Un lugar en el mundo. Mount Hope, la muerte y la vida.

Mount HopeHacia 1830 comenzó a edificarse en Rochester -Nueva York-, un enorme cementerio de más de 200 hectáreas plagado de hermosas esculturas e impresionantes mausoleos. Un auténtico jardín victoriano en el que los vivos rendían su particular culto a la muerte.

El concepto anglosajón de los cementerios poco tiene que ver con el de los camposantos españoles, en los que la muerte sólo es muerte y los vivos no son bien recibidos. El cementerio de Mount Hope, cuyas instalaciones han sido en parte abandonadas, conserva aún un entorno idílico protagonizado por extensos jardines victorianos en el que los vivos también tienen su espacio.

Mount Hope está apartado de la ciudad porque por aquella época era necesario construir un cementerio de considerables dimensiones y que no presentara problemas a la hora de enterrar a personas que habían sido víctimas de alguna de las muchas epidemias de la época. Rochester era un emplazamiento ideal para este proyecto ya que se encontraba a cierta distancia de los núcleos urbanos y constituía un remanso de paz que tanto servía para despedir a un ser querido como para celebrar un picnic en familia.

La muerte no era considerado algo tan terrible como para mantenerla tan alejada de la vida cotidiana, por lo que el entorno de Mount Hope se concibió como un extenso jardín victoriano, decorado por estatuas y mausoleos que si bien honraban la memoria de los seres difuntos, también alegraban la vista de los paseantes.

Gran parte de las instalaciones de este cementerio -la capilla, el crematorio y algunos de sus sótanos- han sido abandonadas, pero hay otras que continúan en uso por lo que podría decirse que Mount Hope -paradójicamente- sigue estando “vivo”.

 

 

 

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