‘Trance’

'Trance'Rompecabezas hipnótico no apto para el público impaciente.

La última película dirigida por Danny Boyle127 horas, Slumdog Millionaire– es un enrevesado mapa del subconsciente humano que tiene tanto de delirante como de atractivo. Por eso recomiendo hacer un pequeño esfuerzo en esas partes en las que la trama se ha vuelto tan enrevesada que estamos a punto de perder el interés por lo que sucede. Cuidado, porque es en estos momentos en los que Boyle introduce una nueva pinza dramática para levantarnos otra vez el ánimo y acaparar toda nuestra atención.

No recomendaría hacer este ejercicio de ‘estoicismo cinematográfico’ si no fuera porque me parece que el resultado final de la película lo merece. Es más, no soy partidaria de eso de “he tenido que ver la película más de una vez para entenderla” porque me parece que si el público no es capaz de captar el sentido, entonces es posible que estemos ante una mala película –con algunas contadas excepciones en las que, además, el público tampoco sea el que se merece la obra-.

Pero tal vez vale la pena ver Trance incluso una segunda vez. Y no para ‘entenderla’ –afortunadamente, Boyle resuelve con bastante verosimilitud un argumento que parece que no va a desenredar ni San Cucufato- sino para ‘repasar’ esos momentos en los que el espectador ha sido engañado de una manera tan sutil que, aunque habíamos notado algo raro, algo que no terminaba de encajar, la cadena de acontecimientos es tan larga que no pudimos detenernos a analizar ese momento si no queríamos perder el hilo de la película.

Simon –Jaques McAvoy, La Conspiración, La joven Jane Austen-, trabaja en una casa de subastas y, junto a una banda de criminales, prepara el robo de una obra de Goya: ‘Brujas volando’. Lo que tenía que ser un golpe rápido termina complicándose después de que la obra desaparezca y Simon, afectado por lo que parece ser un episodio de amnesia, no consiga recordar dónde la depositó. La banda contratará entonces los servicios de una hipnoterapeuta –Rosario Dawson, Imparable, Siete almas– para acceder a esa parte de la memoria de Simon que parece haberse quedado en blanco. Pero la tarea no es sencilla, porque el subconsciente de Simon esconde secretos que tal vez no deberían ser revelados.

 

Celina Ranz Santana

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