Un mundo de maravillas. 2/7

Jardines colgantes de BabiloniaHace más de 2.000 años, la legendaria urbe de Babilonia se erigía a orillas del río Eúfrates como símbolo de una cultura esplendorosa y de la suprema arrogancia del rey Nabucodonosor II, un gran guerrero, un gran conquistador y, sobre todo, un gran amante de la arquitectura. Como muestra de poder, Nabucodonosor llenó su reino de construcciones majestuosas. Sin embargo, una de aquellas grandes obras no fue erigida como símbolo de su vanidad sino como altar del amor que sentía por su esposa Amytis. Nos referimos a los “Jardines Colgantes de Babilonia”.

2. Los Jardines Colgantes de Babilonia.

La ciudad de Babilonia –Babel, en los escritos bíblicos- se encontraba reducida a escombros por los asirios cuando los babilonios, con ayuda de medos y escitas, consiguieron derrotarlo y comenzaron su reconstrucción. Es por ello que hablar de Babilonia es hablar de una ciudad moderna para su tiempo, con edificaciones totalmente nuevas que, a pesar de su majestuosidad, se caracterizaban por lo austero de sus líneas. Así es que cuando Amytis -hija del rey de los medos-, se casó con Nabucodonosor II -monarca babilonio- y se trasladó a esta gran urbe, se encontró con un paisaje que poco tenía que ver con las montañas en las que la joven princesa había vivido su infancia. Amytis se entristecía con aquella amplia llanura de Babilonia, repleta de construcciones monumentales que no lograban aplacar la nostalgia de su tierra. Así que Nabucodonosor, enamorado hasta las trancas de la triste princesa, decidió construir para ella unos hermosos jardines en forma de colina, repletos de especies exóticas y formas exuberantes, que pasarían a la Historia como los “Jardines Colgantes de Babilonia”, otra de las maravillas del mundo antiguo.

Jardines colgantes de Babilonia

Estos jardines no eran exactamente “colgantes”, sino que se disponían en una serie de terrazas escalonadas que se elevaban hasta 90 metros y ocupaban una superficie total de 19.600 m2. En las crónicas de varios historiadores –entre ellas las de Estrabón- se menciona que hicieron falta 43 años para finalizar esta gran obra, con una ingeniería muy particular para aquella época. Y es que cada una de aquellas terrazas se levantaba sobre arcadas de seis metros de altura –imaginemos una tarta de varios pisos-, sobre las que caían enormes arbustos repletos de flores por lo que, vistos desde abajo, daba la sensación de que aquellos jardines estaban suspendidos en el aire. Una fuente emanaba agua de forma incesante para mantener en funcionamiento un complejo sistema de irrigación –similar al de sacar agua de un pozo- que finalizaba en la terraza superior y que abastecía a todo el edificio, manteniendo siempre húmedas las grandes piedras de la construcción, que se veía incluso desde el otro lado de los muros que rodeaban la ciudad.

Con la conquista persa de Babilonia comienza la decadencia de la ciudad, cuya población irá menguando al tiempo que sus grandes construcciones desaparecen. Será Evémero el que destruya la ciudad por completo al incendiarla alrededor del 125 a.C. Desde entonces, todo lo que queda de Babilonia son ruinas y algunos testimonios escritos que han servido a los arqueólogos para reconstruir la historia de una ciudad bíblica y legendaria, famosa también por su Torre de las mil lenguas.

 

 

 

 

 

 

 

[próxima maravilla: Templo de Artemisa en Éfeso]

 

 

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