y vejaciones de otras 43 y la tortura y el descuartizamiento de las víctimas. Toda una serie de crímenes sanguinarios que fueron grabados en vídeo por la pareja durante sus años de relación. Pero las sospechas de que algo iba mal en el matrimonio se constataron después de que Karla recibiera un brutal paliza de su esposo tras la que acabaría confesando a la policía la trayectoria criminal que ambos habían tenido.

Paul y Karla, ambos de origen canadiense, se conocieron durante la adolescencia y se casaron poco después de cumplir los 20. Eran un ejemplo de pareja ideal: guapos, jóvenes y enamorados. Pero todo aquel encanto no era más que fachada y lo que se escondía detrás de aquella apariencia encantadora eran dos personas que disfrutaban con el dolor ajeno.

La primer víctima de la pareja fue una de las hermanas de Karla, Tammy. Ésta quería regalarle a Paul la virginidad de su hermana –unos años menor que ella-, ya que su esposo le reprochaba no haber llegado virgen al matrimonio. Tammy fue sedada y conducida a la casa de la pareja, que grabó en video la brutal violación. Ahogada en su propio vómito, Tammy no sobrevivió a la agresión, pero el matrimonio transformó la escena del crimen para que se pensara que la joven había muerto ahogada después de consumir drogas y alcohol.

La muerte de Tammy fue el punto de partida de una carrera criminal que, según sospechas de la policía, habría alcanzado las 12 víctimas mortales. Sin embargo, no existieron pruebas concluyentes para inculpar a la pareja de todos esos asesinatos. Gran parte de los crímenes fueron grabados en vídeo que la pareja utilizaba con posterioridad en sus macabras prácticas sexuales. Pero la relación entre Karla y Paul fue tan intensa que sobrepasó los límites de la violencia entre la propia pareja y cuatro años después de haber contraído matrimonio Karla tuvo que ser ingresada en un hospital debido a las heridas sufridas por una brutal paliza de su marido. La policía acudió al hospital para interrogarla sobre lo sucedido y ésta se derrumbó y acabó por confesar todos los crímenes e identificar a su marido de ser ‘el violador de Scarborough’, nombre con el que la prensa había apodado a un depredador sexual que había atacado a más de una veintena de jóvenes.

Él fue condenado a cadena perpetua mientras que ella solo tuvo que cumplir 12 años en prisión pues la pena se le redujo sustancialmente al haber colaborado en la acusación de su esposo.

 

 

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