‘Un amigo para Frank’

'Un amigo para Frank'La vida es tan intensa como la puedas recordar.

La amistad entre un robot y un humano es algo extraño incluso en el mundo en el que vive Frank, donde la tecnología ha avanzado tanto que la inteligencia artificial ha adquirido un papel protagonista en las rutinas diarias de las personas.

Los robots hacen la compra, sirven bebidas en las fiestas, reparan desperfectos y, si tienen un buen maestro, es posible que hasta aprendan a robar. Pero a pesar de sus sorprendentes capacidades, no dejan de ser solo eso: un entramado de conexiones capaces de ofrecer repuestas preconcebidas en las que no queda espacio para la improvisación.

Un amigo para Frank no es otra de esas películas que nos habla de la frustrada relación entre un hombre y un robot porque éste último no es capaz de sentir emociones. El robot no es más que un pretexto para hablar de otro tipo de inadaptación: la de un hombre mayor al que le falla la memoria en un mundo al que ya le ha perdido la pista. Por eso Frank se aferra a los pocos recuerdos de otra vida en la que jamás hubiera imaginado que se convertiría en un anciano necesitado de la ayuda de un robot. Frank quiere arrastrar a su asistente hacia ese terreno en el que todavía se siente alguien útil, capaz de ofrecer algo al mundo. Un espacio de libros y pequeños tesoros en una casa tan desordenada como su memoria. El protagonista no parece estar tan preocupado por recordar como por generar nuevos recuerdos que le hagan sentir que aún sigue vivo, y en esta búsqueda se encuentra con Frank, al que primero tratará como herramienta, luego como discípulo y finalmente como amigo.

Una historia original que abunda en la soledad hasta el punto de que la inteligencia artificial es capaz de llenar los espacios vacíos de las emociones naturales en aquellos que buscan la aprobación y el reconocimiento de una vida que no ha sido como las demás.

Celina Ranz Santana

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