Un buen laudo y ‘quítame allá esas pajas’ -con perdón-

Carlos Castañosa

De un plumazo ¡zas!, resuelto un problema enquistado durante meses de  desencuentros y negociaciones frustradas. Pasó con los controladores e igual acaba de suceder con Iberia. Un “laudo” vinculante  fue entonces, y ha sido ahora, la solución a sendos conflictos cuyos daños colaterales supusieron graves perjuicios para la población.

¿Por qué no se acudió al Laudo desde un principio y habríamos evitado la vejación de las huelgas y el bochorno de aquel premeditado y absurdo “estado de alarma”?

Quizá el interés político anduviera por derroteros ajenos al bien común y conviniera provocar  a un colectivo, acorralarlo en el callejón de la huelga para echarle encima a la opinión pública. Con el apoyo los medios de comunicación, mediante la divulgación masiva de una campaña de desprestigio, se intentaría  justificar  cualquier decisión atentatoria contra derechos laborales de determinado  grupo profesional.

Es operación sencilla, sobre todo desde que vio luz el decálogo “Armas silenciosas para guerras tranquilas” (Noam Chomsky) donde aparecen diseñados los diez pasos para manipular el criterio ciudadano aprovechando su simpleza natural y las limitaciones que sufre la “libertad de información” de los profesionales de la comunicación cuando solo se les permite beber de una  fuente única,  interesada y despótica.

Los titulares anunciadores de la resolución del Laudo dictado por Jaime Montalvo, coinciden en el sentido de “Los pilotos pierden el pulso porque les bajan el 10% de sus emolumentos”. Un resultado que satisface al público, de acuerdo con la teoría de Noam Chomsky.

Pero un análisis profundo del texto contenido en los 29 folios del dictamen, apoyado  con suficiente  conocimiento técnico, induce a la desconfianza, como corresponde al histórico de conducta habitual de los responsables de la gestión empresarial de la compañía en cuestión.

El problema fundamental del conflicto  no era el dinero – estaba previamente asumida la lógica rebaja de emolumentos -, sino la supervivencia de Iberia que, con la creación de la “bajo coste”, Iberia Express, diseñada como externa y competidora de la matriz, se gestaba la desaparición paulatina de la Iberia española, en beneficio de British  Airways, socio fusionado de igual a igual, pero que en la realidad se está expandiendo fulgurantemente, a costa de las pérdidas provocadas en Iberia en  manos de estos gestores enfrentados al colectivo de pilotos.

El proyecto  se encaminaba a que, una vez desaparecida Iberia matriz, quedaría Iberia Exprés como servidora “low cost” de la todopoderosa British, cuya expansión le permitiría adueñarse las ostentosas T-4 y T-1 de Madrid y Barcelona, como HUB, o centros operativos  de sus tráficos internacionales que ya no les caben en Londres.

El argumento principal y casi único de la reivindicación de SEPLA era que Iberia Express se integrase en la matriz, no como competidora, sino formando parte de un conjunto empresarial con otras opciones operativas. Se trataba de salvar a Iberia y su españolidad.

En un alarde de sentido común, el árbitro del Laudo reconoció  la viabilidad y rentabilidad de la propuesta reivindicativa del SEPLA,  y obliga a la creación de Iberia Exprés integrada dentro de la Iberia Matriz; con lo que la supervivencia parece garantizada.

Los directivos están de paso. No son “Iberia”. Son personajes ajenos a la aviación (unos vienen de Tabacalera, otros de Bankia…). Ahora están al servicio de IAG (la fusión con British), con sueldos escandalosos y contratos blindados millonarios. Deben cumplir las directrices impuestas en cuatro o cinco años. La empresa no les importa, pues ellos se irán forrados cubran o no sus objetivos.  Así ha sabido constatarlo el Sr. Montalvo y, con buen criterio, ha valorado cómo los trabajadores, de todos los colectivos operativos, con décadas de entrega y servicio, sí son la “Iberia” española  de siempre.

La “paz social” se ha cerrado en falso porque el Laudo “sugiere”, no “impone”, la readmisión de los ochos despedidos, cazados como rehenes durante sucesivas fases del conflicto. A los directivos les interesará mantener la herida abierta

¡Ojo! Que estarán rabiosos. Y no es juicio temerario sospechar que ya estén urdiendo cualquier fechoría para retomar posiciones. Eso sí; siempre será culpa de los pilotos…

 

 

Carlos Castañosa

http://elrincondelbonzo.blogspot.com/

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