Un mundo de maravillas. 4/7

Estatua de ZeusAsí habló el Kronio Zeus…
su ceño azul frunció
los rizos de ambrosía llenos,
el inmortal movió
y del Olimpo los fuertes cimientos,
su gesto sacudió…

Ésa fue desde el comienzo la inspiración del escultor Fidias a la hora de proyectar su mayor obra: la estatua de Zeus en Olimpia. Los versos pertenecen a un pasaje de la Iliada de Homero y describen al Dios que más tarde Fidias transformaría en una imponente estatua de oro y marfil presidiendo, desde su trono, la vida de los mortales.

4. Estatua de Zeus en Olimpia.

Hacia el 432 a. de C. el escultor clásico Fidias erigió una enorme estatua en la ciudad griega que actualmente se conoce con el nombre de Olimpia, y que por entonces no era propiamente una ciudad sino una colina en la que se concentraban numerosos templos y monumentos que se habían construido con motivo de los Juegos Olímpicos. Allí se había encargado la construcción del más hermoso templo dedicado a Zeus, un proyecto que había estado capitaneado por el arquitecto Libón de Elis. Unos años después, Fidias se encargaría de ornamentar el interior del templo con la estatua del gran dios Zeus, que pasaría a la Historia como una de las maravillas del Mundo Antiguo.

La estatua de Zeus pertenece al grupo de las esculturas “crisoelefantinas”, esto es, estatuas fabricadas en oro (chrysos, en griego) y marfil (del griego  elephantinos). Medía aproximadamente 12 metros de altura y ocupaba un tercio del santuario en el que estaba ubicada, así como todo el ancho del pasillo. Con estas dimensiones no es de extrañar que el templo pronto se convirtiera en uno de los principales lugares de culto de la zona. Más aún si tenemos en cuenta que la estatua representaba a Zeus, el dios más importante.
El Dios se encontraba sentado sobre un tono también de oro y marfil, con el pecho descubierto y un manto cayéndole desde la cintura hasta los pies, en los que calzaba sandalias de oro, profusamente decoradas con minerales y piedras preciosas.
Más allá de la impactante de su tamaño y de lo reluciente de la ornamentación, la pose de la estatua no estaba exenta de simbología. Zeus aparecía con una Niké (representación griega de la Victoria) en la mano izquierda mientras que con la derecha sujetaba un cetro rematado por la figura del águila, otro símbolo de poder y autoridad además de uno de sus atributos divinos. Se sentaba erguido sobre un trono de marfil modelado y decorado con efigies, lirios y orlas. Para tratar este material había que remojarlo constantemente con unos líquidos que lograban así reblandecer su dureza y volverlo más maleable, por lo que se trataba de un complicado proceso, pero con unos resultados magníficos. La obra sorprendió a todos, se cuenta que hasta al mismísimo Zeus que, una vez finalizada su estatua envió a Fidias una señal de aprobación lanzando un rayo que dejó una grieta abierta junto al templo.

Sin embargo, la gran creación de Fidias sólo ha llegado hasta nuestros días a través de varias monedas en las que se acuñó ese relieve. Al parecer, el templo fue incendiado durante el reinado de Teodosio II por fanáticos cristianos, después de que Teodosio el Grande hubiera prohibido el paganismo. Alrededor del 426, los templos de Olimpia fueron destruidos por las nuevas órdenes de los emperadores que querían poner punto final al culto pagano. Se trata además de una época en la que se producen varios terremotos en la zona. Finalmente, la gran estatua de Zeus desaparece después de casi mil años siendo el símbolo más representativo de la ciudad.

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[Próxima maravilla: la tumba del rey Mausolo en Halicarnaso]

 

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