Un lugar en el mundo. Canfranc, heridas abiertas.

CancfrancDurante más de cuatro décadas apenas se hizo nada por conservar la estación internacional de ferrocarriles de Canfranc, un edificio de gran valor histórico y artistico en el corazón pirenaico. Las actuales obras de rehabilitación, no exentas de polémica, pretenden desde hace años devolverle a este lugar la importancia que el tiempo y el olvido le fueron arrebatando.

A principios del siglo XX y en colaboración con el Gobierno francés, España se plantea la construcción de una imponente estación internacional de ferrocarriles, únicamente superada en tamaño por la estación de Leipzig. Se presentó un proyecto en el que se contemplaba un imponente edificio de casi 250 metros de planta, 300 ventanas y hasta 156 puertas. Tras analizar diversas propuestas, el proyecto se pone en marcha en 1915, siguiendo el modelo clasicista de la arquitectura palacial francesa del siglo XIX.

El desarrollo de la I Guerra Mundial retrasó en varias ocasiones la presentación de la obra y habría que esperar hasta julio de 1928 para que el monarca Alfonso XII inaugurara oficialmente la estación internacional de ferrocarriles de Canfranc, en la provincia de Huesca. Decenas de puentes y túneles salvaban las irregularidades del terreno para conducir a los trenes hacia este punto estratégico en la historia social y económica de España. Canfranc no tardó en convertirse en un referente de la actividad económica del país y en una puerta abierta hacia el resto de Europa.

Posteriormente, la Guerra Civil y la II Guerra Mundial convertirían la estación de Canfranc en un lugar importante también desde el punto de vista militar. Por aquí pasó, entre muchas otras mercancías, “el oro de los nazis”, el pago de los alemanes a cambio de que Franco les enviara material desde las minas gallegas para la fabricación de armas.

Esto provocó que, al finalizar la guerra, las relaciones con el Gobierno francés fueran demasiado tensas como para permitir que las líneas ferroviarias que pasaban por la zona funcionaran con la misma regularidad.

La estación de Canfranc nunca recuperaría el resplendor inicial a pesar de que entre los años 50 y 60 se restableció el tráfico habitual. Pero en la década de los 70 un tren descarriló en los Pirineos y tras valorar la situación, se consideró que la reparación no era rentable. La renovación de la red ferroviaria nacional pasó por alto estas vías y apenas pasa por ellas algún que otro tren de mercancías.

Desde hace algo más de una década, en la zona únicamente se ha oído hablar de una polémica rehabilitación del edificio que presentaba numerosas irregularidades en lo que la adjudicación de las obras se refería -un encargo adjudicado directamente, sin mediar concurso público, como sucede en tantos ayuntamientos españoles-. La Asociación de Acción Pública para la Defensa del Patrimonio Aragonés, APUDEPA , lucha desde entonces por que en la realización de estas obras no se sustituyan los valores arquitectónicos, artísticos e históricos de este lugar.

 

 

 

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