Un mundo de maravillas. 1/7

Las siete maravillas El siete ha sido siempre un número “mágico” para numerosas culturas a lo largo de la historia de la Humanidad. Un número ligado a creencias de tipo místico o a casualidades de la ciencia que ya desde el siglo II a.C. fue cantado por el famoso poeta Antípatro de Sidón para referirse a una serie de construcciones –todavía presentes en el mundo Antiguo- que representaban la síntesis de la belleza, acercando lo divino a lo terrenal. Una lista que ha llegado hasta nuestros días con el nombre de “Las siete maravillas”.

1. La Gran Pirámide de Giza

 

Por orden cronológico, es la primera de “Las siete maravillas” y además, es la única de la lista que se ha conservado hasta la actualidad. Se encuentra situada en las afueras de la ciudad egipcia de El Cairo, compartiendo horizonte con otras pirámides de menor tamaño en lo que se conoce como la Necrópolis de Giza. Para lograr terminarla –allá por el 2570 a.C.- hicieron falta unos 2.300.000 bloques de piedra, cada uno con un peso aproximado de dos toneladas, formando el esqueleto de la construcción. Originariamente, las piedras que hoy se pueden observar al descubierto, estuvieron tapadas por otros bloques de piedra caliza blanca y pulida que le daban un aspecto más homogéneo a la construcción. Éste es el aspecto que habría de mantener hasta que, según las crónicas, un terremoto en el siglo XIV hizo que la piedra caliza se desprendiera de la pirámide y que posteriormente esas piezas fueran utilizadas para la construcción de otros edificios en El Cairo. Pirámide de Keops

 

Ésta gran obra que los griegos incluyeron en su lista de maravillas creadas por el ser humano fue –al parecer, pues existe mucha controversia a la hora de datar esta construcción- encargada por Jufu, emperador de la cuarta dinastía del Antiguo Egipto, acaso más famoso por su nombre en griego, Keops -de ahí que la pirámide también sea conocida como “Pirámide de Keops”-. Hemiunu, el “chaty” o visir de Jufu y miembro de la familia real, fue el arquitecto encargado de erigir esta gran obra cuyos mecanismos de construcción aún resultan, en muchos aspectos, todo un enigma. Y es que la Gran Pirámide tuvo una altura original de 146 metros ascendientes con un desnivel de 50º y, según el testimonio de algunos historiadores como Herodoto, sólo fueron necesarios 30 años para su construcción. Sin embargo, las crónicas de Herodoto no son una fuente del todo fiable, ya que el autor se encontró entonces con los mismos interrogantes con los que muchos viajeros se siguen encontrando en la actualidad. Tal vez más interesantes –y más cercano a la actual prensa del corazón- son las referencias que Herodoto hace acerca de la tiranía del emperador, del que se dice que llegó a prostituir a su propia hija con el fin de obtener recursos para la construcción de su Gran Pirámide. Señala también el historiador que 100.000 hombres trabajaron a ritmos forzados para erigir esta pirámide, y que cada tres meses los grupos de obreros eran reemplazados por nuevos trabajadores.

 

Cuánto hay de cierto en las crónicas de Herodoto difícilmente lo sabremos, lo que sí es cierto es que por los mecanismos utilizados, el diseño interior y exterior de la edificación, el tiempo y el dinero invertidos y la fuerza humana requerida, el nombre de Gran Pirámide y su inclusión en la lista de “Las siete maravillas” está más que justificado.

 

 

 

 

 

 

 

 

[próxima maravilla: los Jardines Colgantes de Babilonia]

 

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