Un lugar en el mundo: Gunkanjima, la metrópolis fantasma

{youtube width=”290″ height=”180″}Rh_M-TRH1Q4{/youtube}

A simple vista, parece uno de los escenarios de la película Origen. Pero la ciudad japonesa de Gunkanjima, aunque resulte sorprendente, no es un decorado de ficción. Es un islote deshabitado al sur de Japón en el que durante varias décadas trabajaron cientos de operarios en la explotación de una mina de carbón hasta que ésta dejó de ser rentable y fue cerrada.

La isla de Hashima es uno de los tantos islotes que pertenecen a Nagasaki, al sur del país nipón. Y pasaría inadvertido entre el resto del archipiélago de no ser por una particularidad: actualmente es una metrópolis abandonada y presenta un paisaje desolador.

A principios del siglo XIX se descubrió una gran veta de carbón, un mineral que en la época tenía mucho valor. Así que el gobierno japones decidió crear allí una ciudad en la que los mineros pudieran instalarse con sus familias durante el tiempo que estaban trabajando en la explotación de la mina. Así fue como nació la ciudad de Gunkanjima, que quiere decir “buque de guerra”. Y es que para hacer habitable la isla y factible la explotación de carbón, fue necesario construir un robusto muro de hormigón -de más de un kilómetro ganado al mar- que daba protección a los habitantes frente a las inclemencias del tiempo y, especialmente, frente a los tifones, muy comunes en la zona.

La población creció de manera sorprendente, sobre todo a raíz de que la compañía Mitsubishi comprara la explotación en 1890. Las comunicaciones tejiendoelmundo.wordpress.comcon el exterior eran demasiado costosas, así que a los propietarios del negocio se les ocurrió que la mejor manera de mantener contentos a los trabajadores era creando un espacio en el tuvieran absolutamente de todo: teatros, bibliotecas, hospitales, tiendas, gimnasios, salones de té e incluso cines. De esta manera, el confinamiento era mucho más llevadero. Tan llevadero que durante otros 80 años la metrópolis de Gunkanjima se mantuvo activa, con una población que llegó a alcanzar los 3.460 habitantes por kilómetro cuadrado.

Pero el carbón dejó de ser un negocio y Mitsubishi cerró la explotación, por lo que los habitantes de Gunkanjima se vieron obligados a abandonar la isla, que años más tarde pasaría a ser nuevamente propiedad del Gobierno, que desde hace poco más de un año permite la entrada de grupos reducidos de turistas a una parte muy restringida del islote, ya que hay un gran riesgo de derrumbe.

De esta manera, Gunkanjima, el gran “buque de guerra”, se quedó naufragando en el mar. Su imagen actual es atractivamente desoladora, como si aún quedara en sus calles abandonadas algún resquicio de vida. Tal vez porque las ciudades fantasma nunca dejan de respirar.

 

 

 

 

 

 

{backbutton}

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.