Un mundo de maravillas. 3/7

Templo de Artemisa“Cuando vi la casa de Artemisa, allí encaramada en las nubes, esos otros mármoles perdieron su brillo, y dije: aparte de desde el Olimpo, el Sol nunca pareció jamás tan grande”
Así describía Antípatro de Sidón –al que se le atribuye la creación del listado de las siete maravillas- el Templo de Artemisa en Éfeso. Donde hoy apenas quedan ruinas de lo que un día fue uno de los lugares de culto más importantes de Turquía, se erigió un gran templo en honor a esta diosa de la Luna en cuyo interior se encontraba una estatua de dos metros de Artemisa, recubierta de oro y plata. La misma noche que el templo ardía nacía Alejandro Magno.

 

3. El Templo de Artemisa en Éfeso.

 

Señalan muchos historiadores que la importancia de esta construcción no estaba en lo imponente de sus muros, ni en su cuidada arquitectura, sino que lo verdaderamente impactante del templo era el enclave en el que se encontraba ubicado. Se trataba de un lugar enigmático en los confines del dominio griego, a unos 50 kilómetros de la ciudad portuaria de Izmir. Un lugar que transmitía cierto halo de misterio sumamente atractivo para los griegos y para los miles de viajeros que acudían allí procedentes de todo Asia Menor para rendirle culto a la diosa de la Luna, Artemisa.

 

El Templo de Artemisa formaba parte de un conjunto de edificaciones cuyas primeras referencias aparecen ya en las obras de Plinio el Viejo. Se hablaba en ellas de un edificio de estilo jónico compuesto de 127 columnas, cada una de ellas con una altura de 60 pies (18 metros), algunas profusamente decoradas. El templo, construido casi en su totalidad de mármol, habría de destacar como una brillante perla en mitad del terreno rocoso en el que se encontraba, rodeado de numerosos edificios que, tras el redescubrimiento del lugar en 1869 por una expedición del Museo Británico, recibirían nombres con letras sucesivas del abecedario, siendo la más importante la D, la referida propiamente al templo de Artemisa. Templo de Artemisa

 

La tercera maravilla del mundo Antiguo era más que un templo. Se levantaba sobre un terreno que desde hacía mucho tiempo tenía connotaciones sagradas en Éfeso, más antiguo incluso que el culto al Oráculo de Apolo en Didymi. Se erigió en torno al 550 a. de C. por orden de Creso –rey de Lidia-, que realizó el encargo al arquitecto Chersiphron. El interior fue decorado con numerosas esculturas, una gran figura de Artemisa recubierta en oro y plata y numerosas representaciones de las amazonas, que legendariamente se habían encontrado en esa región, refugiándose de Hércules y Dionisio. Con todo aquel esplendor artístico, el lugar no tardaría en convertirse en un importante reclamo turístico al que se dirigían con sus tributos a la diosa viajeros de todo el mundo conocido. Tal era su popularidad que Herostrato, con el único propósito de pasar a los annales de la Historia, decidió quemarlo el 21 de julio del 356 a. de C. Los efesios intentaron que éste nunca fuese recordado, sin embargo su figura ha llegado hasta nuestros días con el nombre de Estrabón.
Lo curioso es que aquella misma noche nacía Alejandro Magno que ofreció ayuda a los efesios para su reconstrucción –aunque se negaron, pues no era conveniente que un dios levantara un templo para otro dios- y ésta no se llevaría a cabo hasta el 323, con algunas remodelaciones en la estructura de la planta. Con la invasión de los Godos el templo volvería a ser arrasado nuevamente y con la conversión de los efesios al cristianismo en los siglos posteriores, el templo y su emplazamiento fueron perdiendo interés. De toda aquella mística grandiosidad sólo quedó en pie una columna, pero a través de la Selçuk Artemis Culture, Arts and Education Foundation y de unos fondos de 150 millones de dólares, está prevista una nueva reconstrucción del templo a un kilómetro de su emplazamiento original.

 

 

 

 

 

[Próxima maravilla: la estatua de Zeus]

 

 

 

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