Un lugar en el mundo. Kolmannskuppe, arena en los zapatos.

KolmannskuppeLos alemanes fundaron esta ciudad en el corazón de Namibia en 1908, cuando el país aún era colonia germana. Kolmannskuppe -o Kolmanskop, su nombre en Afrikaans- se erigió en mitad de un desierto para albergar a los trabajadores que extraían diamantes de sus minas, así como a sus familias. Cuando las minas se agotaron, los colonos abandonaron el lugar y el desierto hizo el resto.

Kolmannskuppe es sólo uno de los muchos poblados africanos que fueron abandonados por los colonos una vez que éstos acabaron con la explotación de sus recursos naturales. Durante muchas décadas, Europa expandió sus colonias por todo el continente africano expropiando sus riquezas y condenando al olvido ciudades como Kolmannskuppe, devoradas por el desierto y el abandono.

Pero hacia 1908, época en la que los alemanes fundaron esta pequeña ciudad de Namibia, las cosas eran muy diferentes. Kolmannskuppe era una colonia próspera en la que vivían muchas familias alemanas que se encargaban de controlar la explotación minera de la zona, de la que conseguían fundamentalmente diamantes. Este fue un negocio próspero hasta la I Guerra Mundial que sin duda enriqueció mucho al país y favoreció a su carrera armamentística. Pero, obviamente, los alemanes no trabajaban en la minas. Ellos se limitaban a supervisar el trabajo de cientos de esclavos africanos que arriesgaban sus vidas para obtener este preciado mineral. Los colonos invertían estas riquezas en hacer que la vida en Kolmannskuppe estuviera Kolmannskuppellena de lujos. La ciudad contaba con casinos y salas de baile, bares, restaurantes y otros locales de ocio. Además, los hijos de los colonos recibían una educación privilegiada en el colegio de la ciudad, en la que incluso había un hospital al que, por supuesto, los africanos no tenían acceso. Éstos sólo llegaban a Kolmannskuppe para trabajar en las minas, de las que salían pasando por avanzados controles de rayos X para asegurarse de que no se tragaban los diamantes.

Sin embargo, la naturaleza tiene recursos finitos y el emplazamiento de Kolmannskuppe no estaba concebido para durar eternamente. Las minas de los alrededores dejaron de ser productivas y la población se fue trasladando hacia otros lugares del país repitiendo siempre el mismo proceso. Tras el abandono, la arena del desierto tomó las calles de Kolmannskuppe, se coló por debajo de las puertas e invadió los hogares de quienes residían allí. Y mientras Europa avanzaba en su camino de progreso social, económico y tecnológico a expensas de las colonias, África sólo podía caminar a paso lento y con los zapatos llenos de arena.

 

 

 

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