Treinta páginas

Movimiento del 15-MCarlos Castañosa

A poco que lo intentemos descubriremos que estamos rodeados de mil motivos de indignación. A cada uno le indignan unas cosas más que otras. Depende de sus sentimientos, de sus intereses y, sobre todo, de cómo asimila el mensaje que recibe como ciudadano que tiene un derecho fundamental: el de ser informado con veracidad.

Para sentirme menos indignado me gustaría sugerir a los tertulianos de algunas emisoras de radio y TV, la conveniencia de que se informaran al máximo sobre el tema a tratar antes de dar la cara, pues a veces la improvisación que procede del desconocimiento, como mal menor, desinforma y despista al receptor del comentario, y como perjuicio subsidiario, se aprovecha una plataforma divulgativa para expresar ideología tendenciosa con la que consolarse de las propias frustraciones e intentar influir en negativo sobre la opinión pública.

Son lamentables algunos testimonios de avezados profesionales de la comunicación que, en sus intervenciones, de dicción magistral y dialéctica perfecta, menosprecian desde una pose de ridícula prepotencia, el fondo, trasfondo y filosofía del 15-M.

No tengo ninguna duda de que estamos ante la clave que puede permitirnos sobrevivir en una sociedad malbaratada por intereses espurios de quienes contratamos en las urnas para que trabajen como gestores de nuestros intereses ciudadanos. Intuí en su momento que el ¡Indignaos! podía ser el revulsivo que nos rescatase de tanta resignación colectiva, y lo deseé como un ilusionante punto de inflexión que cambiara el rumbo perverso que estaba tomando impunemente el proceso en marcha de la Globalización, en manos exclusivas del Poder, es decir, del Capital, controlado por un implacable Sistema Financiero y manejado por una casta política, entregada sin recato a ese Poder, para desgracia de la población.

El estado de indefensión ante la presión inhumana que se ejerce desde esa cúpula despótica, se va acentuando conforme avanza el proceso unipolar, ya imparable, de la Globalización. Y los ciudadanos normales tenemos la necesidad, el derecho y la obligación de defendernos de las asechanzas que nos acosan. Necesitamos encauzar la denuncia social. Hay otros medios, cierto, pero este es el único que hoy por hoy se muestra viable, si somos capaces de encauzarlo y protegerlo de la malevolencia externa de lectura para no indignar todavía más a quienes somos víctimas propiciatorias de tanto desafuero. Al tiempo, y como un buen servicio informativo para la población, desde el poder de los medios debe protegerse al 15-M de las injerencias de grupos marginales y violentos, ajenos al movimiento, así como de los grupos políticos que subrepticiamente pretenden apuntarse el tanto de la aproximación y que con tanta brillantez están siendo rechazados desde dentro. En lugar de astillas en las ruedas, debemos poner empeño en que la Globalización “globalice” beneficio para todos y no para los pocos de siempre.

Una vez leído Hessel y comprobado que el tiempo imperativo del título ¡Indignaos! ya se ha convertido en adjetivo calificativo sin “d”, será mucho más sencillo comprender y dar a entender el 15-M..

 

 

 

Carlos Castañosa

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