Treintañeras adolescentes

La boda de mi mejor amiga‘La boda de mi mejor amiga’, al fin una buena comedia para el verano.

 Después de que nos hayan engañado durante varias semanas con películas que prometían ser ‘la mejor comedia del año’ o ‘una película tronchante’, llega a los cines La boda de mi mejor amiga, una comedia que no necesita justificarse con calificativos pretenciosos y que se autodefine con una sencilla frase de presentación: “¿Quién dijo que las películas sobre tías apestan?”.

Desde luego, esta película que dirige Paul Feig no es otra de esas comedias malolientes de la época estival. Probablemente es la experiencia de Feig como director de exitosas series de televisión norteamericanas la que le ha permitido hacer una comedia de más de dos horas de duración con la frescura y el humor de nuestras series favoritas.

La boda de mi mejor amiga tiene el toque ‘bridgetjoniano’ de los personajes femeninos que tocan fondo y que se recomponen con un humor tan espontáneo como absurdo con el que nos sentimos identificados. Desde cantar una canción ochentera a pleno pulmón -baile hortera incluido- hasta las pequeñas rencillas entre ‘amigas’ que acaban por desatar una trama disparatada, aunque coherente.

En este grupo de amigas bien entradas en la treintena hay de todo un poco: la recién casada que vive en una nube, la madre y esposa que necesita más emociones en su vida, la mujer florero o una inclasificable cuñada de la novia de la que podemos esperar casi cualquier cosa. Y cuando todas coinciden en los preparativos de la boda de la mejor amiga de la protagonista, cada una de ellas sacará a relucir lo mejor y lo peor del arquetipo que representan.

El desfile y la destrucción de arquetipos a través del humor es uno de los aspectos más destacados de la película, cimentada en un guión fluido, repleto de gags ingrávidos que explotan como pompas de jabón cuando uno menos se lo espera.

Como suele ocurrir con muchas comedias, el título tiende un poco a la confusión y nos hace creer que estamos ante ‘la típica película americana’ con boda hortera, coches de lujo y personajes planos. Sin embargo, La boda de mi mejora amiga sabe aprovechar lo único positivo de los tópicos -el hecho de que nos sintamos reflejados en ellos- para contarnos en clave de humor cómo hacerse mayor es en realidad un drama, aunque podemos salpicar de risas este cambio.

“Tú eres tu problema y también tu solución”, dice uno de los personajes con el fin de sacar a la protagonista de su agujero de autocompasión. Y de alguna manera, todos ‘resucitamos’ con ella gracias a esta terapia de carcajadas que resta importancia a lo más banal de la existencia y nos regala una buena dosis de optimismo.

Celina Ranz Santana

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