Una China en el zapato. ¡Ay qué disguto!

Paco Forjas

¡Ay que disgusto, que nos los han copiado! Fue lo primero que se me vino a la cabeza al ver a Juan José Lucas, Iñaki Anasagasti y a Javier Rojo, presidiendo desde una foto una sastrería y tienda de cachemir de Mongolia en el Mercado de la Seda, uno de los grandes centros de venta de imitaciones piratas más importantes de Pekín.

Nuestros entonces muy ilustres Senadores, en aquellas fechas debían estar de viaje oficial, y al igual que miles de turistas supongo que decidieron irse a comprobar si era verdad eso de los trajes del mejor paño a 150 euros. La sorpresa de costureros y dependientas fue mayúscula al verme hacer una foto de la foto, ya que, nadie sabía ni quiénes eran ni que hacían por esos lares los personajes de la instantánea. Aclarado que eran padres de la patria trabajando por España y más contentos aún de saber, después de varios años quiénes les presidían, intentaron venderme, sin éxito, un traje línea Armani por cien euros y hecho en tres horas. Uno muy similar a los que, al parecer, se hacía el reciente ex ministro, Miguel Sebastián, en sus viajes a China. No son los nuestros los únicos fotografiados en la sastrería: Michael Jordan y Hilary Clinton también están junto a Bush padre y un sinfín de personajes que han marcado o marcan tendencia en todo el mundo occidental y por supuesto en el oriental, aunque sea para utilizar su nombre gratis et amore, como es el caso de Jordan.

No deja de ser curioso que Europa no quiera catalogar a China como una economía de mercado, le exija la debida protección a los derechos de sus autores e intelectuales y que miles y miles de nuestros turistas recorran diariamente los centros (cuatro que yo conozca) en Pekín que venden todos los artículos que se pueda imaginar de marcas de primera línea falsificadas. Pongamos algunos ejemplos: doce yuanes, algo menos de un euro y medio, cuestan los Dvd de The Artist o La invención de Hugo, las películas triunfadoras en la pasada edición de los premios Oscar; ediciones pirata en calidad Blue Ray y envasadas en sus cajas para Dvd y no en sobres de plástico y fotocopia a color como venden los manteros. Una falsificación perfecta de un Polo de Ralph Laurent o Tommy Hilfiger y aparentemente de buena calidad cuesta seis euros, cincuenta Yuanes.

Por un plagio de un bolso Gucci de la colección de este año no se debe pagar más de doce euros. Podría seguir con los relojes, las plumas y bolígrafos, el material y las prendas deportivas o la informática y telefonía. Podría hacer una guía de compras que, a todas luces, vendría muy bien a nuestros turistas quienes en sus itinerarios tienen siempre marcado un día como jornada de compras y pagan hasta diez veces más de lo que realmente vale el remedo que luego exhiben. Para que el lector se haga también una idea hay que destacar qué los centros donde se comercializan las falsificaciones, los mercados de la Perla, la Seda y Yashow son algo más grandes en dimensiones que el centro de El Corte Inglés en el Paseo de Zorrilla. Hay otro, el conocido como el Mercado Ruso que es hasta cuatro veces más grande que el citado edificio de Valladolid. Una superficie similar ocupa el mercado pirata de las gafas donde se puede encontrar cualquier modelo de cualquier marca y cualquier graduación a precios muy económicos. Una montura igual a las de Porsche Desing con bifocales no cuesta más de 16 euros, unos 120 Yuanes.

Quizá lo más divertido de todo esto son los nombres que los falsificadores dan a muchas de sus copias para eludir el control de las marcas más constantes en la persecución de la piratería. Burberry muta en las falsificaciones a Bimbirry y la línea de complementos de Ferrari a Ferreri; a Apple se le cambia el bocado de la manzana de  derecha a izquierda y la Play Station pasa a llamarse Polystation. A la deportiva adidas,con los mismos caracteres se la da en llamar avivas o adadas; Nike se transforma en Like y el iPad acaba llamándose iPed. Otro ejemplo más es la falsificación del vino, sobre todo el francés. Se estima que un 70% del famoso, Chateau Lafite, vendido en China es falso y esto se conoce porque las ventas superan ampliamente las cifras de importación. Hay más Lafite de la cosecha de 1982 en la República Popular que el que se produjo en Francia afirman los expertos, así que ojo a nuestros bodegueros, ya que, el vino español se está haciendo un lugar muy específico en el mercado asiático; sobre todo el más caro que es de donde tira la emergente clase alta asiática.

Así están las cosas en un país como China que se ha decantado por las inversiones en el extranjero para garantizarse el control de las materias primas. Es evidente, no obstante, que si no es demasiado tarde, debe empezar a controlar la piratería y el plagio. La práctica totalidad de mandatarios europeos o americanos piden en sus visitas a Pekín que el gobierno tome el control de estas actividades que en sectores como la industria y la tecnología además de anular la llegada de futuros inversores lastra la investigación y el desarrollo. Cuenta Manuel Ollé en su libro Made In China que uno de cada cinco productos de marca vendidos en la República Popular es falso, al igual que el 80% de los repuestos del automóvil. ¡Ay que disgusto si los chinos una vez perfeccionado su sistema de plagios e imitaciones se deciden a exportar!

 

 

Paco Forjas

Corresponsal de RNE en Pekín

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