‘Un lugar para soñar’

Un lugar para soñar‘Lo complicado puede ser genial’ según esta fábula cinematográfica que idealiza la lucha por las segundas oportunidades tomando como referente una historia real.

Optimista hasta el empalagosamiento, Un lugar para soñar es una de esas películas-terapia que pretenden hacer de las adversidades del mundo una enseñanza vital para el espectador. Sin embargo –y como suele suceder cuando la felicidad se convierte en una imposición, como en una de esas batucadas callejeras- el exceso de idealismo se transforma en desasosiego y éste en incredulidad.

La película de Cameron CroweJerry Macguire– está basada en la historia real de Benjamin Mee, un periodista británico que, tras el fallecimiento de su padre, compró un zoo semiabandonado en el suroeste de Inglaterra. La propiedad, además de una enorme casona, incluía grandes extensiones de terreno y más de 200 animales. En base a las experiencias vividas en la rehabilitación de estas instalaciones, Mee escribió Nos compramos un zoo, cuyos derechos terminarían siendo adquiridos por la 20th Century Fox para que Crowe llevara esta historia a las salas de cine de todo el mundo.

Las aventuras reales de Mee son de por sí insólitas. Su historia es, en sí misma, una enseñanza acerca de la superación y de cómo siempre hay alguna esperanza de hacer realidad los sueños, por imposibles que parezcan. Matt DamonContagio– absorbe ese optimismo de Mee frente a las adversidades e interpreta a un personaje capaz de mantener la calma incluso en los momentos más complicados. Es la encarnación del refrán “al mal tiempo buena cara” llevado hasta límites tan extremos que se pierde cierta credibilidad.
Si a esto le añadimos la sobrecarga melodramática que Crowe imprime en el argumento con un protagonista viudo que intenta recuperar al amor de su vida a través del personaje interpretado por Scarlett JohanssonVicky, Cristina, Barcelona-, el resultado es un producto que, en determinados momentos, tiende a la sensiblería sin aportar nada verdaderamente relevante a la historia.

Sin embargo, llama la atención un aspecto que parece soterrado en la subtrama de la película y es cómo cada uno de los personajes protagonistas sobrelleva el peso de la pérdida. En este sentido, el personaje de la hija de Mee, interpretado por Maggie Elizabeth JonesFootloose– regala una emotividad sin aditivos que desde lo más infantil del razonamiento evidencia que el drama de la muerte no es razón suficiente para poner límites a la ilusión de vivir.

Salvo por algunos de estos excesos de sentimiento, Un lugar para soñar es precisamente eso: un espacio real reconstruido con la magia de la ficción cinematográfica en el que caben animales, humanos, cuentos e ilusiones.

Celina Ranz Santana

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