Un lugar en el mundo. Venecia, un Carnaval histórico

Disfraz veneciano junto al Gran CanalEl primer documento conocido acerca del Carnaval veneciano se remonta a 1094. En él se establece que, durante unos días, el pueblo tendría libertad para disfrutar de unos días de fiesta en la calle en los que la nobleza y el pueblo llano se confundían con sus máscaras y disfraces.

A pesar de que la historia de el Carnaval -según mucho etnólogos- podría remontarse a civilizaciones como la egipcia y la sumeria, hace más de 5.000 años, lo cierto es que actualmente estas fiestas son una evolución directa de las fiestas paganas que realizaban los romano en invierno y que más tarde fueron adaptadas al cristianismo, coincidiendo con el periodo inmediatamente anterior a la cuaresma.

Ligado o no a la religión, lo cierto es que la celebración del Carnaval está conectada en cierto modo con el desenfreno popular, las máscaras, los disfraces y la fiesta en la calle. Sin embargo, al poco tiempo de establecerse el Carnevale en Venecia, también hubo que imponer una serie de restricciones, pues las instituciones venecianas no tardaron en perder el control de la situación -además, por entonces las fiestas podían durar hasta dos meses-. Así que durante varios siglos se prohibió a los ciudadanos de ‘la ciudad más inverosímil Máscaras en la plaza de San Marcosdel mundo’ -tal como la definió Thomas Mann- llevar máscaras o disfraces, o cualquier complemento que dificultara su identificación.

En el siglo XIII el Carnaval fue declarado una festividad pública y se estableció que únicamente durante este período de diez días estaba permitido utilizar máscaras en la ciudad de Venecia. Nobles de toda Europa viajaban hasta la ciudad de los canales para participar en lujosos bailes y fiestas o para entremezclarse con el pueblo con el anonimato que le brindaban sus máscaras.

En más de una ocasión, el Carnaval veneciano sufrió las consecuencias de duras restricciones: se prohibieron las máscaras en las casas de juegos y su uso llegó a penalizarse con hasta dos años de cárcel. Al caer la República Veneciana -en manos de los franceses primero y luego de los austriacos- incluso el mismísimo Napoleón, preocupado por el alcance popular de estas fiestas, decidió prohibirlas en 1797.

Otros dos siglos después, la tradición veneciana fue retomada oficialmente y desde 1979 los festejos se han celebrado de forma ininterrumpida cada comienzo de cuaresma, anunciando así los ayunos y abstinencias de los siguientes cuarenta días -precisamente una de las teorías sobre el origen etimológico de esta palabra es que procede de la conjunción de dos términos: carne levare, que vendría a significar algo así como ‘quitar la carne’-.

El Carnaval de Venecia es único en el mundo porque, frente al resto de festividades, es una celebración de lujo. Actualmente se siguen celebrando fiestas privadas en las que una invitación puede llegar a costar varios cientos de euros, sin tener en cuenta el precio del atuendo exigido para participar en ellas. El traje más representativo del Carnaval veneciano es el de la ‘maschera nobile’: careta blanca, ropa y manto negro y sombrero negro de tres picos. Pero la vestimenta fue evolucionando durante siglos y a partir del siglo XVI empezaron a utilizarse los trajes típicos de los personajes de la denominada ‘Comedia dell’Arte’, una corriente teatral que se caracterizaba por la capacidad de improvisación de los actores. Entre los personajes arquetípicos estaban Arlechino, Pantalone, Il dottore della peste, Pierrot, Colombina… cuyos trajes se adaptaron a la tradición del Carnaval.

Actualmente, tradición y modernidad son dos aspectos perfectamente compatibles en la fiestas venecianas. Y si bien se mantiene el lujo y el galmour de las fiestas privadas, también las calles se llenan de máscaras clásicas, música, conciertos y ganas de pasarlo bien en un escenario que conserva la magia los 365 días del año.

 

 

 

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