Tres años, trescientos folios

Avión de SpanairCarlos Castañosa

Es bastante tiempo y material suficiente para ofrecer datos veraces y objetivos del accidente del JKK5022 (20/08/2008).

Es un cruel motivo de ansiedad para los familiares de las víctimas, tras la injustificable demora de esta investigación, que la necesidad de conocer los motivos y circunstancias que determinaron la muerte de sus seres queridos se vea truncada por la simpleza de un titular elemental e inhumano. Una vez más, las Instituciones han estado a la altura de su propia indecencia. Lo de culpar al muerto para escurrir el propio bulto suele ser actitud habitual: “El motivo del accidente fue que los pilotos no configuraron los flaps para el despegue”.

Para que una catástrofe de esta magnitud se produzca deben confluir multitud de circunstancias adversas que, todas juntas, en el mismo punto geográfico y en el segundo exacto determinan la desgracia. Pero si cada uno de esos parámetros negativos se produjese aisladamente se quedaría en un detalle imperceptible que, por sí solo, no supondría ningún problema. Del mismo modo, si uno solo de los hechos confluyentes no hubiese formado parte del entramado, seguramente tampoco habría pasado nada.

Pero sucedió. Y la CIAIAC, (Comisión de Investigación de Accidentes e Incidentes de Aviación Civil) tuvo la misión de averiguar el que, quien, como, cuando, donde y por que del penoso suceso. El análisis exhaustivo que requiere una investigación tan compleja y delicada necesita tiempo y ausencia de presiones externas. Problemas iniciales de incompatibilidades y dimisiones en la Comisión retrasaron el proceso. No obstante, podría darse por bien empleado si el contenido de los trescientos folios se ajustase a la más estricta veracidad, que incluyese la nefasta interrelación entre cada uno de los hechos puntuales y las responsabilidades institucionales; analizado todo con precisión exquisita por los expertos designados. Así debía ser para consuelo y satisfacción de los damnificados y para establecer una serie de normas correctoras que evitasen la repetición del desastre.

En la rueda de prensa que se ofreció en el Ministerio de Fomento (una de las partes implicadas), por supuesto que no iban a leerse las 300 páginas, pero no parece presentable que el titular fuera tan unilateral y tendencioso. Claro que hubo fallo humano. Los pilotos cumplieron el procedimiento de rodaje y posicionaron los flaps, pero tuvieron que deshacer la lista y subirlos para regresar al aparcamiento por una avería. Cuando reanudaron el rodaje, con la premura por la puntualidad (el maldito síndrome “hurry up” por exceso de presión empresarial) y por el aluvión de comunicaciones que perturbaría su atención, en su subconsciente ambos dieron por hecha la lista que habían leído en el rodaje anterior y entraron en pista para despegar. Si hubiese funcionado la bocina del TOWS (Take Off Warning System) al aplicar potencia les habría indicado la posición incorrecta de los flaps; los hubiesen
ajustado al instante y habrían despegado sin problema. Si la norma operativa de la compañía hubiese aplicado como procedimiento normal la recomendación de la fábrica (McDonell Douglas) de comprobar la bocina antes de cada uno de los vuelos, no solo en el primero de la mañana. Si la fábrica en lugar de una “recomendación” lo hubiese impuesto como procedimiento obligatorio o, en este caso, lo hubiese implantado la Agencia Estatal de Seguridad. (motivos suficientes había para dicha rectificación tras
los mismos problemas de fallo de la bocina acaecidos en Detroit -1987- y Lanzarote -2007-). Si el avión no hubiese despegado con viento en cola porque el diseño del faraónico Barajas, con ocho pistas, apura al máximo las condiciones de tráfico por su complejidad (Al de Lanzarote, el viento en cara le permitió remontar el vuelo con muchos apuros, pero pudieron salvarse). En fin, en cada folio del informe habrá un condicionante que si hubiese variado su status, hoy no estaríamos hablando de esto.

Ante el comportamiento institucional tan irrespetuoso para los familiares de las víctimas, se impone la deontología periodística de no conformarse con un titular manipulador. Contrastar la información mediante la profundidad pertinente, no debe ser solo un principio teórico, sino religión y pasión profesional por la verdad íntegra.

 

 

Carlos Castañosa

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.