Un lugar en el mundo. Centralia, fuego en el interior

CentraliaEl subsuelo de este municipio en el condado norteamericano de Columbia lleva casi medio siglo en llamas y podría estar ardiendo durante otros 250 años más. Centralia es lugar abandonado en el que las minas de carbón arden bajo la tierra buscando un hueco por el que respirar.

Ya desde mediados de los noventa este lugar presentaba un aspecto fantasmal. Desde finales del siglo XIX la población había disminuido considerablemente en Centralia, un pueblo fundado en 1841 en el que desde el principio se habían producido extraños sucesos. Centralia se había erigido como una pequeña localidad de mineros estadounidenses de origen irlandés que se habían asentado en el lugar para extraer carbón de sus minas. Se calcula que en el subsuelo de este lugar existe una veta de carbón de más de diez kilómetros de longitud, por lo que en su momento fue un lugar importante en la obtención de este recurso, indispensable para el transporte en la época.

Los mineros de la zona se organizaron en torno a una sociedad secreta conocida como Molly Maguires con la intención de defender sus intereses y acabar con la autoridad de los dueños de la mina. Lo que parecía una organización sindical fue, en realidad, el origen de numerosos conflictos, algunos de los cuales acabaron en situaciones de gran violencia y hasta en asesinatos –se puede ver en la novela de Arthur H. Lewis titulada The Molly Maguires llevada al cine con este mismo nombre por Martin Ritt en 1970-.

Los pequeños incendios en la zona eran frecuentes, como señal de protesta. Pero sería el incendio de 1962 en un basurero el que desencadenaría la Centraliatragedia en Centralia. Las llamas se habían iniciado en un basurero con tan mala suerte que el fuego alcanzó una de la vetas de carbón del subsuelo que, a modo de mecha, hizo que las llamas se extendieran de forma incontrolable por todo el poblado. A pesar de que los bomberos pudieron controlar el incendio de la superficie –que ya se había cebado con numerosos edificios- el pueblo tuvo que ser desalojado porque el fuego bajo la tierra no tenía solución y podría resurgir en cualquier momento. De hecho, el humo lleva varias décadas buscando un lugar por el que respirar, y se cuela entre las grietas de la tierra o provoca roturas en el asfalto para elevarse en forma de columna fantasmal. La principal carretera de la comarca fue cerrada poco después de los incidentes y únicamente hay un cartel para advertir de los peligros que entraña deambular por una zona que arde bajo los pies.

El carbón continúa ardiendo desde el incidente a unos 1.000 metros de profundidad y se prevé que lo siga haciendo durante los próximos 250 años debido a la extensión de la veta, de aproximadamente 10 kilómetros. Los últimos habitantes de Centralia, aquellos que regresaron cuando el incendio en la superficie ya había sido controlado, tuvieron que ser desalojados definitivamente debido a la alta probabilidad de que se produjeran nuevos incendios y explosiones. De momento Centralia no es más que una ciudad abandonada, pero lleva un monstruo bajo la piel.

 

 

 

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