‘Un monstruo viene a verme’

Un monstruo viene a verme

Un monstruo viene a verme

La dificultad de juzgar los sentimientos a través de la razón

He de reconocer que tenía ciertas dudas con esta película y la avalancha publicitaria de Mediaset. Eso de que nos la hayan metido hasta en la sopa ya me generaba cierto rechazo a verla, como me sucedió con Lo imposible que, por cierto, aún no he visto, y a la que probablemente le de una oportunidad (en algún momento). Así que esperé a ‘La fiesta del cine’ para ir a ver Un monstruo viene a verme y que, en caso de arrepentimiento, no me pesara mucho en el bolsillo.

He de decir que no me arrepentí y que a pesar de los prejuicios con los que había ido al cine me pareció una película interesante, tanto desde el punto de vista de la historia (cuyo nivel lacrimógeno también ha sido vendido como reclamo publicitario) como por su original puesta en escena.

Un monstruo viene a verme no es ‘esa película para llorar’

Es cierto que la historia es triste. Sin desvelar ningún secreto, el argumento de Un monstruo viene a verme gira en torno a un niño que intenta sobrellevar como puede la enfermedad de su madre (Felicity Jones: Inferno, La teoría el todo). No es una situación fácil teniendo en cuenta que su padre vive en otro país, la relación con su abuela (Sigourney Weaver: Alien, Luces Rojas) no es precisamente la más afectiva y en el colegio tiene que enfrentarse al abuso constante de algunos de sus compañeros.

Connor (Lewis MacDougall: Pan, Viaje a Nunca Jamás) intentará superar sus miedos a enfrentarse a una situación tan complicada inventando una fantasía repleta de simbolismo en la que un monstruoso árbol cobra vida y lo visita para hacerle algunas revelaciones importantes que le servirán a afrontar su destino y el dolor de una pérdida inminente.

Lo original de la historia es que está narrada en forma de cuento infantil y con un atractivo despliegue de medios que la hacen muy atractiva. El exceso de sensiblería que muchos critican y que para otros es lo más destacable de la película a mí personalmente no me ha parecido más que un truco promocional (uno de tantos de los que habitualmente utiliza Mediaset) que no le hace justicia a la película. Si no se hubiera hecho tanto hincapié en que Un monstruo viene a verme es ‘esa película para llorar’ probablemente se hubiera quedado como la enternecedora fábula que realmente es y que si en algún momento nos oprime con más fuerza el corazón es para mostrarnos una enseñanza que bien se merece una lágrima.

Celina Ranz Santana

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