Un lugar en el mundo. Carretera de Kolyma: kilómetros de huesos congelados

Kolyma highwayEn 1932 Stalin ordenó la construcción de una autopista transiberiana que conectara el banco este del río Lena con Yakutia, la región más inhóspita de la Tierra. Centenares de personas disidentes del régimen comunista, trabajaron en una ruta de más de 2.000 kilómetros, dejándose allí la vida y hasta los huesos.

A -50ºC de temperatura la vida rutinaria difiere mucho de la que conocemos en Europa, incluso en las regiones más frías. En Oymyakon, una región en el mismísimo fin del mundo, la leche y el agua se administran en bloques de hielo, las comunicaciones por móvil son imposibles, las puertas y las ventanas se congelan como parte de la rutina y apenas existen opciones de ocio para sus casi 1.500 habitantes. La situación actual de esta población es muy similar a la de la época comunista, sólo que ahora, a través de la televisión, los habitantes de Oymyakon son conscientes de que la riqueza de esta región –platino, uranio, gas, petróleo- no se queda en esta región, que vive apenas por encima del índice de la pobreza, sino que se va las ciudades más importantes de Rusia. Vivir en este lugar en estar en un constante estado de congelación que llega incluso más allá de la muerte.

Y es que enterrar un cadáver en estas bajas temperaturas no es tarea sencilla. Los cuerpos no se descomponen y las heladas los vuelven a empujar hacia la superficie. Con una población de 1.500 habitantes, este hecho no deja de ser algo meramente “curioso”. El problema es que enterrar a cientos de personas y no dejar huella de que han fallecido.

Eso es precisamente lo que ocurrió durante la construcción de la carretera de Kolyma, un tramo de 30 kilómetros dentro de esa autopista transiberiana más conocido como la “Carretera de los huesos”. Allá por 1932 el régimen comunista tuvo la genial idea de construir una ruta que Kolyma highwayfacilitara el transporte de tropas y suministros a una zona de muy difícil acceso, la región de Yakutia. Para trabajar en esta durísimas condiciones –en ocasiones el viento hacía que las temperaturas descendieran hasta los -80ºC- era necesario la utilización de mano de obra barata que aceptara estas condiciones inhumanas de trabajo –o que no tuviera más remedio que hacerlo-. Así que el régimen echó mano de los prisioneros del campo de concentración -“gulag”- de Sevvostlag.

Como era de esperar, los presos no resistían las durísimas condiciones de aquella obra faraónica y en la mayoría de los casos fallecían durante las largas jornadas de trabajo. Para deshacerse de los cuerpos, se utilizaron sus huesos como parte del material poroso de la mezcla que servía para el trazado de la ruta y, posteriormente, como sustitutos de la capa de piedra rugosa de la superficie. Se ha constatado que, al menos por cada tramo de cuatro metros, hay un cadáver en la carretera, algo que como era de esperar ha suscitado numerosas leyendas acerca de por qué resulta tan extremadamente peligrosa esta ruta que durante los nueve meses que dura el invierno permanece totalmente congelada y que con el deshielo no es más que un lodazal intransitable.

En cualquier caso, la “Carretera de los huesos” es un ejemplo más de los crímenes de guerra que quedan impunes, de la barbarie estalinista y de cómo la estupidez humana es capaz de llegar a los rincones más inhóspitos del planeta.

 

 

 

 

 

 

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